Josephine
Realmente no puedo creer que mis padres me abandonaron, si lo hicieron. Se supone que hoy me voy a instarla en la escuela, pero hice un pequeño berrinche en el hotel y sumémosle que no había ordenado mi maleta, así que ellos se fueron adelante y me dejaron en el hotel.
Claro, el chofer me trajo a la escuela y me ayudó con mis maletas, pero demonios, no sé dónde está nada en este lugar. Ayer no me fijé en nada, realmente solo iba maldiciendo la humanidad y pensando en veinte mil razones del porqué no quiero estar en esta escuela.
— Señorita, ¿esas son todas las maletas? — pregunta el chofer viendo mis dos maletas.
— Si son todas.
Sí, quizá está impresionado que solo traje dos maletas, pero ¿para qué? Tanta ropa, sí, prácticamente sé que pasaré todo el día en uniforme, si esa es otra cosa de la que me quiero morir, usaré un puto uniforme.
— ¿Necesitas otra cosa, señorita? — pregunta y estoy tratando de descifrar el mapa de la escuela.
— ¿Puede adoptarme?
El chofer se ríe — lo siento, señorita, ya tengo cuatro hijos.
Demonios, este está peor que yo.
— Pues creo que nada más, muchas gracias.
— A la orden.
Se da media vuelta dejándome en la monstruosa escuela, que no sé a dónde ir ni siquiera, tomo las maletas y las pongo una sobre la otra para tomarla y entrar a la escuela, entiendo que mis padres están por aquí.
Demonios ahora me fijo en el pasillo y ni siquiera estoy segura de que de cuando viene eso estaba por aquí, no reconozco nada de este pasillo.
— Mierda, ni siquiera estoy segura de si es esta escuela — murmuro para mí misma.
Escucho un pequeño murmullo y cuando giro veo a una persona parada con un teléfono en la oreja, bueno, al menos hay alguien por aquí, espero que quien sea que es, sea mi salvación. Tomo mi maleta y me acerco a la persona.
— Disculpa — digo con la vista en mi teléfono todavía.
— Dame un segundo — escucho cómo dice al teléfono y se gira.
Levanto la mirada a punto de hablar, pero mi boca se cierra de golpe al ver al chico que está parado frente a mí, sus ojos azules me mira y todo se detiene.
Son de un azul claro, claro como el cielo despejado. Cuando se baja la capucha del abrigo, puedo ver su cabello castaño claro también, al igual que sus espesas cejas. Me quedo tiesa como una idiota evaluándole el rostro.
Tengo que levantar un poco el rostro para mirarlo mejor, ya que es algo más alto que yo. No es tanto, ya que yo soy algo alta también, sin embargo, mi cabeza le da por la nariz así que para evaluarlo bien subo totalmente la cabeza.
Qué guapo es, nunca había visto un chico tan guapo en mi vida. Mis ojos bajan a su nariz, reta que está llena de unas sutiles pecas marrones sobre su piel clara, y por último miro sus labios algo llenos de color rosa palo.
Creo que me acabo de enamorar.
— ¿Te puedo ayudar en algo? — Sonríe y en sus mejillas se forman dos hoyuelos.
Ahora sí es segura que estoy enamorada.
— Claro — muevo la cabeza para volver a la realidad — ¿Me dices dónde está la oficina del director?
— Claro — asiente — sigues ese pasillo — señala el pasillo — doblas a la izquierda, en el fondo verás una puerta que dice oficina del director.
Creo que entendí, o eso creo, estaba muy concentrada en el movimiento de los labios.
— Bien.
— ¿Algo más? — pregunta.
— Solo eso, muchas gracias — respondo.
Él asiente y vuelve a poner su teléfono en la oreja para salir de la escuela, yo me quedo como una boba mirando su espalda.
Mierda que chico ni más guapo, nota mental averiguar quién es.
Me giro cuando él desaparece por fin, pero no me percate que iba caminando y, cuando di algunos pasos, choque con el pecho de alguien que suelta un chillido.
— Mierda — chilla
— Disculpa... — sus ojos me mira con arrogancia.
—Fíjate por dónde vas — me gruñe la pelinegra que estoy segura de que vi ayer — bicho raro.
Las dos rubias que van detrás de ella me miran con desagrado, como si yo fuera la escoria más grande que haya existido en el mundo. Una de ellas hasta gira los ojos con asco, iba a decir algo, pero decido respirar. Es mi primer día de clases, voy a llevarme del consejo de Rose e intentar no matar a alguien.
Recuerda, Joey, si te expulsan de aquí, iras a un convento.
Las chicas siguen su camino y a lo largo puedo divisar una cabellera pelirroja.
— Rose — grito y ella se gira.
— Oh, hola, Joey — escucho que me dice cuando me acerco — ¿qué tal?
— Podrías llevarme a la dirección, mis padres están ahí y me abandonaron — ella se ríe.
— Claro.
Me guía hacia la dirección y a medida que voy caminando me voy dando cuenta de que estoy recordando lo que me dijo el niño bonito, era cierto lo que decía.
Entro a la oficina, y me encuentro con los traidores que se hacen llamar mis padres.
— Joey, nena, qué bueno que llegaste — La que me recibe es la traidora, uno, mi madre — ya para finalizar tu inscripción, necesitamos que elijas tu habitación.
— Una cualquiera no importa — me encojo de hombros.
— Bueno, señorita, es que tenemos varios planes de habitación — una señora que no me había dado cuenta de que estaba detrás de mí me sobresalta con su voz — entonces necesitamos que elija uno.
Porque siento que en este lugar hay más requisitos y reglas que trabajar en la NASA.
— Dígame cuáles son.
— Tenemos el plan Prémium— me entrega un folleto — que son habitaciones individuales para cada estudiante con todo lo necesario dentro de ellas — después tenemos el normal — explica — donde ahí se compartirán habitaciones con uno o dos chicas que usted elija incluso. Aquí está en la lista — saca una hoja mostrándome algunas habitaciones donde quedan cupos.
Pero me percato de que aún quedaba un folleto, que por lo que veo ya no tiene intención de hablarme.
— Y ese.
—Oh— Quizás se sorprende de que pregunte por eso — es el plan más básico del internado, normalmente las chicas no lo eligen porque es una habitación pequeña que tiene unas seis camas que es demasiado compartida con un solo baño para todas para qué se quedan — explica algo despectiva de la habitación — Actualmente solo tenemos una en unos donde está un estudiante que tenemos bocada.
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Editado: 18.04.2026