Juego De Brujas

CAPÍTULO 016

09 del Mes de Kaostrys, Dios de la Tierra

Día de Lluvia, Ciclo III

Año del Fénix Dorado 113 del Imperio de Valtheria

Unas horas habían pasado, y Calen estaba con la vista fija en el techo. Su mente daba vueltas a lo que había pasado, sin lograr entender qué había provocado ese ataque tan extraño en ella. Su respiración se acompasó con la de su hermana, hasta que notó un leve movimiento a su lado. Giró la cabeza, y ahí estaban esos ojos grises, mirándolo como si acabara de despertar de una horrible pesadilla.

—¿Cómo te encuentras? —le preguntó Calen, sentándose en la cama—. Estuviste inconsciente por algunas horas. ¿Estás bien, Naia?

—Me siento un poco… mareada. —Se tocó la frente, encontrándose con el paño seco, y arrugó el ceño—. ¿Qué fue lo que sucedió, Calen?

—¿No recuerdas nada? —La miró confundido.

Elennaia se removió, incómoda. Tragó saliva al sentir la garganta seca. Recordaba muy bien el sonido de la puerta de su habitación siendo abierta, la mirada de su abuelo, el tirón de su cabello, y luego, nada; su mente se había quedado en blanco. Alzó la mirada despacio, encontrándose con los ojos de Calen, que la observaban con una mezcla de preocupación y desconcierto. Negó con la cabeza, desviando la mirada hacia la puerta, consternada. No se sentía cómoda como para hablar de lo que había sucedido. Amaba mucho a Calen, y le tenía confianza, pero no quería decirle lo que su abuelo le había ocasionado.

—Llegaste a mi habitación histérica, dijiste que había alguien tocando la puerta —conversó Calen, algo rígido—. ¿No lo recuerdas?

—Yo… —Las palabras no querían salir. Se obligó a agitar la cabeza rápido—. Ciertamente… creo que tuve un mal día, hermano.

—De acuerdo. —Calen suspiró pesado—. Ya duerme.

—Ya debería volver a mi habitación. —Intentó ponerse de pie, pero Calen la sujetó del brazo, anclándola en la cama—. ¿Qué pasa?

—Quédate conmigo —susurró, con un tono suave—. El sol todavía no sale… así que duerme un poco más, ¿sí, hermana? Aquí. Conmigo.

Elennaia asintió y se recostó en la cama, mirando el techo. Sus ojos se humedecieron al instante; agradeció que nada brotara de ellos. Ninguno de los dos dijo nada durante los siguientes minutos, pero no era un silencio incómodo. Era de esos que decían más que las palabras.

Elennaia giró un poco y notó que su hermano también miraba al techo, con la mandíbula tensa y un brazo en la frente. Sonrió apenas, antes de volver la vista hacia arriba. Sentía una extraña opresión en el pecho, pero trató de pensar en otra cosa para no concentrarse en eso.

—¿Cuándo me hablarás sobre ella? —Elennaia rompió el silencio.

—¿Sobre quién? —Se apoyó en sus codos, levantando el dorso.

—Tu novia. —Lo observó, sonriendo—. ¿Cuándo lo harás?

Calen curvó una ceja y se dejó caer sobre la cama, cerrando los ojos con fuerza. No pudo evitar que el recuerdo de ella llegara a su mente: sus labios rojos, su nariz respingada, su cabello lacio de un rosado profundo, y esos ojos… esos dos colores tan imposiblemente hermosos. Se pasó ambas manos por el rostro, visiblemente irritado. No podía negar que esa mujer le encantaba demasiado, pero la odiaba, también.

—Es muy complejo —dijo al fin, mirándola con una leve sonrisa—. Ella… nos conocimos hace poco, un año, más o menos, el día del regreso a la academia. Cuando la vi… quedé completamente enamorado. No sé si eso del amor a primera vista existe, pero lo sentí. Aunque, si soy sincero, podría decir que fue un amor a primer choque.

—¿A primer choque? —curioseó, tratando de no reír.

—Al parecer no se dio cuenta de que estaba delante de ella y me empujó directo al lago que estaba cerca. Iba a enojarme, en serio, pero cuando nuestros ojos se cruzaron… dioses, todo eso quedó en olvido.

—¿Cuál es su nombre?

—Deletenaia —pronunció despacio, como si se tratara de un deleite imposible de olvidar—. Me parece el nombre más hermoso sobre la tierra. —Sonrió, pasándose otra vez las manos por el rostro. Le resultaba extraño hablar de sus sentimientos, pero en ese momento creyó que era lo correcto—. Aunque claro… tiene novio, y dice que no puede dejarlo porque “lo aprecia”, pero luego me dice que me quiere, y me confunde demasiado. No sé qué hacer para que ella me elija a mí.

Elennaia torció los labios.

—¿La quieres mucho?

—La amo. Mucho.

—Pero tú… —Ladeó la cabeza, sentándose en la cama, cubriendo su cuerpo con la sábana—. Te he visto haciendo eso con Neferity. ¿Cómo puedes decir que la amas, cuando hay otra mujer en tu cama, hermano?

Calen resopló.

—Es complejo, Elennaia. —Arrugó la nariz y se relamió los labios.

—Puedes decírmelo. Somos hermanos, no te juzgaré.

Calen reconocía que haberse metido con Neferity había sido un error enorme, pero no podía evitarlo; no cuando la mujer que amaba lo había rechazado tantas veces por seguir detrás de un hombre que no la valoraba. Le dolía profundamente que, a pesar de decir que lo quería, ella siguiera permitiendo que otro la tocara. Por eso él hacía lo mismo, porque en su mediocre mentalidad creía que así estarían a mano.




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