El pánico que se apoderó de la mesa no se puede describir con palabras mortales ☠️.
En cuanto la espalda de Josh Ssarpetier desapareció tras las puertas dobles de la cafetería, la simulación de tranquilidad se cayó a pedazos. El grupo entero se inclinó hacia el centro de la mesa como si estuvieran planeando un golpe de Estado.
—A ver, ¡que cunda el pánico! —susurró Sophia, apretando una servilleta como si fuera a estrangularla—. ¿Quién de ustedes fue? ¿Quién rompió el pacto implícito de no dar pasos desesperados a nuestras espaldas?
—¡Yo no fui! —saltó Paúl, acomodándose la camiseta apretada que claramente le cortaba la circulación—. Yo tenía planeado pedirle que me ayudara con mi rutina de hombro mañana. No voy a arruinar mi estrategia por una cita improvisada.
—Por favor, Paúl, tus músculos tienen la inteligencia de un vegetal —soltó Wendy, cruzándose de brazos con la vena del cuello a punto de estallar—. Si alguien tiene posibilidades de salir con él en secreto, soy yo. Le organicé los apuntes de historia ayer. ¡Le puse pestañitas de colores!
—Las pestañitas de colores no son una propuesta de matrimonio, Wendy —intervino Acivi, mirando al techo con un suspiro dramático—. Quizás Josh simplemente buscó un refugio espiritual. Alguien que entienda la vacuidad de la existencia humana... como yo cuando leo a Nietzsche.
Yo solo los miraba en silencio mientras acariciaba mi nuevo corte de pelo de 80 dólares. Me dolía la cabeza, me dolía el alma y, sobre todo, me dolía haber regálale mi colonia cara a Josh para que fuera a oler delicioso con otra persona. Mi teoría del "amor a segunda vista" estaba sufriendo un paro cardíaco en tiempo real.
—Se están desviando del tema —dije, interviniendo con mi habitual frialdad de espectador destruido por dentro—. La cuestión no es quién fue. La cuestión es que Josh se fue a la entrada del colegio. Y si queremos saber qué o quién le está robando la atención a nuestro semidiós, hay que hacer lo que cualquier grupo de amigos maduros haría: espionaje ilegal 🕵️♂️.
Nadie protestó. En menos de treinta segundos, la "Operación Ssarpetier" estaba en marcha.
Nos desplazamos por los pasillos como si fuéramos agentes secretos de bajo presupuesto. Paúl intentaba hacerse el disimulado tapándose la cara con un balón de baloncesto, Sophia se escondía detrás de los casilleros cada tres pasos, Acivi fingía leer un libro al revés y Wendy caminaba con la determinación de un perro de caza.
Llegamos a las escaleras principales del instituto, las que daban a la calle. Nos escondimos detrás de los grandes arbustos del patio delantero.
—Ahí está —susurró Wendy, señalando con el dedo.
Josh estaba de pie junto a las rejas de la entrada, apoyado con esa elegancia natural que hacía que pareciera el modelo principal de una marca de lujo ✨. Estaba mirando su teléfono y sonriendo. Esa maldita sonrisa que nos quitaba el sueño a los cinco.
—No veo a nadie —dijo Paúl, entrecerrando los ojos—. Tal vez solo está esperando un Uber.
—Nadie sonríe así esperando un Uber, pedazo de animal —lo corrigió Sophia, dándole un codazo en las costillas.
De repente, una figura caminó por la acera y se detuvo frente a la reja.
No podíamos verle bien la cara desde nuestro escondite entre las hojas, pero sí vimos el gesto: Josh guardó el teléfono de inmediato, su rostro se iluminó como si hubiera visto un ángel y abrió la reja para dejar pasar a la persona. Le entregó un café helado que traía en la mano y se reíron juntos de algo.
—¿Quién es? —preguntó Acivi, perdiendo por completo su postura filosófica y pegando la cara a las ramas—. ¿Es de último año? ¿Es de la otra escuela?
—No la reconozco... —murmuró Wendy, y por primera vez escuché un temblor de puro terror en su voz.
Josh sacó el frasco de colonia —mi colonia—, se puso un poco en las muñecas y luego, con la naturalidad de quien lo ha hecho mil veces, le ofreció el brazo a la persona desconocida para empezar a caminar juntos por la avenida 🚶♂️🌸.
En ese preciso momento, el grupo se dividió en dos reacciones: el pánico histérico de los cuatro competidores... y mi propia muerte cerebral.
—Mañana a primera hora —sentenció Paúl con la voz agitada—. Mañana lo acorralamos en la cafetería y le sacamos la verdad. Esto es una emergencia nacional.
Todos asintieron con caras de tragedia griega. Yo simplemente miré el cielo, esperando que una teja de verdad me cayera en la cabeza y me sacara de esta comedia romántica de la que claramente no era el protagonista 🤡.