Josephine...
Apenas estamos a dos meses de terminar la escuela. No sé en qué momento el tiempo pasó volando; siento que no ha pasado nada desde que mis padres me castigaron mandándome a este internado y cuando llegué por primera vez y lo odiaba a muerte.
Pero eme aquí amando este lugar, queriendo devolver el tiempo para así disfrutarlo mucho más, disfrutar a Rose, Jackelyn, incluso a los idiotas de Josh y Liam y a mi novio que tanto quiero.
La mayoría de los chicos el día de hoy están mandando sus solicitudes a la universidad. Todos menos yo; aunque sea imposible de creer a esta altura de juego, no tengo ni la mínima idea de qué voy a hacer con mi vida. Lo más probable es que me tome un año sabático para pensar mejor qué voy a hacer con mi vida, aunque, si soy sincera, no lo he pensado en toda mi vida qué me aportará un año.
—¿Estás segura de que no quieres llenar aunque sea de una universidad? —pregunta Rose mientras termina su observada solicitud.
Esa niña está aplicando a todas las aplicaciones que existen y que están por existir.
Niego. —Ya te dije que no entraré este año.
—¿Estás segura? —levanta ambas cejas—. ¿Y después decides cambiar de opinión?
— Estoy segura de que mis padres podrán hacerme un cupo en la universidad que yo quiera.
Resopla y se ríe.
—¿Realmente el dinero tiene poder? —bufa.
Me río ante el comentario de Rose, pero no me sorprende; es cierto que lo tiene. Nunca he sido buena estudiante y aun así siempre estoy en las mejores escuelas.
¿Con qué? Con el poder del dinero.
Veo a todo el mundo en tales cosas menos a mí; solo acompaño a mi amiga a que lo haga. Pensé que la mayoría de ellos, al igual que yo, comprarían su entrada; sin embargo, aquí están peleándose por las universidades, y yo pensé que tan solo eran unos niños pijos.
Mis padres han estado afanados con lo que voy a hacer con mi vida; aunque ellos son muy comprensivos, estoy segura de que no me pondrán objeción cuando diga que me quiero tomar un año sabático, quizás viajando por el mundo y conociendo... Puede ser que me quede en Francia, quién sabe. Ahora no voy a negar que ellos sí van a querer, aunque sea una mínima idea de que tengo pensado hacer.
—Creo que solo aplicaré a estas diez.
—¿Tan pocas? —digo sarcásticamente.
Ella ríe.
Y se la encuentran muy pocas. Sé que no son muchas para una persona común y corriente; sin embargo, para Rose, creo que no son necesarias, ya que me atrevo a meter la cabeza y decir que la aceptarán en todas.
—¿Sabes si Jackelyn aplicó en la universidad?
—Si ella terminó ayer —respondo—, ella tiene los que tenemos tú y yo en conjunto.
—¿Qué?
— Buenas notas —la señalo—, dinero y poder —me señalo.
Ella suelta una tierna sonrisa; esa es otra que tiene un pase asegurado. Estoy segura de que entrará a su universidad para estudiar diseño de moda.
—¿Y Jackson? —pregunta.
Bajo la mirada. No he sabido nada de él, lo estuve llamando muchas veces, pero ese desgraciado no me toma la llamada y no me responde los mensajes; estoy casi por ir a su casa.
Le he preguntado a Jackelyn varias veces y me dice que cuando llama a la casa, los empleados le dicen que está dormido. Parece que el resfriado le ha afectado más de la cuenta.
—No, no lo sé —me encojo de hombros—; creo que vuelve hoy.
Ella siente mientras le da a enviar su última solicitud.
—Vamos a comer —propone mientras se levanta de su silla y alisa su falda.
—Claro —le respondo.
Ambas salimos de la habitación; de camino al comedor, espero que tenga gelatina. Rose va contándome la mayoría de la universidad a la que aplicó.
La mayoría económica, por su condición económica. Cosa que veo injusta, si nos vamos a eso. Rose es una excelente estudiante y se le debería dar la oportunidad de estudiar en cualquier universidad de prestigio.
Más que cualquiera de estos chicos ricos, incluyéndome.
Una vez pensé en pedirle a mi padre que le dieran la oportunidad de estudiar en una mejor universidad, y sé que ellos no me lo negarían. Pero conociendo a Rose, no creo que lo vaya a aceptar.
La vibración del teléfono me hace volver a la realidad; miro la pantalla, viendo el mensaje que se refleja en la parte de arriba.
"Veámonos en la biblioteca", Jackson.
Una sonrisa como una boba se plasma en mi rostro.
Ya volvió, volvió. Muerdo mi labio inferior tratando de disimular mi risa y emoción.
—Rose, ¿qué te parece si te adelantas?
Arruga sus rojas cejas.
—¿Por?
—Me surgió algo —le doy una sonrisa—. ¿Te alcanzo más adelante?
Asiente y me doy media vuelta casi con ganas de correr.
— Hey, Joey —me detengo y le doy una rápida mirada—. Dile a Jackson que me alegra que se haya mejorado.
Me río. Debí imaginarme que ella se daría cuenta. Le guiño el ojo y sigo mi camino hacia la biblioteca, casi saltando de emoción. Tenía tres días sin ver a mi novio; antes jugaba a las parejas que no se querían despegar, ahora las entiendo.
Llego a la biblioteca y, como casi siempre, está vacía, y ahí está él, sentado en la última mesa, mirando hacia el vacío con sus ojos azules más intensos que nunca. Vuelvo y sonrío ahora, sintiendo mi cara arder.
Me meto entre los libreros, dándole la vuelta a su mesa para así quedar detrás de él sin que se dé cuenta. No sé en qué demonios estaba pensando, si la puerta de la biblioteca hace bastante sonido.
Pero aun así no le doy importancia; llegó por detrás y puso mis manos en sus ojos.
—¿Adivina quién soy? —digo algo emocionada.
Si Joey de algunos meses me viera, me hubiera golpeado.
—Mmm... — dice — déjame ver, ¿Sophia? — arrugó — ¿Milly? — arrugó las cejas y sigo callada — ¿Gabriela?
Le doy un golpe en la cabeza, ese imbécil, ¿quién se supone que son esas? Él me toma del brazo cuando me doy media vuelta enojada.
—Idiota.
—Vamos, yo sabía que eras tú —me sonríe —. Yo siempre te reconozco, sea donde sea.
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Editado: 22.06.2026