¿jugamos?

Ven conmigo... (Precuela) Parte 5

Eran más de las tres de la mañana. Todos en la casa Stelling reposaban en un profundo y acogedor sueño. Mercedes más que nadie dormía placidamente. Había tenido un largo y estresante día en el trabajo, llegó con los pies hinchados, los hombros y espalda tensos y un dolor de cabeza que no la había dejado en paz en todo el día. Llegó a ser tan grave, que dejó que los niños ordenaran pizza a domicilio con tal de no levantarse de la cama, pero por fin había logrado consciliar el sueño, eso hasta que su teléfono comenzó a vibrar descontroladamente. Mercedes somnolienta, tanteaba con su mano la mesita de noche en busca de su teléfono y cuando miró la pantalla se extrañó al ver quién era, contestó con un mal presentimiento el aparato.

— Si, ¿Diga?— habló estrujando sus ojos para tratar de quitarse el sueño.— Espera, habla más despacio no logro entenderte... ¡¿Qué ...?! ¿Estás bromeando verdad?— dio un brinco al escuchar la noticia y se le esfumó todo rastro de sueño.— voy para allá, me llevaré a los niños. Dame la dirección... Sí, sé donde queda— Mercedes colgó el teléfono y se levantó corriendo de la cama. Se aseó a medias en el baño, se puso lo primero que encontró en su closet y salió a la habitación de Sebastian y Víctor y se dirigió con cautela a la cama del mayor y trató de despertarlo lo más delicadamente posible, pero los nervios no la dejaban y termnó haciendolo de una forma poco sutíl.

—Víctor, Victor— susurraba medio alto mercedes mientras lo zarandeaba un poco

— Mamá... ¿qué pasá...?— preguntó el niño extrañado por la presencia de su madre a tan altas horas de la madrugada. Bastian se levantó también al percatarse de los murmullos y la luz que entraba por la puerta. 

— Levántense ambos, tenemos que ir al hospital de inmediato— explicó Mercedes encendiendo las luces de la habitación y sacando ropa del closet.

— ¿Al hospita...l?¿para qué...?— preguntó Bastian. 

— La tía Marta tuvo un accidente en su departamento. Está en terapia intensiva.— Ambos chicos se dirigieron una mirada de sorpresa y se volvieron nuevamente a su madre.— Un corto en el cableado eléctrico empezó un incendio que llegó hasta la bombona de gas. Lograron evacuar a todos en el edificio, pero Marta quedó atrapada en su habitación demasiado tiempo antes de que pudiesen rescatarla, tiene graves quemaduras en todo el cuerpo, no saben si sobrevivirá. Ivan está con ella en éste momento.— informó Mercedes. Todos se prepararon y se fueron apresuradamente al hospital. 

— Espérenme aquí— dijo la madre de ambos niños antes de caminar al despacho de recepción. Víctor y Bastian se sentaron en unas sillas de espera a un costado del pasillo, el lugar estaba desierto y desprendía una atmósfera de frialdad que les ponía la piel de gallina a ambos.

— ¿Crees que logrará salvarse?— inquirió Bastian melancólico.

— Si te soy honesto, dudo que lo haga, sino Ivan no estuviese aquí, sabes cómo es. — el pequeño castaño asintió. Víctor tenía razón, tenía que ser algo de vida o muerte si su primo Ivan estaba allí. Era el único hijo de Marta, pero no vivía con ella y tampoco le prestaba mucha atención, la mayoría del tiempo solo se aparecía si era por asuntos legales, de dinero o si ocurría un accidente grave como era el caso, pero era una buena persona a pesar de todo.

—  No quiero que la tía Marta se muera...— expresó Bastian con los ojos envueltos en lágrimas que limpió rápidamente. Ambos chicos eran muy cercanos a la mujer.

— Yo tampoco...— concordó Víctor.

— Sebastian, Víctor, vamonos—  llamó su madre acercándose a ellos, tomó a Victor por una mano y a Bastian por la otra y se adentró hasta el ascensor del fondo, el cual se detuvo en el quinto piso.

Mercedes inspeccionó la dirección que le había anotado la enfermera en un papel, dio un par de giros en los pasillos hasta llegar a un ala apartada del resto, bien iluminada y de un impecable color blanco. Fuera de una de las puertas se encontraba un hombre alto, moreno y de ropa elegante pero sin llegar a ser formal. Estaba revisando su celular sin prestar atención a su entorno ni a la presencia del trio que se acercaba.

— Ivan—   Llamó Mercedes captando la atención del incauto hombre y de inmediato comenzó su interrogatorio nerviosa— Ivan, ¿Cómo está?¿Qué han dicho los médicos?¿Ya se despertó?

— Hola tía. No, no ha despertado, los médicos no dan buen panorama al respecto—  echó una mirada rápida a los hermanos Stelling y se volvió a Mercedes—  Tía, ¿Podemos hablar en privado?—  Mercedes, consciente de lo delicado de la situación asintió.

— Niños por favor espérenme un momento aquí, no se vayan muy lejos y no hagan ruido.—  pidió la mujer apartándose un poco con su sobrino. Ambos castaños se sentaron en el piso y recostaron sus espaldas en la pared junto a la habitación de Marta. Solo estaban ellos, su madre e Ivan en el largo y frío pasillo.

Por la expresión de su madre y las palabras de Ivan, ya podían sin mucho esfuerzo deducir el fatídico pronóstico. Ninguno de los dos era tonto, sabían lo que signicaba la muerte de un familiar querido y lo que conllevaba. Pero aún así, Bastian hizo una pregunta que pocos niños de su edad se harían.

— Víctor... ¿De verdad existe el cielo?—  preguntó Bastian abrazando sus rodillas.

— Quien sabe, algunos dicen que si, otros que es pura mentira, nadie sabe en realidad. Cada quien cree lo que quiere creer —respondió Víctor subiendo el cierre de su chaqueta, comenzaba a hacer frío.— pero lo cierto es que a algún sitio deben ir las personas cuando se mueren, dudo que simplemente desaparezcan para siempre.



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En el texto hay: misterio, historiacorta, juegosdiabolicos

Editado: 01.07.2019

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