⚠️⚠️⚠️ Este capítulo incluye temas que podrían resultar perturbadores para algunas personas. Se recomienda discreción al continuar leyendo.
08 del Mes de Kaostrys, Dios de la Tierra
Día del Último Aliento, Ciclo III
Año del Fénix Dorado 113 del Imperio de Valtheria
Elennaia se quitó un mechón rebelde del rostro con una mano, y con la otra, se acomodó la falda lisa de tela. Sus botas pisaban las hojas secas del suelo mientras avanzaba con paso perezoso. Al llegar al lugar, Elennaia sacó la espada oculta en su bota negra, la misma que su padre le había dado hace unos meses, que tenía la admirable capacidad de aumentar o disminuir su tamaño según la necesidad requerida.
Después de observarla por unos segundos, comenzó a practicar, dejando que la frustración se filtrara en cada movimiento. Varios minutos después, Tarisys apareció detrás de ella, con los brazos cruzados, observando la brusquedad de todos sus movimientos. No hizo ningún ruido que pudiera desconcentrarla, solo analizó su cuerpo, cuidadosa.
—Pensé que venías conmigo para entrenar sobre el aire, no con la espada —comentó al fin, acercándose con una expresión neutral.
Elennaia se giró hacia ella, bajando la espada.
—Ya sabes cómo es mi padre, Tarisys —dijo, con frustración—. Insiste en que debo aprender a usarla. Ni siquiera sé por qué motivo.
—Tus clases de control del aire son tu prioridad en este momento. —Puso la mano en su hombro y le quitó varias hojas—. Tienes que subir al siguiente nivel si no quieres quedarte atrás.
Elennaia asintió con la cabeza, despacio, guardando la espada en su bota de un movimiento casi mecánico. No podía, ni quería darse el lujo de ser la única miembro de su familia incapaz de controlar su propio don. Su madre era una simple humana, sin nada especial en su sangre —a excepción de esa intensa fragancia que emanaba de sus rojas venas—, pero eso no la hacía menos fuerte que los demás, aunque pocas veces lo demostraba por el miedo al que dirían las malas lenguas. En cambio, su padre era un hechicero extremadamente poderoso, capaz de invocar magia sin la necesidad de usar un objeto. Kethany era un Elementista de fuego, mientras Ericthys estaba aprendiendo magia para ingresar al Colegio de Magia Florium pronto. El resto de la familia también poseía dones excepcionales, aunque rara vez los manejaban.
—No es solamente mover el aire, Elennaia —explicó Tarisys, arreglando sus brazos con movimientos delicados y una sonrisa leve—. Se trata de escucharlo. Sentirlo en todo tu cuerpo. Recuerda que es tu aliado, no algo que solo usas una vez y luego desechas en la basura.
Elennaia arrugó el rostro, asintiendo de arriba abajo con la cabeza, mientras Tarisys terminaba de acomodar sus brazos, como lo indicaba en el libro de Elementistas de aire que estaba encima de la mesa de piedra. Se obligó a respirar con calma, sintiendo la paz fluir por sus venas, y entonces el viento respondió. Elevó sus brazos con ayuda de Tarisys, y una ráfaga de aire en espiral comenzó a formarse a su alrededor, levantando las hojas secas del suelo y remolinos de polvo.
—Lo estás haciendo increíble, Elennaia —reconoció Tarisys, volviendo a sonreír apenas—. Sin embargo, querida, debes tener más control sobre tus movimientos. No estás buscando una tormenta, sino precisión. Mantén la calma. Sin presiones. Nadie te está correteando.
Elennaia apretó los dientes con fuerza, intentando moldear el aire, tal como Tarisys se lo había explicado con pequeños ejemplos. Le resultaba complicado, frustrante incluso, pero cuando por fin logró tomarle el hilo, la corriente se dirigió hacia donde estaba Tarisys, mirándola con una severidad inquietante. Antes de que Tarisys pudiera destruirla, Elennaia la elevó hacia el cielo y, por un breve instante, el aire pareció moverse con la fuerza y la voluntad de un ser humano.
—¿Ya lo estoy haciendo bien o sigo siendo una inútil? —examinó con tosquedad, relajando los brazos.
Tarisys asintió con la cabeza, desconcertada por el tono de voz.
—Mucho mejor, Elennaia. Sin embargo, aún te hace falta más para ser realmente buena. —Se acercó a ella—. El viento no es solo una de las fuerzas más importantes que rigen nuestro mundo; también es voluntad. Cuando empieces a entenderlo como lo harías con una persona herida, no tendrás que darle órdenes porque él sabrá lo que quieres y solo lo hará.
—Lo tendré en cuenta, Tarisys. —Inclinó la cabeza en una reverencia.
Tarisys era, sin duda, la maestra de aire más poderosa que había tenido el gusto de conocer en sus pocos años de vida. Entendía perfectamente por qué sus padres la escogieron a ella para ser su tutora y no a otra persona. Poseía una paciencia que no muchos tenían.
—Vamos a continuar. Elennaia. —Sonrió, dejando ver sus dientes blancos apenas torcidos—. Llegó el momento de enseñarte Levitación.
—Pensé que sería dentro de unas semanas —murmuró ella, con un gesto de confusión y emoción al mismo tiempo—. ¿Por qué ahora?
—Creo que es un buen momento para que aprendas. —Avanzó hacia la mesa con Elennaia siguiéndola de cerca—. Si logras unir estas dos técnicas, serás mucho más poderosa, no solo para protegerte de caídas, sino también para atacar a tus enemigos.
Elennaia se sentó frente a ella, tomando uno de los libros que le brindó, el cual contaba con dibujos sobre técnicas y la historia de la creación de ellas.
#10294 en Fantasía
#18904 en Novela romántica
#3433 en Chick lit
feminismo, mujerespoderosas, fantasía drama romance acción misterio
Editado: 20.01.2026