Joey and Jack

Capìtulo 36- los problemas se acaban

Jackson

Viernes por la tarde. La práctica de basket ya ha terminado, y estoy cansado y sudando como el cerdo. Suelto un suspiro mientras dejo que el chorro de agua me refresque; dejo salir todo y hasta mis músculos se relajan. Por suerte es fin de semana y puedo dormir un poco, o eso creo, ya que tengo más tarea que años.

Salgo de la bañera hacia la sala donde los chicos están jugando con las toallas y los uniformes. Y simplemente me limito a ponerme ropa nuevamente.

—Señor Lombard —dice el rubio—, por fin se dignó a salir del baño, pensé que se quedaría a vivir ahí.

—Es que, a diferencia de ti, yo sí me baño bien —me burlo.

—Idiota —se burla—, ¿no les apetece escaparse a una fiesta hoy? —pregunta Liam mientras Josha se acerca.

Niega— ya nos hemos escapado varias veces esta semana —dice Josh—, creo que ya nos van a parar.

—¿Desde cuándo a ti te importan esas cosas? —le pregunto mientras termino de ponerme el poloche.

—Desde que mi madre me amenazó —dice—, esa señora me da miedo.

Me río. Era justo que existiera una persona a la que Josh temiera. Y esa es su madre; ella lo adora, pero sabe que parió un demonio.

Me río y recibo un golpe en el hombro por la burla.

—Además, dudo que el señorito aquí pueda señalarme porque últimamente los viernes está muy solicitado.

Eso es cierto, aunque me ha sorprendido que todavía no me ha llegado el mensaje de mi padre indicando que tengo que ir a casa. Normalmente lo hace antes de que acaben las clases; hoy me dio hasta tiempo para practicar.

—Quizás no me vaya hoy —aclaro, pero tengo algo que hacer.

Ellos me miran y se echan a reír, porque se imaginan lo que tengo que hacer. Salimos de la cancha con dirección a las habitaciones, aunque me doy cuenta de la hora que es.

Las tres en punto de la merienda.

—Nos vemos en la habitación, chicos —me giro hacia el otro lado.

—Claro, claro. —Josh me da un golpe en la espalda, no —vemos después.

Ellos saben muy bien adónde voy. Son las tres en punto y a esta hora la escuela se encarga de poner una pequeña merienda para los estudiantes y estoy segura de que Josephine, como todos los días, va a buscar su vaso de gelatina.

Me dirijo a la cafetería y veo algunos estudiantes dentro, pero sé que ella no está. Ella es fácil de identificar con ese color de cabello tan peculiar. Me quedo parado frente a la puerta unos minutos mientras veo a un estudiante entrar y salir.

Hasta que la veo, una estúpida sonrisa se planta en mi rostro mientras la veo con unos enormes audífonos casi del tono de su cabeza. Mientras va bailando lo que sea que va escuchando, miro hacia ambos lados, viendo que viene sola. Avanzó hacia ella hasta que su cuerpo chocó con el mío.

Ella intenta caerse, pero la tomo para recomponerla. Sus ojos se quedan impresionados unos segundos. Quizás estaba muy metida en sus propios pensamientos y su música, y la saqué de golpe cuando choqué a propósito con ella.

Ella se quita los audífonos y aspira su dulce y femenino aroma. Ella no usa perfumes muy pronunciados; hay que acercarse mucho a ella para olerla. Pero eso no es problema; si es por mí, metería mi nariz en su cuello y me quedaría algunas horas así.

—Disculpa, no te vi —digo mientras me alejo un poco.

—No me viste —enarca una ceja—, irónico porque nos estamos acostumbrados a chocar en todos los lados.

Le regalo una sonrisa y ella me la devuelve al igual, acelerando el corazón.

—Si te fijaras a dónde caminas, quizás eso no pasara —me encojo de hombros—. Tu culpa por andar distraída —y por gustarme tanto.

Levanta ambas cejas de forma burlona, pone los ojos en blanco mientras yo me río, le abro la puerta de la cafetería dando paso a que ella pueda entrar. Como imaginé, ella va directamente a buscar su gelatina y se sienta en una mesa conmigo al frente.

—¿No tienes nada mejor que hacer que mirarme como un idiota?

Ahí está la Joey que conozco y que me encanta. Si ella supiera que podría durar horas mirándola comer gelatina, o bailar sus raras canciones.

Niego.

—Pareces un bobo. —Sé que está tratando de ser borde, pero se ve adorable.

Un bobo enamorado.

—¿Cómo te va en la escuela? — pregunto e una estúpida posibilidad de buscar conversación con ella.

—Creo que bien, casi se termina y sigo aquí —aunque estuvo a punto de irse.

Recuerdo cuando encontré a Joey con el examen; me imaginé lo intrépida y peligrosa que puede ser Joey. Eso ni siquiera yo me había atrevido a robar un examen y un examen de esa magnitud.

Aunque sí lo sabemos de ese punto, Joey tampoco tenía mucha información de lo importante que era ese examen en esta escuela.

—Eso me alegra —le sonrio. Me alegra mucho que siga aquí.

Ella baja la mirada a mis labios y vuelve a mis ojos, con esos enormes ojos grises que me atrapan cada vez que me miran. Nunca había conocido una persona con los ojos grises tan pronunciados; casi siempre son azulados con gris, pero no así, y son preciosos.

Ella es preciosa. Extiendo mi mano y le presiono la nariz. Tengo la estúpida manía de hacer eso; me gusta presionarle. La nariz es tan redonda y pequeña y, para colmo, ella casi siempre la lleva roja.

Realmente, alguien que vea a Josephine parada en una esquina con su enorme audífono y sus enormes abrigos que no combinan para nada con su cabello, lo primero que pensaría es que es la típica chica friki que solo vive con la cabeza metida en un libro.

En cambio, cuando la enfrentas y te das cuenta de que es capaz de cortarte el cuello si la haces enojar, o te insulta con su lenguaje tan suyo.

—Note que te escapaste de la escuela. —Sí, casi todo el mundo se enteró.

Tengo la pequeña sospecha de que el director lo dejó pasar porque se dio cuenta de que, hasta cierto punto, Josephine tiene mi respaldo.

—Creo que todo el mundo se enteró —se encoge de hombros.

—Eres alguien a quien es fácil notar tu ausencia. —Al menos para mí. —¿Dónde andabas?




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