Juego De Brujas

CAPÍTULO 028

013 del Mes de Kaostrys, Dios de la Tierra

Día de la Vida Nueva, Ciclo III

Año del Fénix Dorado 113 del Imperio de Valtheria

Destenaia se apresuró hacia el túnel, segura de lo que haría ahí dentro. Elennaia, en cambio, sintió que sus pies se clavaban en la tierra, impidiendo cualquier movimiento. El mundo pareció dar vueltas y, de pronto, ya no había nadie en el coliseo. Solo el viento pasando con una fuerza sobrehumana, moviendo su cabello a un lado; las estatuas de los dragones; y el proyector. Sus manos se apretaron en puños. Respiró agitadamente y sacudió la cabeza, arrastrando los pies hacia ese túnel que la miraba como una boca hambrienta, ansiosa por devorarla. El olor a tierra mojada la envolvió al poner un pie dentro, y no encontró rastro de las personas que habían entrado antes que ella.

Se abrazó así misma, tensa. Su mirada recorrió las paredes marrones, apenas iluminadas por antorchas metidas en columnas de piedra. Había relatos tallados en símbolos y figuras: guerreros en combate, dragones devorando humanos, dioses enfrentándose entre sí. Historias que jamás había visto en los libros. Pasó la mano por la pared y un cosquilleo le envolvió los dedos, como si la piedra respirara fuerte.

Giró hacia el otro lado, donde otras pictografías mostraban sacrificios humanos: cuerpos desmembrados, fuego ardiendo, personas arrodilladas frente a las llamas que se alzaban tal cual serpientes asesinas. Frunció el ceño, pasmada. Aquello parecía una colección de los secretos más oscuros que el mundo prefería olvidar.

Se detuvo un momento, respirando profundo, y luego siguió caminando hasta llegar a la puerta gruesa de hierro decorada con un fénix ascendiendo en el centro. Llevó la mano al picaporte y la abrió, recibiendo como bienvenida una ráfaga de aire y el fuego que salía de entre los troncos de metal que estaban esparcidos por todo el suelo.

El miedo que sintió fue tanto que soltó un chillido que resonó por todo el lugar, retrocediendo de golpe. No se había imaginado ese tipo de recibimientos. Bajó un poco la cabeza, viendo lo que le esperaba y tragó saliva con fuerza. Agitó un poco la cabeza, totalmente paralizada. Y así duró varios minutos, planteándose lo que debería hacer, hasta que dio un brinco sobre un tronco con cuidado para no terminar siendo rostizada por el fuego. Luego puso sus pies temblorosos sobre el que estaba delante que, por desgracia, se sacudió hacia un lado, casi haciéndola derrumbarse. Para su suerte, pudo mantener el equilibrio.

Y así, Elennaia continuó hasta que se detuvo en uno, girando apenas la cabeza hacia el castillo, el cual ya no estaba por ningún lado. Frunció el ceño, volviendo a mirar al frente, y llevó aire a sus pulmones, que ardieron con intensidad. No había luz en el bosque más que la que salía bajo sus pies, por lo que la visión de todo era demasiado limitada.

Torció los labios, debatiéndose mentalmente en sí entrar o no en ese bosque tan oscuro. Entonces, un sonido grotesco resonó a su espalda. Un sonido que no parecía ser humano. Se giró lo más rápido posible hacia el lugar, con la respiración contenida. Pensó que no había nada, pero, poco a poco, fue distinguiendo la figura de algo que se movía perezosamente por encima de los troncos, casi levitando.

Su cuerpo se paralizó, sus manos comenzaron a transpirar y su rostro se arrugó en una mueca de pánico verdadero. Saltó rápido los troncos en dirección hacia el bosque, dejando de lado su pelea mental. No obstante, la tierra llegó demasiado rápido. Se desplomó en el suelo, manchando su uniforme y su rostro de barro. Escupió todo lo que se había adentrado en su boca. Sin embargo, no se quedó maldiciendo por eso, sino que se levantó y comenzó a correr dentro de esa oscuridad, donde no podía observar nada que necesitara. Las ramas puntiagudas iban golpeando su rostro, dejando marcas rojizas en su perfecta carne.

Un tropiezo contra una roca pequeña la hizo caer de nuevo. Giró por un barranco hasta que finalmente su cabeza se estrelló contra otra roca mucho más grande, sacándole un jadeo fuerte de dolor. Posicionó la mano en su frente, sintiendo ese líquido espeso bajar, y se puso de pie con dificultad, forzando los ojos para mirar algo, pero la negrura era lo único que dominaba el ambiente. Se tambaleó, dando un paso.

Intentó sostenerse de algo, pero no había nada ahí que le proporcionara equilibrio. De pronto, el viento se levantó con fuerza, como si la naturaleza misma se hubiera alterado por alguien o algo. Retrocedió, apenas a tiempo para sentir cómo una flecha de fuego se clavaba en la tierra, justo donde habían estado sus pies segundos antes.

De manera lenta, elevó la mirada al cielo, notando como estaba completamente enrojecido por las muchísimas flechas de fuego que se dirigían en su dirección, y un escalofrío le recorrió el cuerpo desde los pies a la cabeza. De su boca escapó un alarido de pánico, y cuando estuvo a punto de huir, un destello de conciencia le atravesó la mente, recordándole sus habilidades con el aire, que le permitían dominarlo a su antojo. Rápidamente, subió las manos y, tomando aire, apretó los puños con toda la fuerza que poseía, sintiendo una electricidad bajar desde su cabeza hasta sus manos, y al segundo el viento solo se detuvo.

Las flechas quedaron suspendidas en el aire, como si el mundo se hubiera detenido de golpe en su contra, tragándose la oscuridad. Elennaia suspiró con alivio de que hubiera funcionado y dio varios pasos hacia atrás, los suficientes para que las flechas no la atravesaran al abrir las manos. La tierra se levantó, sacándole tosidos ásperos, y al llevar nuevamente la vista al frente, se encontró con todo incendiado.




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