Joey and Jack

Capìtulo 38 - La graduaciòn

Josephine

Dos semanas después

Día de la graduación.

—Josephine Bennett —anuncia el director por el micrófono cuando me toca buscar mi diploma.

La bulla, las virutas y los aplausos se hacen notorios; me levanto de la silla y camino hacia el escenario mientras los aplausos aumentaban, aplausos que quizás a principios de año nadie pensaría que los hubiera recibido.

Camino hacia el escenario con mi toga y birrete para recibir mi diploma de que estoy graduada de la escuela. El director me da la mano como ha hecho con la mayoría de los chicos y me entrega el diploma. Me giro al público con una enorme sonrisa, mirando a todas las personas que me celebrarán.

En principal, a mis padres, que me tiran fotos como locos, aunque no los juzgo, quizás están más emocionados de la cuenta, quizás no pensaban que lo lograría; yo tampoco lo pensé, tuve tantos problemas que pensé que al final tendría que dejarlo.

Pero lo logré.

—Felicidades, señorita Bennett —me dice el director.

—Muchas gracias.

Vuelvo y bajo del escenario a mi silla. Mirando también a mis otros compañeros pasar por sus diplomas y graduarse al igual que yo, a Danielle, a Jackelyn, Liam, Josh, Jackson y sobre todo ver a Rose.

Orgullosa de ella, de ver cómo la felicitaron por graduarse con honores de ese lugar. También conocí a su familia y me quedé sorprendida con los padres de Rose; son más intensos que los míos y eso es mucho decir. No puedo creer que ese ser tan tímido que es mi amiga haya salido de esos dos.

También me llamó la atención ver a tantas personas pelirrojas juntas; me recordó a la familia Weasley de Harry Potter. Aunque con menos hijos, ya que ellos solo son tres hermanos, dos varones de dieciséis y catorce; mi amiga es la mayor. Pero son muy agradables y se quedarán unos días con nosotros en la casa para luego volver a su país.

El director nos da la última palabra para entonces lanzar los gorros y oficialmente estar graduados. Unos minutos después comienza la fiesta para graduados, una privada, pero se gozó bastante, donde bailamos y hasta bebimos. Claro, de manera clandestina, nunca nos hubieran permitido. Cosa que veo muy estúpida; la mayoría de nosotros somos mayores de edad y oficialmente estamos fuera de la escuela.

Jackelyn, un poco fuera de sí, se acerca a nosotras y nos toma dándonos un gran abrazo, tanto que por unos pocos segundos no podemos respirar; creo que está más emocionada de la cuenta.

—Lo logramos —grita con su maquillaje intacto y perfecto—, somos graduadas.

Las tres lanzamos un grito que es válido por el día de hoy.

—Lo logramos —le digo.

—Lo único que me duele es que ustedes se irán a América y yo me quedaré aquí —dice—. Las voy a extrañar muchísimo —lloriquea moviéndose.

—Nosotros a ti también —le dice Rose—, pero te prometemos que nos mantendremos en contacto siempre.

—Lo sé —nos da un enorme abrazo—. De eso dependen sus vidas —no amenaza de forma graciosa, ya que no está muy cuerda que digamos—. Oh, iré a molestar a mi papá, que viene por allá.

Giro la cabeza y con los ojos azules del padre, que está perfectamente vestido con un traje negro y una copa de vino en su mano. Levanta su copa en forma de saludo y yo le debo con asentimiento de una manera un poco formal.

Al final, el señor Lombard aceptó mi trato. No le dije a mi padre que esa sería la verdadera razón por la que decidí estudiar lo que voy a estudiar, pero se enterarán algún día. Pero eso qué importa. Al final del día, voy a dirigir dos empresas.

Volvemos a la fiesta hasta que son las dos de la mañana y es hora de volver. Y salgo con mis padres como la mayoría de los estudiantes. Salimos al patio de la escuela y el frío de la noche arrasa conmigo, a pesar de que tengo un vestido largo y el cabello suelto.

—Cariño —dice mi mamá—, no te imaginas cuán orgullosos estamos de ti.

—Y ella estaría muy orgullosa de ti —dice mi padre haciendo que se me apriete mi pecho.

—Yo sé que usted quizás hubiera preferido estar con ella en este momento —digo con un nudo en la garganta—, pero trato de ser la mejor hija que se pueda.

—No, mi niña —niega mi papá—, nosotros no preferimos... —Hace un silencio—. No hubiésemos querido que le pasara lo que pasó, pero tampoco es que quisiéramos que te pasara a ti; tú también eres nuestra niña.

—Quizás piensas que, como ella era más tranquila y estudiosa, era más importante, pero mi niña no lo era —el nudo se aprieta aún más—, pero tú —mamá me mira— eres nuestra niña explosiva, y la que nos hacía cada día mejorar como padres. Nosotros te amamos tal y como eres y no te cambiaremos por nadie —responde—. Ustedes son igual de importantes en mi vida, las amo a las dos por igual.

Ella habla en presente y se le sale una lágrima, al igual que a mí; estoy más emotivo de la cuenta, es por el día de hoy y todo lo que estoy pasando.

—Aunque sea una bomba de tiempo —dice papá, ganándose un golpe de parte de mamá.

Me río.

—Así que no me culpan por lo que le pasó —digo con los ojos aguados.

—Nosotros nunca te hemos culpado —sigue mi mamá—. Sé que fue algo trágico, pero ella te salvó porque te amaba, como hubiésemos hecho cualquiera de nosotros.

—Yo los amo mucho.

—Y nosotros a ti —sigue papá— y no sabes lo feliz que estoy de que decidieras ir a la universidad.

—Joseph —dice mamá.

—O vamos —se queja—, tú también tenías miedo de que no quisiera.

Me río. Por eso los adoro; ellos me respetan cada decisión que tomo, a pesar de lo loca que sea; estoy segura de que, aunque hubiera decidido no ir, ella me hubiera apoyado.

—Pero para su suerte —y también gracias a Lombard padre— iré a la universidad.

—Estamos felices contigo, mi niña —me sonríe—, orgulloso de ti y agradecido de que seas nuestra hija.

Y yo estoy feliz de que estaré más con ellos; quizás no viva en su misma casa, ya que tendré que ir a la universidad, pero al menos estaremos en el mismo país y puedo ir más seguido a la casa.




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