Volver al instituto fue más difícil de lo que pensé.
No porque algo hubiera cambiado afuera, sino porque yo había cambiado por dentro.
El lunes llegó puntual, como siempre, pero yo no. Yo llegué con una muralla nueva en el pecho.
Asher estaba ahí.
Lo vi apenas entré al comedor. Estaba con Giovanni y Alexis, riéndose de algo, relajado, como si el mundo siguiera siendo simple. Como si yo no hubiera visto a mi pasado parado frente a mí dos días antes.
Nuestros ojos se cruzaron.
Solo un segundo.
Esperó.
Lo sentí.
Pero yo desvié la mirada.
Y seguí caminando.
No fue algo consciente. No fue planeado.
Solo… no pude.
Ese día me senté con Dilan. Con Sayra, Xiomara, Yasuri y Merly.
Me rodeé de voces, de risas, de comentarios absurdos, como si el ruido pudiera tapar lo que me estaba gritando la cabeza.
—¿Y tú qué? —preguntó Merly—. Estás rara desde que volviste.
—Siempre soy rara —respondí.
—No así —dijo Sayra, mirándome fijo.
No dije nada.
Dilan lo notó primero.
—Estás evitando algo —murmuró cuando las chicas se levantaron por bebidas—. O a alguien.
—No empieces —le advertí.
—No empiezo —dijo—. Solo observo.
Y tenía razón.
Porque empecé a hacer eso todos los días.
Evitar.
Si Asher se sentaba cerca, yo me cambiaba.
Si se acercaba, yo me levantaba.
Si me hablaba… fingía estar ocupada.
No porque ya no me importara.
Sino porque me importaba demasiado.
Y eso asusta.
Asher lo notó al tercer día.
No al primero.
No al segundo.
Al tercero, cuando ya no pudo fingir que era coincidencia.
Ray ya no lo miraba.
Ray ya no lo molestaba.
Ray ya no estaba.
—¿Te pasa algo con Ray? —preguntó Giovanni, directo, como siempre.
—No —respondió Asher demasiado rápido.
—Ajá.
Alexis lo miró de reojo.
—Te está evitando, bro.
Asher frunció el ceño.
—No —repitió—. Está ocupada.
Pero algo en su pecho no encajaba.
Porque la había visto reír con Dilan.
La había visto caminar con las chicas.
La había visto ser ella… sin él.
Y eso dolía más de lo que quería admitir.
La verdad llegó sin aviso.
Fue Merly quien habló primero.
—Oye, Asher —dijo, frenándolo en el pasillo cuando él iba distraído, con el buzo colgándole mal de un hombro—. ¿Tú sabías que Ray se encontró con su ex el fin de semana?
Asher se detuvo en seco.
Literalmente.
El ruido del pasillo siguió: risas, pasos, mochilas golpeando contra las piernas, voces mezcladas… pero para él, todo se apagó de golpe.
—¿Qué? —preguntó, aunque había escuchado perfectamente.
Sayra apareció a su lado, con Xiomara y Yasuri, como si la conversación ya estuviera armada desde antes.
—Sí —dijo Xiomara—. Fue en la plataforma deportiva de su antiguo cole.
—Ángel estuvo con ella todo el tiempo —añadió Yasuri—. No la dejó sola ni un segundo.
Asher tragó saliva.
—¿Y… él? —preguntó, sin decir el nombre.
Merly fue la que lo dijo.
—Brodie.
El apellido cayó como un golpe seco en el pecho.
Brodie.
No Ian.
No “su ex”.
No “el chico”.
Brodie.
Asher sintió un escalofrío recorrerle la espalda, lento, incómodo, como si alguien acabara de abrir una puerta que llevaba años cerrada.
—¿Brodie…? —repitió, más para sí mismo que para ellas.
—Sí —continuó Merly—. Ian Brodie. El ex de Ray.
Ahí fue cuando todo se torció.
Porque no era solo un apellido.
Era su apellido.
Asher Brodie.
Ian Brodie.
Mismo sonido.
Misma forma.
Misma coincidencia demasiado exacta para ser casualidad.
El corazón le empezó a latir más fuerte. No rápido. Pesado.
Como si cada latido llevara una pregunta incrustada.
—¿Estás bien? —preguntó Sayra, notando su expresión.
Asher no respondió enseguida.
En su cabeza, las piezas comenzaron a moverse solas.
Ray evitando mirarlo.
Ray distante.
Ray con Dilan.
Ray tensa cuando él se acercaba.
Y ahora esto.
—¿Y… cómo está ella? —preguntó al fin, forzando la voz para que no temblara.
—Rara —respondió Xiomara—. Más callada de lo normal.
—Distante —añadió Yasuri—. Como… si estuviera protegiéndose.
Asher asintió despacio.
—Gracias por decirme —murmuró.
Las chicas se fueron, dejándolo solo en medio del pasillo.
Demasiado solo.
Brodie.
El apellido le retumbaba en la cabeza como un eco molesto.
No podía dejar de repetirlo.
No podía dejar de unirlo.
Ian Brodie.
Asher Brodie.
Sintió una presión rara en el pecho, una mezcla de incomodidad y algo más profundo… algo que no quería nombrar.
—No —se dijo en voz baja—. Es solo un apellido.
Pero no sonaba convincente.
No después de todo.
No después de lo que Ray le había preguntado días atrás.
¿Has ido alguna vez a Saudade?
¿Tienes familia por allá?
En ese momento no le había dado importancia.
Ahora… ahora todo encajaba demasiado bien.
Demasiado mal.
Caminó sin rumbo hasta el patio interno y se sentó en una de las bancas, apoyando los codos en las rodillas y enterrando el rostro entre las manos.
Respiró hondo.
Una vez.
Dos veces.
Nada.
Su cabeza no paraba.
Ian Brodie.
El ex.
El pasado.
El que la había hecho llorar.
Y él…
él apareciendo después, con el mismo apellido, con gestos parecidos, con miradas que Ray reconocía aunque no quisiera.
—Genial… —murmuró—. Simplemente genial.
No sabía qué le molestaba más.
¿Qué Ray hubiera vuelto a verlo?
¿Que ese tipo siguiera teniendo espacio en su vida?
¿O que compartieran algo tan básico como un apellido?
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Editado: 18.04.2026