04 del Mes de Maerythys, Diosa del Agua
Día del Corazón Roto, Ciclo III
Año del Fénix Dorado 113 del Imperio de Valtheria
ELENNAIA
El tiempo pasó rápido, y yo no podía contener la emoción que sentía en el pecho. Tomé los brazos de las muchachas para apoyarme y comencé a ponerme las zapatillas de cristal que combinaban con el vestido. La tela lila se había acomodado con una facilidad casi mágica a mi cuerpo, y el escote simulaba la forma de una llama, mientras que los hombros quedaron apenas cubiertos por una malla transparente salpicada de cristales y diamantes de colores. Pasé la mano por mi cabello suelto en ondas suaves sobre mi espalda, también con cristales.
—Definitivamente, te ves hermosa, señorita Elennaia —expresó Ylissey, viéndome de arriba abajo, con una sonrisa grande, casi real.
—El vestido hace su trabajo —respondí, bajando la mirada.
—No hay que darle todo el crédito al vestido —intervino Serenaia, limpiando delicadamente mis zapatos con un pañuelo—. Usted es hermosa, señorita Elennaia. Créame que, con o sin el vestido, seguiría viéndose igual que en este momento. —Me regaló una sonrisa tierna.
Mi corazón se detuvo por un instante.
¿De verdad ella creía eso?
—Les agradezco por sus palabras. —Hice una reverencia leve.
Unos minutos después, llegué a la entrada principal del castillo, junto a Ylissey, quien se ocupaba cada minuto en que me viera deslumbrante. Las puertas de hierro estaban abiertas de par en par, dejando ver el carruaje dorado, con dos caballos blancos al frente y dos guardias serios sobre sus lomos. Era tradición que todas las familias fueran al baile en carruaje y no en un auto común, así que debía subir a uno después de años sin hacerlo. Mi madre ya se encontraba dentro, por lo que me apresuré a subir con la ayuda de uno de los guardias.
Uní las manos y, conteniendo la respiración por la mezcla de sentimientos en mi interior, cerré los ojos justo cuando el carruaje inició su marcha, avanzando lentamente hacia las rejas del castillo, a varios minutos de la entrada principal, custodiada por guardias serios.
—¿Sigues sin saber quién es la novia de tu hermano? —La voz aterciopelada de mi madre me sacó de golpe de mis pensamientos.
—No sabría responder, madre. —Me acomodé sobre el respaldo del carruaje, nerviosa y tensa—. Calen no es muy expresivo con su sentir.
—Pensé que tenían mucha confianza para decirse ese tipo de cosas. —Me miró con severidad, como si yo tuviera alguna culpa de aquello.
—La tenemos, madre. —Suspiré pesadamente, tratando de mantener la calma—. Sin embargo, él valora mucho su privacidad. No siempre me comparte lo que ocurre en su vida. Además, casi no coincidimos como quisiera hacerlo, madre; las cartas que nos enviamos rara vez llegan a tiempo, y cuando está en casa, prefiere quedarse en sus aposentos. No puedo hacer mucho para cambiar eso.
—Eres su hermana. Es tu obligación, Elennaia, saber lo que ocurre en la vida de tu hermano, por los dioses benditos. No importa si es bueno o malo. No podemos permitir que Calen caiga en manos de cualquier mujer. Sería un escándalo total. La alta sociedad nos vería como ropa vieja y desechada. Debe estar con una joven refinada, de clase, y lo más importante, de una familia a la altura de la nuestra.
—Lo siento, realmente no sé con quién está mi hermano, madre —recité, encogiéndome de hombros. Podría ser Neferity, lo que me parecía una idea terrible, a pesar de que ella fuera mi mejor amiga, o cualquier otra mujer en Valtheria—. Sé que Calen no me lo dirá. Y está en todo su derecho. Obligarlo no puedo, aun si quisiera hacerlo, madre.
—Mmm, solo espero que no sea como esa mujer. Todavía no logro entender que le vio mi Calen —habló con desdén, arrugando la nariz como si el simple pensamiento le resultara nauseabundo—. Mi hijo, un hombre tan de buena familia con esa... cosa horrenda. Creo que esa mujer lo hechizó para que le hiciera caso. No hay otra respuesta lógica.
Ambas guardamos silencio luego de sus palabras. Levanté la mirada a la ventanilla del carruaje cuando todo se volvió oscuro de repente. Estábamos pasando por un portal, usado por la mayoría en el imperio, porque acortaba la distancia entre un lugar a otro. Salimos en pocos minutos, aterrizando en un sendero adornado con flores. Al final, se alzaba el imponente palacio de Valtheria, con sus torres gigantescas y puntiagudas que rozaban el cielo, perdiéndose en las nubes grises.
Cuando bajé del carruaje, me quedé con la boca abierta, tratando de asimilar lo que veía. Todo lo que había imaginado sobre el castillo se quedó corto con la bendita realidad. Mi madre avanzó rápido. No reaccioné hasta que ella llamó mi nombre. Agarré los bordes de mi vestido y la alcancé lo más rápido que pude.
—Elennaia, avanza junto a mí —ordenó mi madre, mirándome de reojo—. No vienes a hacer turismo. Ya tendrás tiempo para eso después. Por ahora, camina. Tienes personas que deslumbrar.
Asentí, aunque la tentación de explorar por mi cuenta era casi irresistible. Sin embargo, la seriedad en su rostro me recordó que esa noche no era para juegos. Y por supuesto que no lo era. Estaba en el palacio más importante de todo el imperio, por no decir del continente, en el baile de presentación, que llevaba realizándose desde hacía muchísimas eras. Simplemente fabuloso y no quería arruinar nada hoy.
#9489 en Fantasía
#17684 en Novela romántica
#3286 en Chick lit
feminismo, mujerespoderosas, fantasía drama romance acción misterio
Editado: 05.01.2026