—¿Qué? —dijo Sayra sin poder creerlo—. ¿Pero cómo? —preguntó dudando, mirando a Asher como si él fuera un acertijo humano.
—!¿tenias novia?¡— Exclamo Alexis sin ningún toque de prudencia, como es común de él.
Asher solo bajó la mirada, respiró hondo y murmuró:
—No... no quiero hablar de eso.
Su voz sonó apagada. Rota.
Y cuando lo dijo, los "siempre informados" se miraron entre ellos y, por primera vez en su vida, decidieron no seguir preguntando.
Yo... yo me alejé un poquito.
El ambiente se volvió extraño. Pesado.
El chico alegre y tranquilo estaba ahora hundido en un silencio que no le conocía.
Había tensión en el aire, como si el laboratorio hubiera perdido su luz.
¿La clase siguió normal?
No.
Para nada.
Todo estaba apagado. Todo se sentía raro.
Y lo único que mi cabeza repetía era:
Que Asher esté bien.
Quiero que esté bien.
Y no sabía por qué, pero verlo así... me movía algo en el pecho.
Y, no sé cómo explicarlo, pero eso me recordó un sueño.
Sí.
Un sueño raro.
Esa noche —como todas— yo le había rezado a Dios, pidiéndole que me ayudara a entender, que me guiara por un buen camino, que me diera una señal para aclarar mi mente.
Y justo esa noche...
Soñé con Asher.
Dudo poder olvidar ese sueño. Lo recuerdo a la perfección, como si lo hubiera vivido de verdad.
Ahí estaba él, caminando a mi lado.
Sonriendo.
Feliz.
Emocionado.
Ojalá pudiera verlo así ahora.
Ojalá estuviera así de feliz como en mi sueño.
Porque —y aquí es donde todo se vuelve raro— en ese sueño, él y yo estábamos agarrados de las manos.
Caminábamos juntos.
Riéndonos juntos.
Como si... como si perteneciera a mi lado.
Pero eso fue un sueño.
Y ahora estoy en la vida real.
La vida donde él está triste...
y donde yo no puedo consolarlo.
Porque no soy nada suyo.
Porque no debería importarme tanto.
Porque no tiene sentido sentir lo que estoy sintiendo.
Las clases continuaron... y él seguía igual. Callado. Apagado.
La pantalla de su mirada estaba en negro.
Y yo ya no podía más.
Cuando sonó el timbre para el break, todos salieron hablando, riendo, haciendo bulla.
Pero yo iba en piloto automático.
Porque verlo así me hacía un nudo en la garganta.
Entonces, en el pasillo... no aguanté más.
Respiré profundo.
Me llené de valor —porque créeme, esto para mí es nivel "ultra, mega, dificil"—
y me acerqué.
No para hablarle.
No quería incomodarlo ni meterme en algo que quizá no debía.
Solo...
solo quería darle algo.
Saqué un caramelo de mi bolsillo.
Uno pequeño.
Rojo.
Dulce.
Para él, quizá era un detalle sin importancia.
Un simple caramelo.
Pero para mí...
para mí era un acto inolvidable.
Un salto al vacío.
Un pedacito de mi valentía envuelto en azúcar.
Extendí la mano con el caramelo...
Y esperé.
Porque a veces, lo más pequeño... es lo que más tiembla por dentro.
#6069 en Novela romántica
#1598 en Chick lit
#2337 en Otros
#492 en Relatos cortos
Editado: 28.02.2026