Juegas a Ser un Sionista, Mis Velas mueven tu Energía.

Capítulo I

Casablanca, 1942 (pero tú no eras Ingrid)

Si quieres tener a un hombre, dale un poco de tu energía y hazle creer que le perteneces. que la penumbra del cuarto 309 es territorio conquistado por derecho de fundación. Hazle creer que eres Ingrid esperando en la estación con el maletín de cuero marrón y la mirada perdida en el tren que nunca llega. Cuando en realidad eres el humo que se escapa por el conducto de ventilación. No dejes que un hombre apague la Luz.

Llegaste al Humphrey Bogart Art Theater con el abrigo de tweed tres tallas grande, oliendo a naftalina y a telegramas sin enviar. Era diciembre, pero el frío no venía del Pacífico; venía de tu manera de mirar el lobby: calculando salidas, midiendo, creyendo que al cruzar el corredor estabas fundando un mandato. Un protectorado. Una presencia donde antes solo había butacas vacías y polvo de celuloide.

En la pantalla, ella decía: "Kiss me. Kiss me as if it were the last time."

Tú me besaste como si fuera la primera de muchas. Como si yo fuera el Mandato Británico de Palestina y tú, con mapas dibujados en servilletas de cóctel del Roosevelt Hotel.

No te dije que yo no era Ingrid.

No era la rubia de luto que espera.

Yo era la que proyectaba la película desde la cabina.

La que controlaba la velocidad de los fotogramas.

La que podía dejarte en la oscuridad total con solo mover un switch.



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En el texto hay: romance, brujeria magia, noir

Editado: 20.05.2026

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