El viernes llegó sin avisar.
Como siempre.
El aire en Luceé d’Excellence tenía ese olor raro a despedidas temporales: mochilas medio abiertas, risas apuradas, planes para el fin de semana flotando en los pasillos. Algunos se iban. Otros se quedaban. Yo… yo me iba. Y aun así, sentía el pecho apretado, como si algo estuviera por romperse y todavía no supiera qué.
Ese viernes, yo estaba sentada en las gradas del patio interno, con el cuaderno sobre las piernas y el lapicero girando entre mis dedos sin escribir nada. No tenía ganas. Mi cabeza estaba en cualquier parte menos ahí.
—¿Otra vez fingiendo que estudias? —dijo una voz conocida.
Levanté la vista.
Asher.
Estaba de pie frente a mí, con el buzo mal puesto, el cabello desordenado como siempre y esa sonrisa tranquila que últimamente aparecía y desaparecía como si no supiera si quedarse o no.
—¿Y tú otra vez molestando? —respondí, cerrando el cuaderno—. ¿No tienes vóley, selección, fama, admiradoras… algo mejor que hacer?
—Puedo hacer todo eso y aun así venir a molestarte —dijo sentándose a mi lado—. Soy multitask.
Puse los ojos en blanco, pero no pude evitar sonreír un poco.
Se quedó en silencio unos segundos. Demasiados. Ya no era el silencio cómodo de antes. Era otro. Más pesado.
—Ray —dijo de pronto—, ¿nunca te preguntaste por qué entré tarde a Luceé d’Excellence?
La pregunta me tomó por sorpresa.
—Bueno… —me encogí de hombros—. Supuse que fue por papeleos o algo así.
Asher bajó la mirada. Jugaba con una piedrita entre los dedos.
—No —dijo—. No fue eso.
Mi estómago se tensó.
—¿Entonces?
Suspiró. Largo. Como si llevara tiempo guardándose eso.
—Antes de venir aquí… estaba en otro lugar. Y no querían que me fuera.
—¿Cómo que no querían? —fruncí el ceño.
—Como suena —respondió—. No querían que me vaya. Decían que no estaba listo. Que no era el momento.
Había algo en su voz… algo que no me gustó. No sonaba a una simple decisión escolar.
—¿Tu familia? —pregunté con cuidado.
—No exactamente —respondió—. Personas que conocí antes. Personas que… —se quedó callado unos segundos—. Personas como Inés.
Mi pecho dio un pequeño golpe.
—¿La conoces desde antes de entrar aquí? —pregunté.
—Sí —dijo—. Desde antes. Mucho antes.
El silencio cayó entre nosotros como una pared invisible.
—¿Y… dónde era ese lugar? —intenté.
Asher negó con la cabeza.
—No recuerdo el nombre exacto —mintió mal, y los dos lo supimos—. Pero no importa.
Claro que importaba.
—Ray —continuó—. Solo quiero que sepas que no llegué tarde porque quise. Llegué tarde porque salir de ahí fue… complicado.
No supe qué decir.
Algo dentro de mí empezó a moverse raro. Como una alarma bajita, insistente.
—Gracias por decírmelo —murmuré al final.
Él me miró, como buscando algo en mi expresión.
—¿Estás bien?
—Sí —mentí—. Solo… me sorprendió.
Asher asintió y se levantó.
—Tengo que irme. Los chicos están organizando quién se queda y quién sale hoy.
—Claro —dije.
Se fue… pero no del todo. Porque se llevó la calma que yo tenía antes de esa conversación.
Mi mente aún estaba procesando la conversación que había tenido con Asher Brodie. ¿desde cuando conoce a Inés? ¿por eso son muy cercanos? ¿todo terminara igual que como termino con Brodie? Al fin y al cabo, son muy parecidos
Más tarde, en el comedor, encontré a Dilan sentado como siempre, ocupando demasiado espacio para una sola persona.
—Oye —le dije, sentándome frente a él—. Necesito preguntarte algo.
—Eso suena grave —respondió, llevándose la cuchara a la boca—. Ladra.
Miré alrededor para asegurarme de que nadie escuchara.
—¿Tú crees que dos personas que se parecen mucho… y tienen el mismo apellido… podrían ser familia sin saberlo?
Dilan se quedó congelado.
—…Ray.
—Respóndeme.
—¿Estamos hablando de una novela turca o de tu vida real?
—De mi vida —susurré.
Dejó la cuchara y me miró serio.
—Ok. ¿Quiénes?
Tragué saliva.
—Asher Brodie… y Ian Brodie…
Silencio.
—¿Qué? —dijo finalmente—. Espera, espera ¿el Brodie Brodie?
—Sí, mi ex…
Dilan abrió los ojos.
—Ray… eso es demasiado específico para ser coincidencia.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
—Se parecen —continué, hablando rápido—. No igual, pero… en cosas. Gestos. Miradas. Y ahora resulta que Asher conoce a alguien de antes, que no lo deja ir, que—
—Ey —me interrumpió—. Respira.
Respiré.
—¿Tú crees que podrían ser familia? —pregunté, casi en un hilo de voz.
Dilan se apoyó en la mesa.
—No lo sé. Pero si lo son… eso explicaría por qué tú estás tan hecha bolas.
No respondí.
Porque tenía razón.
Desde lejos, sentí una mirada clavarse en nosotros.
Asher.
Estaba parado cerca de la salida del comedor, mirándonos.
No sonreía.
No se veía molesto… pero sí raro.
Muy raro.
—Creo que tu amigo está celoso —susurró Dilan.
—No digas tonterías.
Pero algo en mi pecho se apretó.
Más tarde, mientras algunos se despedían para salir y otros volvían a residencia, me acerqué a Asher.
—Oye —dije—. ¿Has ido alguna vez a Saudade?
Asher se detuvo.
—¿Saudade? —repitió.
—Sí —dije rápido—. Es de donde soy yo.
Me miró con atención. Demasiada.
—Solo una vez —respondió—. Está lejos de donde vivo.
Mi corazón dio un salto.
—¿Ah, sí? —forcé una sonrisa—. ¿Y… tienes familia por allá?
Asher tardó en responder.
—No —dijo finalmente—. No que yo sepa.
Pero algo en su voz no me convenció.
—¿Y conoces a alguien de ahí? —insistí, ya sin disimular tanto.
—Ray… —dijo despacio—. ¿Por qué tantas preguntas?
Me congelé.
—Solo curiosidad —mentí.
Me sostuvo la mirada unos segundos más… y luego asintió.
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Editado: 18.04.2026