Josophine
— No solo te enfrentas a Jack — exclama mi compañera del pelo rojo —, sino que te enfrentas a todo su ejército completo. ¿Es tan grandes las ganas de morir que tienes? — brama como si se estuviera acabando el mundo.
Sin exagerar, mi amiga tiene unos 15 minutos regañándome por lo que hice ayer de enfrentar a todo el ridículo grupo de elite. Sé que quizás fue un poco exagerado lo que hice, pero se sintió bien poner a ese imbécil en su lugar, a todos ellos.
Idiotas mimados.
— ¿Rose, no crees que estás exagerando? — pregunto abriendo mi casillero.
— No, no considero que estoy exagerando — exclama —. Ellos te comerán viva.
— Bueno, a ver — me giro levemente sin dejar el casillero, pero volteándome hacia ella — ¿Qué le pasó a la última vez que alguien los enfrentó?
— Nada — hace una mueca.
— Ves, no es tan grave.
— No le pasó nada, porque no hubo un último — exclama —. Nadie se mete con ellos — grita.
Yo ruedo los ojos, Rose está exagerando, no creo que sean tan malos, ¿qué me pueden hacer? ¿Otra pequeña broma? Sí, tal vez el idiota del Lombard quemó toda mi ropa, pero estoy segura de que eso es para tratar de darme miedo. Pero no lo logrará; nadie hasta el día de hoy lo ha logrado, ni siquiera mi madre, y eso es mucho decir.
Hablando de los reyes de Roma, miren quiénes se asoman.
En el grupo, nada más se encuentran las tres chicas, es decir, Danielle, las gemelas y un chico pelinegro que, si no mal recuerdo, su nombre era Joe o ¿era Josh? Ellos cruzan a mi lado y Danielle me guiña un ojo de una forma cínica. Más que un guiño de ojos, parece una amenaza. Giro mis ojos volviendo a mi casillero. En un movimiento brusco, Rose se deja caer en los casilleros, haciendo que resuenen en todo el pasillo y suelta un suspiro.
— Creo que iré a la biblioteca — bufa Rose arreglando sus lentes.
— ¿A qué irás? — la miro frunciendo el ceño—; todavía no han dejado tareas ni nada.
— Iré a planear tu funeral — resopla y se va con destino a la biblioteca, dejándome sola.
La dejo ir mientras miro cómo se pierde en el pasillo. En esta escuela, todo el mundo es tan exagerado y dramático. Termino de acomodar mis libros en el casillero y odio hacerlo porque esto me recuerda que comenzó la pesadilla que le llaman clase, pero por suerte este es mi último año escolar. Lo que tengo que tratar de hacer es sobrevivir, para salir definitivamente de este infierno que llaman educación secundaria.
El sonido de mi teléfono llama mi atención. Es un mensaje de la tienda de ropa indicándome que dentro de unos días llegará mi ropa. Tuve que pedir ropa nueva, ya que el imbécil quemó toda mi ropa. Por suerte, Rose usa un tipo de ropa más grande que su talla y por esa razón puede usar algunas de ellas.
También sé que no es en serio que él quemó mi ropa él solo; sé que sus amigos tuvieron algo que ver; lo que realmente no comprendo es por qué se echó la culpa él solo.
Apago mi celular guardándolo en mi bolsillo trasero, cierro la puerta del casillero poniéndole la huella para que quede con seguro y cuando me giro para irme, me sobresalto al encontrarme una chica muy sonriente muy cerca de mí, demasiado para mi gusto.
La chica es bastante bonita, al igual que su sonrisa. Tiene unos enormes ojos azules y un largo cabello castaño hasta la cintura con unas bellas ondulaciones. Parece una princesa de cuentos de hadas, en todos los sentidos. Aunque he notado que la mayoría de las chicas de aquí son bastante lindas,
Ahora que la veo mejor, se me hace muy parecida a alguien...
— Hola, mi nombre es Jackelyn —ella me extiende su mano con una gran sonrisa.
— Hola, mi nombre es...
— Josephine, mejor conocida como Joey, ya lo sé — la miro un poco extrañada por el hecho de que sabe mi nombre — sabe que eres la nueva y los chismes vuelan — hace un ademán con las manos con una gran sonrisa en sus labios. — además, soy la presidenta estudiantil de la escuela general y debo saber que eres la nueva y como presidenta quiero invitarte a un pequeño desayuno para darte la bienvenida formalmente...
Bueno, no está de más. Tengo hambre, no tengo ninguna ropa que ordenar, y mi única amiga se encuentra leyendo, así que...
— Oye, todavía no me has respondido — llama mi atención—, pero no acepto un no como respuesta.
Bueno, no puedo juzgarla sin conocerla. Además, una comida nunca le cae mal a nadie.
— Pues así sí acepto.
Ella me dirige a una de las tantas cafeterías que hay en esta escuela, donde ella me invita un rico desayuno a base de unos panes con mantequilla deliciosos y unos batidos que están para morirse. Parece que las personas que trabajan aquí con chef profesionales, esto está para lamer el plato.
Ella se la pasa hablando y haciéndome algunos cuentos de la escuela, e informaciones que creo que en un futuro serán útiles.
Después de un rato con esta chica, me he dado cuenta de que es muy agradable, amable y bastante graciosa. No parece que pertenezca a este mundo de inútiles.
— Y dime qué es lo que más te gusta de la escuela — pregunta mientras bebe su batido.
— Por ahora me gusta su estructura, pero la he conocido poco. Pero sí te puedo decir lo que más odio —respondo, mientras giro los ojos.
— Cuéntame, soy todo oído.
— Conocí a un chico el día que me instale — comienzo a contar — y lo vi tan lindo, tenía unos enormes ojos azules muy lindos — la miro uno segundo, — así como los tuyos — se rie—, pero resulta que es un grandísimo idiota, narcisista que se cree que es dueño del mundo. —Sigo contando —me imagino que lo conoces, es hijo del dueño de la escuela y se considera el rey del mundo — giro los ojos — apenas tengo unos días aquí y ya quiero sacarle los ojos. — La miro que me fija y ella solo ríe.
— Tanto así — me pregunta con algo de burla.
— Sí, el muy idiota me jugó una broma — gruño —, pero no se quedará así.
Ella se rie.
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Editado: 18.04.2026