La espuma dibuja una línea blanca en la oscuridad.
Ahí está el límite.
De un lado, la arena suelta, áspera, inestable. Del otro, el agua firme en su movimiento.
Lo endeble y lo verdadero.
Lo seco y lo vivo.
.
Me saco la ropa.
Sin apuro.
Sin pensar.
Entro.
El agua está tibia.
Me lanzo.
El mar recibe el cuerpo que venía cargado de arena, de esfuerzo, de tensión.
La sal limpia.
El movimiento afloja.
El peso se suelta.
Floto.
La mirada se pierde en las estrellas.
El ruido desaparece.
El cuerpo se entrega.
Me conecto con mis sentidos y ahí,
Pude ver y entender.
Una señal,
Un llamado.