Joey and Jack

Presentando a la elite

Josephine

Me quedo con la boca abierta viendo el enorme edificio que lleva como nombre en un letrero.

Lombard Elite School.

Realmente mis padres me trajeron si me dejaran aquí, aunque eso debí suponerlo desde que aterrizamos ayer aquí en Francia y nos hospedamos en el hotel solo por tres días, pero no se tenía la esperanza de que realmente eso no pasara. Pero aquí estoy en el puto internado.

— Papá, prometo ser la mejor hija del mundo — suplico a mi papá girando a él —. No me dejes aquí, te lo suplico.

— Deja el drama, ni que te estuviera mandando a la cárcel — dice mi padre.

— Esa no es una mala opción — le doy una sonrisa.

— Eso debió considerarlo antes de hacer su pequeña broma, señorita.

Sé que lo que hice de poner un escorpión en el escritorio de mi maestro estuvo muy mal, pero tampoco era para mandarme a un internado en Francia. Está siendo algo exagerado.

Sí, lo tuvieron que mandar a un hospital, ya que el escorpión lo picó, pero demonios está vivo.

Me giro a mi madre —mami.

— A mí no me veas, esto te lo buscaste tú.

Yo giro los ojos y suspiro pesadamente, dándome por vencida, porque sé que no importa lo que diga o haga, me gané venir a este internado y al final me quedaré en Francia.

— Papá, no sé francés — intento nuevamente.

— Ya te expliqué que es un colegio inglés — explica apagando el teléfono —. Hablan tu idioma.

Donde hay un puente cuando lo necesito.

— ¿Qué les parece si me dan en adopción? — pregunto como última opción.

— Buena idea. ¿Qué te parece, cariño? — pregunta mi padre a mi madre.

— Si encuentras a la familia — articula mi madre —firmaremos los papeles, pero mientras entra a la escuela.

Hago una pequeña rabierta.

Anotar en mi teléfono, buscar por internet familias que adopten a chicas de 17 años, con un muy mal historial, pero que sean buena.... Bueno, no lo sé, pero estoy segura de que en algo debo ser buena.

— Hija — bueno, al menos sé que están relajando, ya que me están llamando como lo hace normalmente — te dijimos que dejaras de teñirte el cabello así.

Me niego, me niego totalmente, desde que descubrí los colores fantasías jamás es vuelto a tener mi pelo natural, el cabello rosado ya es parte de mi ser y si eso es opción para que me expulsen, adelante mejor para mí.

— Se me olvidó, mami.

— ¿Sí, cómo no?

Me río. Mi madre me conoce lo suficiente para saber que fue a propósito que no me lo quité. Aunque realmente no sé cómo hacerlo, creo que la única manera es cortándome el cabello y lo tengo teñido hasta la raíz y así se quedará.

Ellos me guían a lo que parece, el camino hacia la dirección de la escuela está un poco vacía. Por lo que me explicaron, mis padres todavía no han comenzado. Las clases están aquí y, aunque las inscripciones ya habían pasado, van a ser una excepción por mí para mi mala suerte.

A eso se le llama el poder de tener dinero conseguir cosas que realmente ya pasaron de tiempo o se agotaron.

Se ven algunos chicos aquí, pero por lo que entiendo en los internados suelen haber personas que llegan antes de tiempo. También mi mamá me dijo que a veces llegan antes de tiempo para poder coger las mejores habitaciones. Pero bueno, yo qué sé de eso, primera vez que estoy un internado.

Llegamos a la oficina. Y una chica nos abre la puerta, al parecer es la secretaría del director, saluda a mis padres con tanta amabilidad que me da ganas de vomitar. Sí, también mis padres son bastante importantes, son empresarios inversionistas en Estados Unidos de donde somos provenientes.

Mis padres, Joseph y Elena Bennett, son dueños de las Industrias Bennett donde se construyen electrodomésticos y equipos electrónicos. Una de las empresas más grandes en América.

— Buenos días, señor y señora Bennett, es un enorme placer tenerlos en nuestras instalaciones.

Solo te falta besarle los pies.

— Pase por aquí, el señor Glass les espera.

Nos lleva a una oficina que entiendo que debe ser la del director. Yo resoplo y giro los ojos, no he parado de hacerlo desde que llegué.

Un hombre en traje, con el cabello casi blanco y una enorme entrada en su cabeza, se encuentra muy concentrado en unos papeles. Hasta que nos siente y levanta su cabeza.

Sonríe.

— Buenas tardes, señores Bennett, para mí es un honor tenerlos por aquí — se levanta de su silla, otro lamebotas — tú debes ser Josephine Bennett — por fin alguien se fija en mí.

No soy muy conocida, realmente no me gustan los medios, por eso cuando mis padres tienen entrevistas y actividades donde se van a pasar por televisión. No suelo ir claro, las personas me conocen, soy su hija, pero no tanto como debería.

— Imagino si soy la única que queda — sonrio, pero él no se inmuta con lo que acabo de decir.

— Un placer conocerte.

Pues el mío no.

— Soy Arthur Glass, director de la escuela.

— No quiero estar aquí.

— Josephine — gruñe mi padre.

— No hay problema. Sé que es difícil adaptarse — dice el hombre —, pero sé que te gustará el lugar, incluso.

La puerta se abre y una pequeña chica entra por ella. Me fijo en la pelirroja con el pelo largo, incluso más abajo de su espalda, ropa ancha y unos enormes lentes, la típica nerd de cualquier escuela.

— Ella es Rose Parrish, nuestra alumna estrella — la señala y ella nos da una sonrisa tímida a todo. — Ella se ofreció a enseñarte la escuela en lo que se termina tu inscripción.

— Un placer conocerlos — dice la chica. Se gira hacia mí — lindo cabello.

— Gracias.

Miro a mi madre que me dé una mirada indicándome que tengo que seguir órdenes. Que vaya y mire a la escuela. Aunque me interese un pepino todo lo que hay aquí adentro, no quiero hacer enojar a mis padres más de lo que lo están realmente están siendo considerados conmigo al no mandarme al convento de mi tía. Así que, por qué no mejor apaciguar las aguas e ir a ver a la escuela que aparentemente va a ser mi hogar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.