Juega conmigo

Flores que confunden al corazón

Ese día fue raro.
De esos raros bonitos que uno no entiende hasta que ya está acostada en su cama pensando demasiado.

Después de que Inés apareció como si fuera un anuncio sorpresa de YouTube —justo cuando yo estaba tranquila con Asher—, todo quedó medio incómodo.

No es que él me ignorara.
Pero tampoco estaba como antes.

Ni tan cerca.
Ni tan molesto.
Ni tan “Asherico”.

Ese tipo de cambios que uno siente, aunque nadie diga nada.

Yo me fui al comedor con las chicas, tratando de no pensar en lo que había pasado.
Pero obvio, mi cerebro decidió hacer todo lo contrario.

Ya en la noche, en residencia, decidí ir al patio a tomar aire antes de subir a la habitación. El viento estaba rico, fresquito. Empecé a caminar sin pensar… cuando escuché pasos detrás de mí.

Me giré.

Era Asher.

Con una cara que no supe leer.
Ni triste.
Ni feliz.
Ni molesto.
Solo… él.

—Ray… —dijo, caminando hacia mí.

—¿Qué? —pregunté agarrándome el cabello, tratando de parecer normal.

Él escondía algo detrás de la espalda.

Y cuando estuvo frente a mí…

Sacó un pequeño ramito de flores.

Flores.

Para .

—Son para ti —dijo bajito, evitando mirarme directamente.

Mi corazón hizo una VUELTA MORTAL.
Luego una pirueta.
Luego una muerte súbita.

—¿Qué… por qué…? —balbuceé como una idiota.

—No sé —dijo él encogiéndose de hombros—. Solo… pensé que te gustarían.

Y así, como si no acabara de soltar una bomba emocional, se dio media vuelta... y se fue.

Yo me quedé parada ahí.
En shock.
Con un ramito de flores en la mano
y un temblor tonto en el pecho.

Cuando por fin reaccioné, las lágrimas ya estaban cayendo.
No de tristeza.
Era esa mezcla rara de sorpresa, felicidad y “¡¿Por qué me haces esto si yo quiero ignorarte?!”

Caminé hacia la residencia con las flores apretadas contra el pecho.

Y justo entrando al pasillo, Merly me vio.

—¿Ray? ¿Por qué esa cara? Te ves exactamente como describen a las protagonistas cuando se enamoran en los libros—preguntó acercándose—. ¡¿Quién te ha dado eso?! ¡Ay no! ¡Te dieron flores! ¡Dios mío, Ray, qué asquerosamente lindo!

—Cállate —le dije, limpiándome la cara.

—¿Qué? ¿Tu novio secreto te las dio? —preguntó levantando las cejas como antenas.

—NO. No es mi novio. No tengo novio. Cállate.

—Ajá. Ya… —dijo con media sonrisa—. Entonces son de Asher.
Porque OBVIAMENTE son de Asher.

Yo solo la empujé un poco y corrí escaleras arriba para no seguir escuchándola.

Ya en frente de mi habitación, abrí la puerta y mis compañeras me miraron como si hubiera entrado sosteniendo un bebé.

—¿Qué es eso? —preguntó Cristal.

—¿Flores? —dijo Nicole—. ¿Y estás llorando? ¡Ay, no! ¿Qué pasó? ¿Quién te hizo llorar? ¿Voy y lo mató?

Me senté en la cama abrazando las flores.

—Me las dieron… —susurré.

—¿QUIÉN? —gritaron las dos al mismo tiempo.

—Asher —dije casi sin aire.

Cristal lanzó un grito que, sinceramente, estoy segura que se escuchó en el segundo piso.

—¿ASHER? ¿EL misio? ¿EL del vóley? ¿EL que te fastidia cada cinco minutos?

—Sí —murmuré.

Nicole se tiró a mi cama.

—Ya fuiste —dijo con una sonrisa enorme—. Te tiene ganas.

—¡No, no! Él solo… no sé… es amable.

—Amable ni que nada —respondió Cristal—. Ese chico está ENAMORADO de ti.

—¡NO LO ESTÁ! —dije, tapándome la cara—. Recién acaba de terminar con su novia. Así que por favor ya cállense.

Nicole miró a Cristal con complicidad.

—Llora porque está feliz —dijo—. Se nota clarito. Además la ex es de pasado… ahora estamos en el presente y en el presente los dos se gustan.

Yo quería esconderme en mi armario.
De verdad. Meterme ahí y fingir que no existo.

Pero entonces mi celular empezó a vibrar.

Ángel.

Respiré hondo antes de contestar, porque sabía que si sonaba su nombre… era porque me iba a leer el alma.

—Holaaa Ray —dijo él con esa voz suave que usa cuando nota algo raro—. ¿Estás bien? Te escuchas… no sé, rarita.

Mis amigas se miraron y sus bocas hicieron un “UH, es Ángel”.

—Sí… sí, estoy bien —mentí descaradamente.

—Ray —su tono se volvió más tierno, casi preocupado—. No me mientas, ¿ya? Tú suenas así cuando has llorado… o cuando alguien te movió el piso.

Nicole abrió los ojos como platos.
Cristal se llevó la mano al pecho dramáticamente.

—Es que… pasaron cosas —susurré.

—¿Te cruzaste con él? —preguntó bajito, con cuidado, refiriéndose a Brodie sin decir su nombre.
Ángel jamás dice su nombre. Ni falta hace. Él ya sabe.

—No hoy… pero… —me mordí el labio—. Hoy fue un día raro.

Y ahí MIS AMIGAS, traicioneras, pero con buena intención, se lanzaron al celular como si fuera micrófono de chisme nacional.

—ÁNGEL, ADIVINA QUÉ —dijo Cristal.

—¡ASHER LE DIO FLORES A RAY! —gritó Nicole como narradora de telenovela.

—¡Chicas! —les quité el teléfono toda roja.

Al otro lado, Ángel río bajito. Ese tipo de risa suave que dice “ya sabía”.

—Con razón sonabas rara —dijo—. Ray… eso es bonito.

Yo quería evaporarme. DESAPARECER

—No sé… es confuso —susurré.

Ángel se quedó en silencio unos segundos, pero un silencio lindo, de esos que no incomodan.

—Ray —dijo al fin, con una voz tan dulce que me aflojó el pecho—. Mira… yo sé que tú das mucho. Muchísimo. Y a veces te rompen.
Pero también hay chicos que te ven. Que te valoran. Que te tratan como mereces.
Y no hablo solo de Asher, hablo de cualquiera que no sea ese idiota… tú ya sabes quién.

Mi corazón se achicó un poquito.

—No compares —murmuré, odiando lo frágil que me soné.

—Comparo —respondió él, suavecito—. Porque te quiero, Ray. Y porque me preocupa que vuelvas a llorar por alguien que no lo vale.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.