Josephine.
Odio este internado. ¿Alguna vez lo he dicho?
Recuerdo que en mi casa no tenía que hacer los deberes de la casa, ya que había empleados para eso, ¡qué buen tiempo, ¿no? Pero aquí estoy lavando mi propia ropa. Nunca en mi vida pensé que tendría que hacer eso, y mucho menos un sábado. Este es el día que el internado ha propuesto para que los estudiantes laven y hagan todas las cosas que deben hacer. Por suerte, las lavadoras son modernas y hacen todo, pero aun así es muy estresante, ya que debemos estar aquí esperando a que la estúpida lavadora termine de doblar la ropa.
Odio la escuela.
Me gustaba más cuando la dejaba en un cesto y al otro día aparecía mágicamente doblada y limpia sobre mi cama.
— Quita esa cara, Joey, ya casi estamos terminando — dice mi compañera mientras dobla su ropa ya seca.
— Odio lavar — expreso — odio tener que hacer mis propias cosas.
— ¿Y quién te las hacía antes? — pregunta sin quitar la mirada de su cesta de ropa.
— Tenía empleados para hacer estas cosas. — respondo.
— La vida de rico — se burla —, pues nosotros, los sin dinero, tenemos que hacer todas nuestras cosas.
Hago una mueca — no me gusta esa vida — me quejo.
— Vamos, mírale el lado positivo — la miro con cara de incredulidad —. Estás aprendiendo a hacer tus propias cosas.
No, Rose, eso no es el lado positivo, como quiera, no quería aprender a hacerlo. Créeme, estaba bien sin saberlas.
— ¿Y cómo vas con el trabajo de la profesora? — pregunta.
— Ya lo terminé.
— Qué bueno, ya que era súper largo — deja una de sus prendas en la cesta para sacar la otra — o eso parece, ya que yo hice cuarenta hojas, ¿cuántas hiciste tú?
Bueno, algo que Rose no sabe es que ella hizo casi todo el trabajo, pero ¿qué va, fue una mentira piadosa? Además, a ella no le molesta hacer tareas, pues hizo esas cuarenta hojas sin problema.
— Yo hice más que tú, créeme — miento, pero pienso que a Rose no le gustaría saber que ella hizo cuarenta hojas mientras tan solo yo hice diez.
— Bien.
Muchas chicas ya terminaron de lavar al igual que nosotras, por lo que sé que ahora es el turno de los varones. Y es así, ya que todos los hombres comienzan a entrar, incluyendo a los tres idiotas. Sinceramente, me sorprende que estén aquí; siempre pensé que serían de los que obligan a alguien a lavar su ropa, sin embargo, aquí están los tres con cesta repleta de ropa.
Miro a Jackson muy flamante colocando la ropa en la lavadora, me fijo en el número de esta, que está utilizando, y es la número cuatro. Es increíble que incluso haciendo la simple acción de lavar ropa, el chico se ve súper guapo, y así dicen que Dios no tiene favoritos.
— ¿Qué observas? — Rose dirige su mirada hacia los chicos también — sabes, a veces creo que te gusta.
— Pues claro que me gusta molestarlo, es divertido ver su cara enojada.
— No me refiero a que te gusta molestarlo — la miro con el ceño fruncido —. Me refiero a que te gusta él.
Siento algo raro en mi pecho.
Me carcajeo un poco — ¿Y de dónde sacas semejante estupidez?
— El hecho de que te encanta molestarlo — dice — y que vives pensando cómo hacerle la vida imposible. Prácticamente, no dejas de pensar en él.
— Eso no es razón — expreso incrédula —, además, él también hace lo mismo.
— Sí, pero porque tú empezaste retándolo — ella lo defiende, no sé, supone que ella es mi amiga y no la de él — créeme, si no lo hubieras hecho, él ni siquiera se hubiera molestado en saber de tu existencia — auch, eso dolió.
¿Para qué enemigas si tengo a Rose?
— Pues no me interesa — me encojo de hombros — estamos en guerra y no pienso perder.
— ¿En qué momento esto se volvió personal? — pregunta.
— ¿Personal?
— Digo que te enfrentaste a todos — me dice — pero un momento a otro la guerra solo pasó entre ustedes dos, ya no te metes con nadie más que no sea con él y viceversa.
— Pues no lo sé — me encojo de hombros —. Al final del día, él fue quien hizo la broma y él fue a quien se cobre.
— No será porque te gusta.
— No, Rose, no me gusta — gruño — no lo hace.
Ella suelta una carcajada de que no comprendo la finalidad.
— Jack y Joey, ustedes son totalmente iguales — se queja divertida — son el uno para el otro.
Me río. Para ser una chica tan inteligente, dice muchas bobadas.
— No digas estupideces. Rose.
Vuelvo mi vista hacia los tres reyes, pero ninguno de ellos no está aquí. Qué raro, ya que ninguno de los chicos no se encuentra aquí.
— ¿Y los chicos? — miro a nuestro alrededor.
— Ellos normalmente se van y dejan la ropa hasta que se acuerdan — explica mi amiga pelirroja mientras termina de doblar toda su ropa.
Miro a todos lados y me percato de que todavía quedan algunas chicas, que no duran mucho, ya que unos segundos después se marcharon, dejándonos a Rose y a mí a solas.
Bajo la mirada hasta mi cesta de ropa y noto mis medias rojas, muy pronunciadas, y una loca y problemática idea se me ocurre. Sonrío, es mi momento.
— Vámonos, Joey — me dice mi amiga, pero la detengo.
— Un segundo.
La tomo por el brazo, halándola hasta la lavadora cuatro, donde se encuentra la ropa de Jackson.
— ¿Qué harás ahora, Joey? — pregunta un poco preocupada mi amiga —. Por favor —súplica— ¿No puedes durar un día sin buscar problemas?
— Solo quiero dejarle un pequeño detalle a Jackson — expresó con bastante maldad.
Por lo que pude ver, él está lavando ropa blanca, perfecto para mi plan, quitando mis deportivas siguientes de mis medias rojas intensas.
— Esto es por el trabajo — dejo caer la media roja en la lavadora, y comienza a tornarse de color rosado.
— Estás loca, Joey — exclama Rose — le pintará toda la ropa de rosa.
— Esa es la idea — me quito mi otra media y me acerco a la siguiente lavadora donde se encuentra la ropa de Josh.
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Editado: 18.04.2026