Jackson...
— ¿Te sientes mejor? — pregunta mi hermana —, ¿quieres que te dé algo para el resfriado? — pone la mano en mi frente y acaricia mi cabello.
Como cuando éramos pequeños y yo me enfermaba, ella se hacía cargo de mí. jackelyn y yo podíamos estar más molestos uno con el otro, pero cuando uno se necesitaba, eso era suficiente para que lo demás dejara de existir.
— Estoy bien — murmuro — ya me siento mejor.
— No has comido nada, Jackson — señala mi plato al que apenas le di un bocado — y te ves algo demacrado — mira mi cara. Creo que debiste quedarte en casa, sigues resfriado.
No se llama resfriado, se llama corazón roto.
— Sí, creo, pero no quería estar entre esas cuatro paredes — me encojo de hombros — sabes que no estoy acostumbrado, no quería estar ahí — refunfuño como niño pequeño.
— Esto no es cuestión de querer — me recrimina — pero bueno, ya estás aquí, no te estreses mucho — mira su reloj — tengo que practica de tenis vendré ahorita a ver cómo sigues — se levanta de la silla para luego mirar a sus amigos — se los encargo.
Me dio una última mirada para irse por el pasillo. Todavía estamos en el comedor, aunque ya no quedan muchas personas, ya que la hora de almuerzo se acabó hace unos dos minutos.
— En serio, amigo, te ves del asco — habla Liam —, realmente debiste quedarte en casa.
¿En serio me veo tan horrible?
Giro los ojos y trato de seguir comiendo lo que hay en mi plato, tampoco quiero pasar el día sin comer, no es que quiera desmayarme, tengo suficiente con todo el mundo diciéndome que estoy del asco.
La mirada de Josh se arranca de mí cuando la pequeña pelirroja entra a la cafetería, con el uniforme perfectamente colocado. En cambio, yo me quedo observando la puerta con la esperanza de que ella entre en algún momento... pero espero, espero y espero, pero en ningún momento ella entra.
La pelirroja da vuelta con dirección a la puerta, sus ojos pasan por nuestra mesa pero los quita de una vez. Lo que más llama mi mirada es el hecho de que tiene dos almuerzos en la mano, significa que lleva uno para Joey, ella no va a entrar.
— Vamos, tenemos práctica — soy el primero en pararse — tenemos que llegar a la habitación a ponernos el uniforme.
Prácticamente, salgo corriendo del comedor y salgo, pero ya no hay rastro de ninguna de las dos. Demonios, cuando ella no quiere verme realmente, no sé cómo se esconde. Así era cuando se enajaba conmigo, no sé cómo encontraba la manera, pero se la ingeniaba para evitarme, y en clase prácticamente sale casi corriendo.
Resoplo y dejo caer los hombros, para seguir mi camino con dirección a la habitación, tenemos que llegar a la práctica de basquetbol antes de que el entrenador amenace con acabar con nuestras vidas.
Llegamos a la habitación y veo cómo ambos me miran.
— Iras a la práctica, cierto — fue lo que dijo.
Giro los ojos, sé que están así porque la última vez dije que iría y no fui, no tenía ánimo suficiente, pero solo fue una vez, Dios santo.
— Bien, voy a ir.
— Pues vamos.
— Esperen, quiero darme un baño.
— Te esperamos — dice el Rubio.
Arrugó las cejas, ya un poco más molesto.
— ¿Y no quiere entrar al baño conmigo también? — gruñó —. Largo, yo llegaré como en veinte minutos.
Ambos se miran y eso me hace enfurecer un poco más, como si yo fuera un niño pequeño.
— Si no vienes, te vendremos a buscar — Liam me señala con su dedo índice.
Giro los ojos y asiento. Me siento como un niño regañado.
Ambos salen de la habitación, dejándome solo, me dejo caer en mi cama, frotándome los ojos. Han pasado dos días desde que mi relación se fue al diablo, desde que dejé a Joey y rompí su corazón.
y el mío.
No sé qué me jodió más que dejarla o ver sus ojos cuando lo hice.
En este momento odio pertenecer a mi familia, me gustaría ser un chico normal de una familia normal que pueda hacer lo que le gusta sin un padre molestando todo el día e interfiriendo en cada cosa que hago.
Quizás trabajar en la tarde para tener que ayudar en la casa con los gastos y ayudarme a mí. Vivo como un rey, eso lo admito. No tengo preocupación económica, pero a costa de mi vida, cosa que no pedí, nunca lo hice, pero estoy pagando como si lo hubiera hecho.
Pero debo pensar que hago esto por un bien mayor, por un bien...
Cierro los ojos con fuerza y me levanto de la cama para dirigirme al baño. Quizás mis amigos tengan razón, ellos siempre me dicen que vaya a la práctica, que eso me ayudará a despejar la mente y es cierto, cada vez que juego me despejo un poco la mente.
Me meto en el baño y me doy una larga ducha para colocarme el uniforme de entrenamiento. Eso sí, lo hice rápido, no tengo ganas de que mis amigos me vuelvan a buscar y me regañen como si fuera una niña pequeña.
Llego a la práctica y el entrenador tiene sentimientos encontrados al verme, se emocionó pero también me quería golpear y no lo culpo, tenía dos días sin venir a practicar.
Empieza el entrenamiento primero con el calentamiento y luego con un pequeño juego amistoso. Paso gran parte de la tarde jugando, y no negaré que sí me ayudó a distraerme un poco y a reportar los dos días que tenía sin venir.
— Chicos, reúnanse aquí — dice el entrenador —, quería recordarle que, como ustedes están solo a dos meses de graduarse — nos recuerda —, ya saben cómo están las universidades solicitando por cada uno de ustedes.
Por lo que sube a la mayoría de las universidades que tienen grandes equipos deportivos, comienza a buscar futuros jugadores que le puedan ayudar con sus equipos a subir su prestigio futuro .
Recuerdo que el año pasado ellos vinieron personalmente a ver a los chicos de último año jugar, fue emocionante, nos dejaron jugar pero ellos eran los importantes.
— Y saben que los equipos están buscando nuevos jugadores — recuerda — este año lamentablemente no podrán venir directamente, así que ellos me pidieron videos de ustedes jugando y ya fueron enviados.
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Editado: 22.06.2026