Juega conmigo

El rumor que nadie pidió

Después de que la miss por fin terminara de asignar los grupos —y después de casi infartarnos cuando estuvo a un segundo de decir "Asher"— la clase siguió como si nada hubiera pasado.
O bueno... como si fingieran que nada había pasado.

Yo todavía sentía ese segundo de mirada atravesándome el cráneo.

Pero a la miss solo le preocupaba una cosa: no quedarse dormida frente a nosotros.

—Ya... —bosteza—. Para el lunes quiero un avance del trabajo. Tema libre, pero tiene que ser investigación... no quiero papelógrafos ni dibujos... —otro bostezo— solo información clara, ¿sí?

Merly rodó los ojos con desgano.

—Qué alegría, trabajo grupal un viernes —murmuró.

Y aunque todos querían irse, la clase igual se arrastró como podía.
Mientras tanto, Dilan ya estaba completamente acoplado al grupo: imposible no notarlo, con esas manos moviéndose cuando hablaba, su tono cantadito, su carisma exagerado. Era un show viviente.

—Ray, tu letra parece de niñita aplicada —comentó mirando mi cuaderno.

—Es que soy aplicada —respondí levantando la barbilla, super orgullosa.

—Sí... aplicada a escribir poemitas mientras la miss ronca.

Le di un codazo y él se rió como si hubiera ganado un premio.

Finalmente...

¡TIMBRE!

Y fue como si todos volvieran a la vida.
Aunque Luceé d'Excellence era un internado, los viernes se podía salir para ir a casa y regresar el domingo por la tarde. Un respiro literal.

Los chicos salieron disparados.
Asher entre ellos. Caminaba tranquilo... pero esta vez no miró atrás.

Yo me quedé recogiendo mis cosas con calma.

Merly y Yasuri se fueron corriendo para cenar y luego formar para el procedimiento de salida.
Giovanni desapareció como fantasma, fiel a su estilo.
Araceli fue de las últimas en salir, súper tranquila.

En cuestión de minutos, el aula quedó totalmente vacía.

Los que se iban estaban haciendo fila para subir al bus, mientras nosotros —los que nos quedábamos— ya estábamos en el comedor cenando y esperando la autorización para irnos a residencia.

Solo quedábamos:

Yo.
Dilan.
Y Alexis.

Lo normal entre los que vivíamos lejos.

—¿Se van? —preguntó Alexis, aunque ya sabía la respuesta.

—No pues —respondí—. Esta semana no salgo.

—Yo tampoco —dijo Dilan—

Al día siguiente, ya estábamos los tres en el living room para "avanzar tareas".

—A ver... ¿hacemos el trabajo o hacemos algo divertido? —soltó Dilan, dramático—. No pienso quedarme aburrido todo el fin de semana.

Alexis levantó una ceja, juzgandolo con la mirada.
Dilan fingió llevarse las manos al pecho, indignadísimo.

—¿Acaso piensan que soy mala influencia?

—Sí —respondimos Alexis y yo al mismo tiempo.

Y su carcajada retumbó por todo el living.

Nos sentamos en una mesa del fondo. Avanzamos lo básico del trabajo, lo suficiente para que el lunes no nos miraran feo.
Dilan escribía como si quisiera agujerear la hoja.
Alexis hacía dibujos que no tenían nada que ver con la investigación.
Y yo... bueno, intentaba que hubiera un mínimo de orden. Intentaba.

Hasta que Dilan dijo:

—Oigan... ¿y si entramos a GomTV?

Se me salió el alma del cuerpo.

—¿Qué? —pregunté entre risa y shock—. Dilan, ¿qué te pasa?

—¡Para hablar con extranjeros, pues! —respondió él, como si fuera lo más sano del mundo—. Es sábado. Merecemos diversión internacional.

Alexis ya estaba descargando la app.

—Muy tarde —dijo—. Mira, ya cargó.

Y así empezó la locura.

Hablamos con unos chicos de México que pensaron que Dilan era influencer por cómo se movía.
Con una estadounidense que nos habló en inglés y no entendimos ni la mitad.
Y con un argentino que le dijo a Dilan: "sos horrible, pero simpático".

Nos reímos tanto que la monitora del turno tarde pasó dos veces mirándonos con cara de desconfianza.

En un momento, Dilan se recostó sobre mi hombro de la risa, y Alexis gritó:

—¡FOTO, FOTO, FOTO!

—¡Alexis, no!

—¡Muy tarde!

Click.

Y ahí empezó oficialmente el desastre.

Alexis subió la foto al grupo del aula con la descripción:

"AMPAY"

En segundos, cientos de mensajes explotaron.

En la foto:
Dilan tirado sobre mi hombro, yo riéndome, los dos felices.

Y abajo, alguien escribió:

"¿Rayan? 🤭💛"

No le tomé importancia.
En ese grupo siempre subían shipeos bien rancios.
La vez pasada habían ampayado a Alexis con Merly, y aún no lo superaban.

El lunes todo siguió normal...
Excepto que ahora Dilan y yo pasábamos más tiempo juntos. Ya que este fin de semana nos habíamos hecho buenos amigos.

Pero esa cercanía... solo sirvió para que el chisme se multiplicará.

Porque en Luceé d'Excellence, un ampay nunca muere.
Solo evoluciona.




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