Josephine
Un mes después.
Suelto mi cabello de la coleta alta, dejando que vuele libre mientras me dejo caer de espaldas a la cama. En mi mano derecha, el teléfono sigue sonando con la videollamada, esperando que del otro lado tome el teléfono.
—Joey —veo la abundante cabellera roja que se pone frente a la cámara.
—Por fin, Rose —dejo salir un suspiro—. Ni hablar con el presidente; hay que hacer tantas cosas.
—Perdón, sabes que todavía me estoy instalando.
Aunque ya tengo un mes en la universidad, Rose apenas entró hace una semana, no por nada importante, solo es que la de ella entraba más tarde.
—Demonios, qué difícil es comunicarse contigo —refunfuño.
—Lo siento —me sonríe—. Cuando te vea te lo compensaré.
—Eso espero, porque recuerda nuestro trato.
Sí, Rose y yo acordamos vernos un fin de semana al mes, ya sea que ella vaya a mi universidad, yo a la de ella o ambas a casa. Estamos un poco lejos, pero al menos estamos en el mismo país.
Aunque tengo que ver cómo me organizo, ya que mi madre me hizo prometerle ir también un fin de semana al mes a la casa, y eso fue porque logré que solo fuera uno; quería que del mes fueran tres. Pero la convencí de que me debía dejar socializar y que había veces que quizás tendré que quedarme en la uni.
—Sí, sí —asiento—, ¿pudiste comunicarte con Jackelyn?
Niega mientras veo cómo se mueve para sentarse en un lugar.
—Con el cambio de horario ha sido muy difícil —explica—. Los otros días la llamé a las cuatro de la mañana.
La comunicación con Jackelyn ha sido mucho más difícil por el cambio de horario, pero bueno, al menos nos mensajeamos entre las tres, aunque ella responda cada cuatro horas.
—¿Y cuéntame cómo te ha ido en esta semana? —pregunto mientras me siento en la cama—. ¿Hay chicos guapos?
Asiente. —Muchos, y me encantan, son muy agradables y me encantó la habitación; por ahora estoy sola en una, pero sé que me asignaron a otras personas.
—Me río. —¿Y a ti?
—Bien —le digo—, me ha gustado mucho más de lo que pensé, y tengo otra compañera de habitación que también es pelirroja, no tanto como tú, pero lo es —le aclaro—, se llama Zoey.
—Mucho cuidado si me cambias, señorita Josephine Bennett —me señala con un dedo—, si no quieres que vaya a Oxford a ahorcarte.
—Dios, ¿dónde quedó la Rose tímida y cariñosa? —pregunto con cierta diversión.
—Se quedó en Francia.
Y me encanta que se quedara allá; no negaré que a ella le agradaba así, pero la Rose más confiada es mejor; esa era la que ella me mostraba a mí.
Escucho una voz en el fondo de la habitación de Rose, y confirmo que es ella cuando levanta la mirada del teléfono y sonríe.
—Joey, cariño, sé que me vas a odiar por esto —hace pucheros—, pero ¿podría llamarte en la noche? Prometo que lo haré.
—¿Puedo saber por qué me abandonas? —Finjo estar ofendida.
—Es que están organizando una fiesta de bienvenida en la piscina de la universidad y prometí ir, y bueno, es hora...
Pero en serio que dejó una enorme parte de la Rose que conocí en Francia.
—¿Pero qué demonios está pasando? —me cuestiono a mí misma—. ¿Dónde quedó la chica que prefería esconderse en una esquina en vez de ir a un lugar donde había más de dos personas?
Se encoge de hombros. —Conoció a una asombrosa chica en Francia que me enseñó la importancia de tener amigos.
Le doy una enorme sonrisa.
—Pues ve y diviértete por las dos —digo—. Ahora tengo que leer un libro que se llama Introducción a la economía mundial.
—Josephine Bennett, ¿a leer un libro? —Abre la boca—. Es en serio que el mundo está al revés.
—Pues yo también conocí a una amiga que me enseñó la importancia de estudiar. Además, esa amiga ya no está aquí para leer los libros por mí.
Me sonríe. —Me voy, Joey, te llamaré luego.
—Bye —digo mientras agito la mano a la cámara.
Cierro el teléfono y lo dejo caer al lado de mí. Suspiro mientras veo el enorme libro, que debe tener unas quinientas páginas. Demonios, en serio, debo leer esto. ¿Y si me escapo?
Claro que no, me prometí a mí misma que sería buena estudiante en la universidad.
Me acomodo mejor en la cama y miro la portada que lleva como título "Introducción al mundo de los negocios" y abro el libro en la primera página para comenzar con mi tortura. Pero como el mundo siempre está a mi favor, la puerta se abre y se cierra de un portazo y veo la cabellera rojo fuego que entra a la habitación, con varios cuadernos en la mano.
—Hola, Zoey —le sonrío.
—Joey, alguien te busca en la puerta.
—¿Quién? —arrugo las cejas.
—No lo sé, no lo conozco —se encoge de hombros—. Lo que es muy guapo, podrías presentarlo —dice mientras deja los libros en el escritorio—. Está para derretirse.
—Enarco una ceja y ella me mira—. Si no es tu novio, claro —me da una breve risita.
Yo no tengo novio, y menos aquí; apenas tengo un mes en esta universidad.
Arrugo las cejas y cierro el libro. ¿Guapo para derretirse? No negaré que he conocido algunos chicos en la facultad, principalmente los de la facultad de ingeniería; son guapos, pero ¿para derretirse? Hasta yo quiero verlo.
—Bien, iré a ver —cierro el libro.
Asiente. —Deja algo para mí.
Me río.
Me levanto de la cama y me coloco unas zapatillas para salir de la habitación y dirigirme a la planta baja del edificio donde estamos la mayoría de las chicas. Llego a la puerta y analizo todo, pero no veo a nadie. Arrugo las cejas; será que se confundió y no era a mí.
Tengo la intención de darme media vuelta hasta que mis ojos se plantan en esos ojos azules que me miran fijamente. Ojos azules que yo conozco muy bien.
Cierro los ojos y hasta me los rasco pensando que quizás estoy alucinando o soñando, pero no, después de que vuelvo a abrir los ojos, sigue ahí parado mirándome. Me acerco a él lo más rápido posible, hasta que me quedo enfrente. Lo toco para verificar si es cierto.
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Editado: 09.07.2026