Juegas a Ser un Sionista, Mis Velas mueven tu Energía.

Capitulo 5

Cuando terminé, te quedaste más liviano. No lo notaste al despertar, por supuesto. Solo sentiste esa extraña sensación de resaca a pesar de no haber bebido, esa sensación de que algo se había ido pero no sabías qué. Te levantaste y caminaste por la habitación descalzo, pisando el polvo que yo había esparcido, y con cada paso dejabas algo más. Huellas que no eran de barro, sino de sustancia. De esencia.

"Me voy a comer algo" , dijiste, y saliste al pasillo buscando el teléfono para pedir algo.

Yo me quedé y recogí el polvo donde habías pisado. Lo guardé en un frasco de vidrio ámbar, junto al otro polvo, junto a las cenizas del telegrama, junto a la fotografía quemada. Mi colección crecía. Mi territorio se expandía no porque yo ocupara, sino porque tú me cedías sin saberlo.

Porque eso es lo que no entienden los que juegan a ser conquistadores: que ocupar es un acto de dar. Que cuando entras en un espacio ajeno creyendo que lo tomas, en realidad estás dejando depósitos de ti mismo que el territorio puede reclamar. Que la tierra no se posee; se alimenta.

Y yo estaba hambrienta.

Cuando volviste con la bandeja del desayuno —huevos fríos, tocino grasiento, café que olía a quemado— yo ya estaba vestida, lista, con la maleta de cuero marrón en la puerta. No la tuya. Una nueva. Vacía, esperando ser llenada con lo que tú habías dejado.

"Me voy" , dije.

"¿Adónde?" , preguntaste, con la boca llena de yema.

"A ocupar otro territorio" , respondí. Y no era mentira.

Salí y dejé la puerta abierta. No para que entrara el aire, sino para que saliera lo último de ti que quedaba en la habitación. Para que el pasillo absorbiera lo que eres , para que las paredes del hotel se quedaran con tu reverberación, para que cuando volvieras a pasar por esa puerta —como lo harías, porque los conquistadores siempre vuelven a los lugares donde creyeron ganar— encontraras solo una habitación vacía, un colchón desnudo, y el polvo que yo había dejado, ahora mezclado con tu piel muerta y asquerosa, formando una nueva sustancia que no era ni tuya ni mía, sino el registro físico de que una vez, por unas horas, creíste que me poseías.

Y mientras bajaba las escaleras, sentí el peso nuevo en mi bolso. El frasco de vidrio ámbar, caliente contra mi cadera, zumbando como el telégrafo a las tres de la mañana, diciendo: "Llegué. Ocupé. Me quedé."

Pero esta vez, el mensaje era mío.



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En el texto hay: romance, brujeria magia, noir

Editado: 20.05.2026

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