Tres días después de la tragedia de Cristine...
El garaje de Paúl estaba a oscuras, iluminado únicamente por la luz tenue de un proyector portátil. En la pared se proyectaba una foto de la cara sonriente de Cristine rodeada por un círculo rojo.
Alrededor de una mesa de ping-pong estábamos los cinco derrotados: Paúl con la camiseta apretada de siempre, Sophia dramáticamente recostada sobre una silla de playa, Acivi con un cuaderno de notas lleno de diagramas raros, Wendy con una bata de laboratorio que no sé de dónde demonios sacó, y yo... apoyado contra la pared, jugando con el frasco vacío de mi colonia de 80 dólares.
—Bien, tropas —comenzó Wendy, golpeando la mesa con un puntero láser que apuntó directo a la nariz de Cristine en la pared—. La fase de luto ha terminado. Es hora de aceptar la cruda realidad.
—La realidad es que es demasiado perfecta —suspiró Sophia, llevándose la mano a la frente—. El martes le ayudó a cruzar la calle a un perrito ciego. ¡A un perrito ciego, Wendy! ¿Cómo se compite contra eso?
—¡Con estrategia militar! —interrumpió Paúl, dando un puñetazo en la mesa—. Nos confiamos. Fuimos individuales. Nos dividimos intentando conquistar a Josh por nuestra cuenta y esa... esa fuerza de la naturaleza llamada amabilidad nos agarró desprevenidos.
—Paúl tiene razón —dijo Acivi, ajustándose las gafas con una mirada oscura que jamás le había visto—. El individuo es débil, pero el colectivo es invencible. Si no pudimos ganarle a Josh por separado... tenemos que unir fuerzas para desmantelar esta relación desde adentro.
Todos se quedaron en silencio. La tensión en el garaje se podía cortar con un cuchillo.
—A ver, desquiciados —intervine yo, alzando una ceja desde mi rincón—. ¿Me están diciendo que van a formar una alianza oficial para hacer que Josh y Cristine terminen?
—No solo una alianza, Teja —dijo Wendy, mirándome con una sonrisa malvada mientras sacaba un documento impreso y lo tiraba sobre la mesa—. Es una declaración de guerra. La Guerra Oficial contra Cristine. Y tú estás dentro.
—¿Yo? —me señalé el pecho con cara de póquer—. Si mi glow up fue un fracaso catastrófico y mi teoría del amor a segunda vista murió y fue sepultada.
—Tu glow up fue un sacrificio necesario —declaró Paúl, poniéndome una mano en el hombro con fuerza innecesaria—. Tú eres el observador, Teja. Tú ves las grietas que nosotros no vemos. Te necesitamos como nuestro cerebro táctico.
Miré la foto de Cristine en la pared. Luego miré los rostros de los cuatro lunáticos que tenía enfrente, todos unidos por primera vez en la historia del grupo con un solo objetivo en mente: recuperar a Josh Ssarpetier.
Sonreí de lado. Al final del día, si no podías tener el amor a segunda vista, al menos podías tener un asiento en primera fila para ver el caos arder.
—Bien —dije, tirando el frasco de colonia sobre la mesa de ping-pong—. Pero si vamos a ir a la guerra contra la chica más dulce del planeta... más vale que consigamos mejor material que un batido de proteínas y poemas de Nietzsche.
Wendy presionó un botón en la laptop y en la pantalla apareció el título en letras rojas gigantes:
JOSH & THEM 2: LA GUERRA POR SSARPETIER 💣🔥
(Próximamente en cines... o en tu librería más cercana).