Josephine
Luego de lo que pasó cuando robé el examen, cada vez que nos reúnen para ir a la cancha de basquetbol para reuniones, me asusto, aunque no entiendo por qué lo hago si no he hecho nada, pero bueno, es mejor prevenir.
—¿Para qué crees que se junten en el estadio? —le pregunto a Rose.
Mientras caminamos entre la multitud que va en dirección a la cancha de baloncesto.
—No lo sé —se encoge de hombros—, pero me imagino que es para algo de la universidad o graduación.
—¿Cómo lo sabes? —pregunto.
—Por algo somos lo de último año que estamos convocados.
Tiene un punto. No lo había tomado en cuenta.
Caminamos entre las personas hasta llegar a la cancha. Noto que está decorado con un pequeño escenario y un pequeño pulpito, si es el que siempre usa el director para hablar.
Como éramos el aula más lejana cuando informaron, prácticamente fuimos de los últimos en entrar y nos tocó en la primera fila, en la parte baja, parte que odio con todo mi ser. Sutilmente, giro mi cuerpo, viendo a la parte de atrás, mirando entre la multitud. Buscando una cabellera castaña por toda la multitud, y doy con ella, doy con que me está mirando fijamente.
Una corriente pasa por todo mi cuerpo activando mis sentidos, sus ojos conectan con los míos y me sostiene la mirada. Sus ojos ya no tienen ese azul llamativo, simplemente son azules. Suspiro. Todos los demás están hablando mientras él solo tiene la mirada fija en mí, como si no estuviéramos rodeados por muchísimas personas.
Nos miramos unos segundos hasta que veo cómo Danielle llega con dos bebidas y llama totalmente su atención. El pecho se me aprieta.
—Joey, ven, mira esos asientos —vuelve a mi amiga, la pelirroja.
Quito la mirada del grupo que se encuentra casi en la última fila y sigo a mi amiga pelirroja, que nos guía a los dos asientos en el primer piso.
Nos dejamos caer en las sillas de color naranja mientras seguimos viendo a los demás llegar y organizarse en el estadio entre los demás. Luego de unos segundos, el director entra al estadio llegando al podio.
Pero está de más decir que lo llamativo que se ve es el hecho de que detrás del director están entrando camarógrafos y demás. Esto huele un poco extraño.
Arrugo las cejas. ¿Qué está pasando aquí?
—Buenas tardes, estudiantes —dice en el micrófono y se escucha en todo el lugar—. Hoy estamos aquí para dar las informaciones generales y sobre todo la mejor sorpresa del año. —dice mientras saca una hoja—. Cómo saben, hace unos días mandaron su solicitud de la universidad; sin embargo, hace un tiempo ellos nos solicitaron la información de todos ustedes —hace un breve silencio mientras se arregla su corbata— y déjenme decirle que este año estoy muy contento porque quince de ustedes —se acerca aún más al micrófono— lograron conseguir becas en diferentes universidades.
Todos comienzan a aplaudir, interrumpiendo al director, que se encuentra demasiado feliz, tanto que me da gracias por su rostro, y no lo juzgo; imagino lo feliz que debe estar, porque con este simple hecho el prestigio de la escuela sube por las nubes.
—Eso es mucho —murmura Rose hacia mí—. La última vez que dieron becas fue hace dos años y solo fueron ocho; rompimos el récord.
—Antes que todo, quiero felicitarlo por su esfuerzo y haber ganado esta beca —continúa hablando cuando por fin los aplausos se calman—, ya que a estas personas, y yo soy testigo de eso, se la ganaron con su gran esfuerzo y eso hay que felicitarlo...
Y duró unos largos minutos dando un discurso de felicitaciones a los estudiantes ganadores de esa beca que todavía no sabemos quiénes son. Yo me acuesto y miro mis uñas unos segundos; no es que sea maleducada, sin embargo, si soy sincera, sé que no estoy entre esos becados, de eso estoy segura.
—Y sin más preámbulos, voy a ir nombrando a los estudiantes y quiero que se paren junto aquí, donde les entregaré de manera simbólica sus becas.
Claro, para eso están las cámaras; imagino todo el espectáculo que debe estar en la televisión y redes sociales, pero sí, él es feliz con eso.
Comienza a nombrar personas en conjunto con su índice: persona que conozco, algunas que habían pasado palabras y otras que simplemente quizás las había visto en el pasillo. A medida que van llamando a las personas, aplaudimos. Mientras conocen más, se le aplaude.
Mucho bullicio y felicitaciones abundan en el estadio cada vez que se para unos, pero me estoy dando cuenta de que están dando la beca desde el índice más bajo al más alto (que conté, el más bajo ha sido 9).
Y eso es mucho decir, ya que ese índice lo sacan de todas las calificaciones desde que se empieza en la secundaria, y eso es mucho decir; son personas que han mantenido su promedio a lo largo de los años. Comienzan a llamar a un chico que tiene un promedio de 9.6.
Admiro a esas personas que pueden mantener la escuela y sus vidas. No sé cómo mantener esas notas. Yo apenas puedo con mi vida; no puedo con la escuela también.
—La becada número doce con un índice de 9.7. Lena Spie —los aplausos comienzan a surgir— becada en la Universidad de Stanford, Estados Unidos —el bullicio se hace presente.
Una chica pelinegra se levanta de su asiento y se coloca al lado de los demás estudiantes, donde le entregan un tipo de carpeta que simboliza la beca de todos.
—La número trece con un índice de 9.8. Jackelyn Lombard en la Universidad de París VII Diderot, en París, Francia.
Y no había aplaudido en todo el rato, pero claro que tengo que hacerlo; ella es mi amiga y se lo merece. Rose y yo comenzamos a aplaudir muy alegres, aunque Rose tiene desde que comenzaron a aplaudir por los demás.
Miro a Jackelyn subir al escenario con su lindo cabello suelto hasta la mitad de su espalda; ella va muy sonriente, y creo que es la única que, cuando la mencionaron, todo el mundo aplaudió, ya que creo que es la única persona en esta escuela que le cae bien a todo el mundo. Literalmente, es un amor.
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Editado: 22.06.2026