Joey and Jack

Capítulo 30 - Lo que pasará

Jackson

Tenía tiempo que no estaba en mi habitación; paso mucho tiempo en el internado. Me gusta estar allá, están mis amigos, puedo practicar en paz, prácticamente la considero mi casa. Estoy desde muy pequeño en ese internado; realmente no me imagino cuando vaya a la universidad que tenga que salir de él.

Me dejo caer en la cama, mirando hacia arriba el techo de color oscuro y un enorme ventilador que gira. Viernes por la mañana y no fui a clase; eso significa que la cosa es seria. Mi padre puso una excusa de que faltaría porque sé que quiere hablar conmigo. Y sé que lo hizo porque no quiere que Jackelyn escuche lo que sea que me va a decir.

Tocan la puerta, sacándome de mi cabeza.

—Pase —grito mientras sigo acostado sin ganas de pararme.

—Le preparé su desayuno — escucho la voz de Graciela entrando en la habitación— un sándwich de huevo como te gusta.

Le sonrió. Graciela es una señora que trabaja en mi casa desde que tengo memoria; le tengo mucho aprecio. Sé que no pasaba mucho tiempo en casa, pero desde que estoy, puedo estar seguro de que ella está ahí para atenderme e incluso darme cariño.

—Muchas gracias, Graciela —le digo mientras me incorporo en la cama, sentándome en la orilla.

Digo mirando la bandeja con el pan y el jugo de limón. Sonrió, no sabía que tenía hambre hasta que vi esa bandeja. Ella deja la bandeja en la mesa de estudio de la esquina.

— Pequeño —sigue diciéndome así y creo que voy a cumplir cuarenta y seguirá diciendo así— ¿Te metiste en problema, mi niño?

—¿Por qué? —pregunta.

—Además de que estás aquí en vez de la escuela —dice—, tu padre nos llamó y dijo que cuando él llegara no quería nadie en la planta de arriba que hablara tú y él.

Suelto un largo suspiro, agotado. Siento que este paso por el que vamos, el día de hoy es el día de mi muerte. Sé que Graciela se preocupa; ella tiene muchos años en esta casa y nada más tiene que ver a mi padre para saber cuándo está molesto con nosotros.

—Si te soy sincero, ni siquiera lo sé —le redondeo mientras me acerco a mi desayuno—, pero no te preocupes, no es como cuando era pequeño, solo grita, pero luego se le pasa y puede ser que me lleve a comer helado.

Bromeo, bromeo para que no se preocupe, aunque realmente dude que esté metido en un problema o al menos en uno muy grande.

Se ríe — quieres helado.

—Si me lo ofrecen —hago como un niño pequeño.

Se ríe, pero sé que tiene cierta preocupación por mí.

—No te preocupes, sé que puedo manejarlo— le regalo una sonrisa.

Tampoco es que me vaya a meter a la cárcel, o eso creo.

— Bien, mi niño —responde—, cuando él llegue te avisaré y si tienes más hambre, solo llámame.

—Está bien, gracias, Graciela.

Ella me da una última sonrisa para salir de la habitación. Desde que me acerco a la mesa para desayunar, el teléfono comienza a sonar y veo en la pantalla el nombre de mi hermana y el corazón al lado. Tomo el sándwich y me lo llevo a la boca mientras tomo el teléfono.

—¿Dónde estás? —Esa voz gruesa me sobresalta un poco.

La voz y la cara que veo no me las esperaba, ya que esperaba a alguien idéntico a mí, pero en femenino.

—Josh —arrugo la ceja y le doy otro bocado a mi sándwich—. ¿Por qué me llamas por el número de Jackelyn?

—Porque sé que es el único número al que, no importa lo que estés haciendo, lo tomarás.

Tiene un enorme punto.

— ¿Dónde demonios estás? —gruñe y sus ojos verdes se agrandan—. No te he visto.

Suelto una risita para dar otra mordida a mi rico desayuno. Debo decir que Graciela se esmeró, o probablemente es porque tenía mucho tiempo sin probar un desayuno en casa.

—Te he dicho que eres muy tóxico —me burlo.

Ni siquiera Joey me ha llamado de esta manera.

—Si no me dices dónde estás, cuando te vea te golpearé —grita—. Sabes que tenemos entrenamiento hoy.

—Dile que también me prometió que me compraría unas hamburguesas — escucho la voz de Liam de fondo.

—Sí, eso también —dice Josh—, lo que dice el rubio.

—Lo siento, chicos —dijo mientras termino de mi desayuno —. Tuve que hacer algo; no estaré allí hasta el lunes.

—¿Pero por...?

Y la voz de Josh es interrumpida cuando un gran estruendo lo interrumpe.

—¿Por qué demonios tienen mi teléfono?

Me río, porque mi hermana lo acaba de encontrar. Al principio pensé que quizás ella se lo prestó; sin embargo, verlo en una esquina sentado como si se estuviera escondiendo dejo en evidencia que no. Además, hubiera sido ella la primera que me hablara, no él.

—Un segundo, Jack —veo que la cámara se tapa—. Liam, agárrala.

—Suéltenme —escucho el grito de mi hermana y me río—. Voy a cortarle los testículos.

—Ese vocabulario, señorita — escucho la voz del rubio.

—Voy a ir a esconderme —grita Josh—. Enciérrala en el closet y sal corriendo.

Me río.

Y comienza a correr y no lo veo porque la cámara siempre estuvo tapada; sin embargo, puedo escuchar los pasos y la risa de Josh. Hasta que para, y unos segundos después, la cámara vuelve y se enciende.

—Se están buscando un problema con Jackelyn —le digo tomando el jugo—; no los defenderé cuando los golpee.

—Si es que nos puedes encontrar —se ríe—. Oye, Jack, ¿pasa algo? ¿Por qué te fuiste?

Me quedo en silencio unos segundos. Confío mucho en mis amigos; ellos saben parte de lo que yo vivo, sin embargo, no debo hablar ni siquiera yo mismo sobre la razón de por qué estoy aquí. Me lo imagino, pero no tengo nada en concreto.

—No sé, Josh —le digo—, no me ha dicho nada, pero me imagino lo que es.

—Es por Joey.

—Es probable —digo.

—Sabes que si tu padre te echa por no hacer lo que quiere, en mi casa sobran diez habitaciones.

No lo dudo. La casa de Josh es mucho más grande que la mía.

—Sí lo sé, gracias por eso —le digo—, no se lo digan a mi hermana.

—Sí...

La voz se interrumpe cuando otra llamada entra. Y el apodo de mi novia se ilumina en la pantalla. Sonrió como un estúpido.




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