010 del Mes de Kaostrys, Dios de la Tierra
Día de la Tierra Quieta, Ciclo III
Año del Fénix Dorado 113 del Imperio de Valtheria
—Ten muy presente, D’Allessandre, que no vas a Rivernum a conseguir un novio o novia, mucho menos a tener sexo desenfrenado con los estudiantes —comenzó Zareth, arrancando las ramas que se interponían en su camino—. Ten mucho cuidado con eso si no quieres cargar con un hijo todavía. Eres muy joven para arruinarte la vida.
—Suenas tan ordinario diciéndome eso —dijo Elennaia, cubriendo su rostro con los brazos, evitando que las ramas que soportaban las manos de él le hicieran algún rasguño—. ¿Crees que voy a ese lugar a tener relaciones sexuales con alguien? Ni siquiera quiero estar ahí.
—Con los adolescentes como tú nunca se sabe, realmente. Son criaturas impredecibles… y hormonales. —Tomó una gran rama entre sus manos, la alzó y le hizo una señal a Elennaia para que cruzara.
—De hecho, tengo diecinueve —replicó, agachándose para cruzar entre la rama llena de espinas—. En Nisyla cumpliré veinte. Pensé que, siendo mi protector, al menos conocerías mi interesante edad, Zareth.
Zareth chasqueó la lengua, sin agregar nada más, y siguió caminando, con Elennaia detrás, quien se apuró hasta quedar cerca de él. Durante todo el trayecto, no se dirigieron ninguna palabra, mucho menos se miraron, hasta que se detuvieron en un claro rodeado de árboles y arbustos que se movían con la fuerte lluvia. Zareth se giró hacia ella, encontrándose con la mirada desconcertada de Elennaia.
—Quédate aquí hasta que el tren venga —indicó Zareth, con el rostro inexpresivo, apartando ramas y hojas del uniforme de Elennaia y de su cabello arruinado por la lluvia—. No te unas a alianzas baratas con nadie. Terminarás con una daga enterrada en la espalda. Las personas que vienen a Rivernum solo quieren salvar su propio pellejo.
—Yo… está bien —susurró, bajando la mirada a sus pies.
Zareth llevó la mano a su muñeca y se quitó uno de los brazaletes que siempre llevaba consigo: uno gris, casi transparente, con pequeñas piedras colgando a su alrededor. Tras observarlo unos segundos, dudando, lo cerró bruscamente en la muñeca de Elennaia y lo ocultó bajo la manga de su chaqueta. Elennaia lo miró al instante, confundida. Bajó la mirada a su brazo, sintiendo la presión del metal.
—¿Qué es eso? —examinó Elennaia, viéndolo a él.
—Te ayudará en la prueba. No lo pierdas. Es solo un préstamo. —Tensó la mandíbula—. Entonces, D’Allessandre, que nuestros dioses estén contigo en cada momento. No te asustes por lo que veas o escuches y, sobre todo, nunca menciones tu verdadero nombre. —Le dio un apretón en el hombro—. Corre tan rápido como puedas cuando sientas que tu cuerpo no da más. No fuerces nada. Sobrevive. Siempre.
—Yo no… yo no sé correr —informó, asustada.
Zareth soltó una risa baja, viéndola confundido.
—Deberás intentarlo, D’Allessandre. —Puso la mano en el cabello de Elennaia y le quitó la última hoja—. En Rivernum correrás demasiado. Sobre todo, en las mañanas, después de despertar, brujilla.
—Espera, no te vayas aún. —Lo tomó del brazo, con manos temblorosas—. Si voy a estar en este lugar, necesito mis cosas: mi ropa, mis cremas, mis perfumes, las compresas sanitarias. ¿Si llega mi ciclo menstrual, qué haré? —habló tan rápido que Zareth apenas la entendió—. Y mi cepillo de dientes, no quiero estar con mal aliento todos los días. ¿Qué pensarán de mí los otros? —Sacudió la cabeza, asqueada por la idea—. Además, dinero… debes comunicarle a mis padres que me envíen muchísimo oro. No puedo estar sin nada de eso.
—¿Ropa, cremas, perfumes? —preguntó con ironía, cruzándose de brazos—. ¿Acaso planeas abrir una tienda de lujo, mujer? Si te sirve de consuelo, la mayoría de esas cosas no las necesitarás en Rivernum.
—Son cosas esenciales para la vida de una mujer. —Abultó los labios, nerviosa—. ¿Por qué los hombres no pueden entender algo tan básico? La piel se reseca muchísimo sin cremas, y no pienso permitir eso. Con este sol acabaré llena de quemaduras horribles. Y el perfume… necesito oler bien siempre. ¿Y si hay un baile? ¿Qué se supone que voy a ponerme? No pienso ir con uniforme. Es espantoso y nada elegante.
—D’Allessandre, vas a estar en un lugar lleno de personas dementes, ¿y te preocupas por un baile inexistente? No me estés jodiendo, mujer.
—Se puede dar una ocasión. No creo que sean tan anticuados en ese lugar para nunca hacer uno. Se hacen en todas las academias, Zareth.
—Pero la diferencia de Rivernum es que no es solo una academia.
—¿Si no es solo una academia, entonces qué es?
—Es un centro de adiestramiento. Un lugar donde se forjan militares, no simples alumnos como los de esas academias que conoces.
—Eso suena exactamente como una academia —replicó Elennaia.
—No lo es. —La irritación comenzaba a notarse en su voz—. En una academia común te enseñan; en Rivernum te moldean. En una academia común te instruyen; en Rivernum te rompen y te reconstruyen, una y otra vez, mujer. Rivernum no es para debiluchos. No aprenderás para aprobar exámenes, sino para sobrevivir. Bueno… también aprenderás a aprobar exámenes, pero ese no es el puto punto.
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Editado: 05.01.2026