Juego De Brujas

CAPÍTULO 04: DETRÁS DE LA PUERTA

01 del Mes de Maerythys, Diosa del Agua

Día de Lluvia, Ciclo III

Año del Fénix Dorado 113 del Imperio de Valtheria

ELENNAIA

Al llegar al castillo, nos escabullimos con cuidado hacia el pasillo. Nos despedimos con un gesto rápido y cada uno entró en su alcoba. Me cambié de ropa y salí. No tenía nada de sueño, por lo que decidí que era buena idea ir a la torre de astronomía, donde podía ver la luna y las estrellas de cerca, ya que estaba hechizada para permitirlo.

Sin embargo, justo cuando iba a bajar las escaleras, unas voces histéricas llamaron mi atención. Venían de la habitación de al lado, que solo se usaba por los mayores del castillo. Siempre estaba protegida por una runa silenciadora, pero al parecer, se les olvidó ponerla esta noche. Aunque no quería ser chismosa, pegué mi oreja.

—Elennaia merece saber toda la verdad de esto, Delyssaney. —Escuché la voz enojada de mi abuela, más fuerte que nunca, cerca de la puerta—. Tiene la capacidad mental para entender lo que está por venir a su vida. No puedes mentirle para siempre. ¿No lo entiendes?

—Solo quiero evitar que ella pase por el mismo tormento que pasé yo a su edad —expresó mi madre, con el mismo tono enojado—. Sé que no puedo decidir por Elennaia, lo sé muy bien... pero es mi hija, y quiero lo mejor para su porvenir. No me importa ocultarle esto para siempre, si con eso le evito el sufrimiento que a mí casi me destruye.

—¿No decirle sobre la maldición es lo mejor? —intervino una tercera voz que no pude reconocer. Era un hombre, sí, pero ¿quién?

Tenía un intenso olor a acero puro, que contrastaba con el ligero aroma a flores de mi madre y la de leña recién cortada de mi abuela.

—¿Nunca le dirás que es posible que sueñe con esa mujer en particular, como todas las mujeres nacidas con el apellido Dorealholm? —continuó él—. Tienes que decirle la verdad ya. Y más aún: tienes que sacarla de este imperio. Su vida está en grave peligro. Si tan solo me dejaras sacarla de aquí, te aseguro que todo cambiaría.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. Algo dentro de mi cabeza me gritaba que esa conversación no debía escucharla, pero mis pies no se movían del suelo, como si una fuerza mayor los estuviera anclando.

—¿Y a qué lugar se supone que debería enviarla? —replicó mi madre, aún más furiosa. Las pocas veces que la había escuchado hablar con ese tono era cuando yo hacía algo digno de reprimenda—. Por si lo has olvidado, Valtheria no tiene muchos aliados en el continente. Ninguno aceptaría a una hija de la corona en su territorio como si nada, director Valkhriar. Tiene que haber otra opción. Algo que no sea tan temerario.

Valkhriar.

«¿Quién es Valkhriar?»

—No tienen por qué saber quién es Elennaia —murmuró él.

—¿Infiltrar a mi hija? —Su voz salió incrédula. Luego soltó una risa elegante que llenó el pasillo—. ¿Estás enloquecido? No voy a cometer semejante estupidez. Por si no lo recordáis, Elennaia ya es de un hombre. No puedo meramente llevarla lejos cuando, en unos meses, tendrá que asumir sus responsabilidades de mujer con aquel joven.

Contuve la respiración por un momento, con los ojos borrosos. Mi corazón latía con una fuerza sobrehumana, tanto que sentía que podía delatarme en cualquier segundo. Aunque quisiera con todas las fuerzas de mi alma, no podía entender de qué estaban hablando ellos ahí.

—No puedes seguir con esa negativa —continuó la voz del hombre, más baja, cargada de urgencia—. Debes actuar rápido, porque si ellas llegan a encontrarse… este imperio se irá a la mierda. ¿Eso es lo que quieres? ¿Ver tu hogar reducido a cenizas por las rebeldes? Elennaia ya no es una niña. Deja de tratarla como tal. Es momento de verla por lo que realmente es: una mujer… y una amenaza para toda Valtheria.

—¡No me digas cómo criar a mi hija! —vociferó mi madre, claramente molesta—. No sabes lo que he tenido que hacer para protegerla. No sabes lo que me costó mantenerla viva. ¡Ninguno sabe nada de Elennaia! Dejen de querer que su vida cambie por completo.

—¿Y de qué te va a servir todo eso cuando las rebeldes la encuentren? —escupió él, con una risa baja, carente de humor—. ¡La matarán después de robarle la sangre! Lo único que has hecho hasta ahora ha sido esconderla del mundo. Mentirle sin pudor. Encerrarla en una jaula dorada mientras, ahí afuera, el mundo se prepara para odiar su nombre. ¿No te das cuenta de la magnitud de lo que está en juego? Esto no se trata de lo que tú quieras como madre, sino de lo que ella necesita para seguir respirando. Las rebeldes vendrán, y entonces todo Valtheria sabrá que esa desquiciada ha regresado gracias a tu hija.

Mi cuerpo se congeló en un segundo.

¿Matarme?

¿Robar mi sangre?

Pero... ¿Quiénes eran las rebeldes?

Mi madre... ¿Me estaba protegiendo de algo?

¿Y nadie pensó, en ningún momento, contármelo?

—¡Basta de estas habladurías insensatas! ¡No permitiré que la toquen! —clamó mi madre con una furia que me estremeció—. ¡Lo juro por los dioses. Nadie osará ponerle una sola mano encima! Elennaia no es un arma de guerra, ni la llave para traer a nadie a la vida. Es mi niña, y la protegeré aunque me cueste la vida. —Su voz se quebrantó apenas—. Ellas no… ellas no llegaran a este lugar. No pueden hacerlo…




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