Juego De Brujas

CAPÍTULO 022

010 del Mes de Kaostrys, Dios de la Tierra

Día de la Tierra Quieta, Ciclo III

Año del Fénix Dorado 113 del Imperio de Valtheria

Elennaia carraspeó, llamando su atención.

—No digas nada, te lo imploro —murmuró Zareth, alzando la cabeza hacia ella, sin expresión alguna—. Ser cazador es una mierda, aunque no la pasarás tan mal siendo recluta… o eso espero. Realmente no recuerdo cómo se siente ser recluta. En mi época no era tan malo.

—¿Eso esperas? —investigó entre dientes.

Zareth se encogió de hombros.

—Antes de llegar al castillo, hay ciertas cosas que debes tener muy presentes. —Aclaró la garganta—. Para ser aceptada como recluta, deberás pasar la misma prueba que enfrentan todos los aspirantes, independientemente de la carrera que elijan cursar. —Clavó sus ojos en los de ella, pasando la lengua por sus dientes—. Pero antes de continuar, necesito saber algo muy importante: ¿ya tienes a tu Destino?

—Aún no —respondió Elennaia, en voz baja.

—¿Cómo es posible que aún no tengas a tu Destino? —preguntó, lleno de incredulidad, frunciendo las cejas—. Eres una Elementista de aire. Las posibilidades de que sus compañeros lleguen antes de los veinte son más altas que las de cualquier otra persona. Será que... —Entrecerró los ojos, apretando su lengua con nerviosismo—. ¿Te ha rechazado? Se sincera conmigo. No te juzgaré. He conocido a muchos que han sido rechazados, aunque, bueno... Ya están todos bajo tierra.

—Eso no es asunto tuyo —replicó Elennaia, ardiendo de enojo, y se acomodó mejor en el mueble—. Si me hubieran rechazado ya estaría muerta; nadie sobrevive más de una semana, ni los dragones. Pensé que tenías más cerebro. Me llevas siguiendo como un perro por varias semanas; con eso deberías entender que no me han rechazado, cazador. ¿Y cómo es que sabes que yo soy una Elementista de aire?

Zareth se rió asintiendo con la cabeza.

—Sé muchas cosas de ti, brujilla —susurró para que solo ella oyera.

—No me llames así —dictaminó entre dientes.

—Como te venía diciendo, brujilla… —susurró con maldad, remarcando la última palabra—, en el castillo tenemos algo llamado Finit. Es un desafío un tanto extremo, que pone a prueba nuestras habilidades físicas, mentales y, sobre todo, mágicas. Según cómo lo enfrentemos, seremos aceptados como reclutas y, adicional, asignados a una de las tres divisiones del castillo: las fortalezas donde viven todos. Es algo parecido a las Divisiones Mágicas, pero aquí no es por magia, sino por la cualidad que posee cada persona al enfrentar los desafíos.

Elennaia frunció apenas el ceño, interesada. La magia estaba dividida en tres ramas esenciales para mantener el equilibrio en el mundo: estaba la magia elemental, que nacía del vínculo con los elementos naturales: agua, tierra, aire, fuego. Todos los humanos que poseían ese tipo de sangre no la elegían, era al revés; los elementos los elegían a ellos como portadores desde antes que nacieran.

Luego venía la fantástica magia arcana, la más antigua y variada de todas. Quienes eran bendecidos con dominarla, podían ver más allá del tiempo, sentir el poder en sus manos, cambiar de forma o incluso alterar los recuerdos de los demás con facilidad. Pero como todas las cosas, ese poder poseía un precio alto que no muchos querían conocer.

Y, por último, estaba la magia dracónica, la más rara y peligrosa entre todas las magias. Solo podía nacer de ese vínculo sellado entre un dragón y un humano elemental. No era algo que se aprendiera, debía ser traspasado con cuidado, porque se requería de mucha confianza entre ambas partes para ser manejado. Una sola traición y se volvía un arma mortífera, incluso para su portador originario.

—¿Cuáles son? —indagó Elennaia.

—La Fortaleza de Estrategia, donde van los más astutos, aquellos que piensan con claridad antes de actuar impulsivamente, algo que evidentemente tú no eres, brujilla. Eres demasiado arrebatada, mujer.

—¿Disculpa? —Elennaia abrió la boca, ofendida—. Para tu información, tengo una gran capacidad cerebral para tomar buenas decisiones y, sobre todo, para pensar antes de realizar cualquier cosa.

—No me interrumpas, dioses. —Le dedicó una mala mirada, torciendo la boca—. Después está la Fortaleza de Furia, para los que confían en su fuerza bruta y habilidades en combate. Suelen ir los impulsivos, más que todo. Y, por último, la Fortaleza de Ónix, para los que prefieren moverse sin ser vistos y atacar en el momento preciso... Y definitivamente no tienes lugar en ninguna. ¿Qué haré contigo entonces? —Puso un gesto pensativo, con la mano en el mentón.

—¿Todas las personas, independientemente de su carrera, viven en las mismas fortalezas? —preguntó Elennaia, ignorando su insinuación—. ¿Y qué pasa si fallo en la prueba? ¿Voy a ser arrojada a la boca de un gran depredador? ¿Me sacarán del castillo? ¿Mi cuerpo explotará en mil pedazos, como en las historias de terror de los elfos?

—Una pregunta a la vez, mujer. —Suspiró, exasperado—. A los estudiantes los tienen separados entre sí en las mismas fortalezas, pero siempre se cruzan. Y no tienes muchas opciones, brujilla. O apruebas... o mueres en el intento. Déjame decirte que morir en la prueba es lo más humillante que puede existir. Aunque se supone que es una prueba para valientes, hay mejores formas de morir... Con más honor.




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