Joey and Jack

Capítulo 2 - Nuevo año nueva victima

Jackson

Reboto la pelota una y otra vez para lanzarla a mi amigo, el rubio, que la toma en el aire y la lanza al aro; rebota en la tabla devolviéndose hacia atrás, pero la tomo yo en el aire y vuelvo a lanzarla. Esta vez sí entra, anotando el punto del juego.

Hago una pequeña bulla a pesar de que estoy agotado como el demonio. Hago el intento de tomar la pelota nuevamente, pero uno de mis amigos la toma primero.

— Deberías descansar, tienes la semana completa practicando sin parar — dice Liam.

— No puedo descansar — paso mi mano por mi cabello, un poco húmedo por el sudor —. Papá viene la próxima semana y también comienzan las clases; no tendré tiempo para practicar.

Intento quitarle la pelota, pero él se la lanza a Josh, que la toma en el aire y la lanza nuevamente, esta vez encestando.

— Si sigues forzando tu cuerpo así — esta vez el que habla es Josh —, créeme, el tiempo y tu padre serán el menor de tus problemas a la hora de practicar, porque posiblemente estarás postrado en una cama — ruedo los ojos —. Tienes que descansar.

Yo dejo salir un suspiro pesado y vuelvo a rodar los ojos; odio cuando se ponen en modo amigos protectores. Me dejo caer en uno de los asientos del gimnasio, dejando salir un resoplido mientras tomo una toalla y la paso por mi cara sudada.

Realmente no me importa lo cansado que estoy; debo seguir practicando y aprovechando el tiempo. No sé cuándo volveré a tenerlo; próximamente empiezan las clases y volveré a mi realidad. Además, también debo aprovechar que estamos en la semana de convivencia; es la primera semana de escuela, que la toman para que, al comienzo de las clases, los alumnos puedan conocerse, conocer a los profesores, ver dónde serán sus aulas e instalarse en sus habitaciones. Pero como a mí no me interesa conocer a nadie, todos los años tomo esta semana para practicar.

No me interesa conocer a nadie y todo el mundo me conoce a mí; averiguo lo de las clases después y, bueno, lo de la habitación... siempre he estado con mis amigos cuando me quedo aquí.

Un chillido retumba en el gimnasio completo, devolviéndome a la realidad. Estas chicas cada vez están más locas.

— Danielle viene para acá — dice Josh, recostándose en algunos casilleros después de cerrarlos.

— ¿Qué te hace pensar que esa es Dani...?

— ¡Jack! — el grito de Danielle interrumpe mi oración.

— ¿Cómo hiciste eso? — pregunta Liam mientras se ríe un poco y acomoda sus rizos para que salgan de su rostro.

— Es un don — se encoge de hombros.

Tendré que decirle que me enseñe a cómo hacer eso; así sabré cuándo tengo que escapar de Danielle cuando sea necesario.

— ¡Jack! — chilla Danielle entrando al gimnasio.

Danielle: linda chica de cabello negro y ojos azules, y mi novia desde el inicio de los tiempos.

— Cariño — respondo cuando se abre la puerta del gimnasio.

Cuando mis ojos captan a las tres personas que acaban de entrar por la puerta del gimnasio, me quedo con la boca un poco abierta viendo cómo lucen, sorprendiéndome totalmente de que estas tres chicas luzcan justamente así. Están completamente empapadas de agua, pero su ropa y su piel tienen como un color negro, como si fuera rastro de suciedad o como si las hubieran metido en un hoyo muy mugriento. Su cabello está hecho un desastre, y ni decir de su maquillaje, que parece que se corrió un poco... o bueno, mucho.

¿Pero qué acaba de pasar? Incluso, mientras más se acercan, más podemos notar que huelen hasta un poco extraño. Con cada paso que dan, sus pies se escuchan como si estuvieran llenos de agua; o quizás lo están.

— ¿Pero qué pasó? — pregunta Josh acercándose.

— La chica nueva — gruñe Sahair —, ese bicho raro.

Arrugo las cejas. Chica nueva y ya causa desastres; de ahora en adelante está fichada por Danielle y sus amigas. Interesante.

— ¿Qué hicieron para que hiciera esto? — se ríe un poco Josh, ganándose una mala mirada de ella.

— ¿Qué importa lo que hicimos, maldita sea? — sé que no fue nada bueno; sé que a veces se pasan de la cuenta. — Quiero que le des una advertencia — me pide Danielle; bueno, no me pide, me lo exige.

Oh, Dios, no; acabo de llegar a la escuela.

— ¿Yo? — pregunto.

— Sí, tú — gruñe —. A esa chica se le nota que es una perra rabiosa.

— Danielle, no creo que deba meterme con una chica.

— No la vas a golpear — dice una de las gemelas —. Solamente hay que enseñarle cuál es su lugar aquí.

— Quiero darle una lección, pero recuerda que mamá me dijo que este año no podía meterme en problemas — me recuerda Danielle —. Pero no voy a dejar que esto se quede así.

Resoplo.

— ¿Qué quieres que haga? — pregunto algo cansado.

— Solo darle un susto, para que se vuelva parte del montón — gruñe —. Nosotros dirigimos la escuela y no vamos a dejar que esa niña venga y nos haga pasar el ridículo.

Por eso Danielle está empeñada en que haga algo: si lo deja pasar, comenzará a perder el respeto que tiene en la escuela y, como había dicho, tiene prohibido volver a meterse en problemas. Quizás Danielle no lo aparenta, pero sus padres pueden llegar a ser muy estrictos.

Miro a mis amigos, que me dan la misma mirada que les doy a ellos. Si alguien se atreve a hacer eso siendo totalmente nueva, imagino que es una chica difícil de roer. Alguien nuevo que no conoce el panorama no se atreve a hacer eso, y más si ya le han contado algunas anécdotas que las personas suelen contar y exagerar.

— Pero para hacer eso, debo saber quién es.

— No sabemos quién es, solo que es una chica clara, algo alta y con un horrible cabello rosado — gruñe Sandre.

Frunzo el ceño. Cabello rosado... eso se me hace conocido. Vi a alguien con ese aspecto no hace mucho; creo que incluso fue antes de venir a practicar.

— ¿Cabello rosado? — Josh enarca una ceja.

— ¿Cabello rosado? — pregunta Liam.

— Sí, cabello rosado — gruñe la rubia —. Color fantasía; cualquier chica sin gusto y básica hace esas cosas.




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