—¿Qué hiciste qué? —Gritó Caroline llamando la atención de todos los presentes en la cafetería.
Dios santo, alguien que la silencie.
La cabeza me palpitaba casi al mismo ritmo que el corazón. Beber alcohol tiene efectos secundarios y es importante mantenerlos en mente en momentos como este que quiero morir y renacer al lado de Stefan Salvatore.
—Caroline por favor, si puede ser que no se entere toda la cafetería. —Le reclamé yo, pidiéndole con los ojos discreción.
—Perdóname por gritar al enterarme de que mi mejor amiga ha empezado una clase de juego masoquista con Charles Brown. ¡Es que es de locos, de locos! —Siguió gritando ella pero esta vez a un tono de voz un poco más razonable.
Me dieron ganas de pegarle con la bandeja de la comida para que se callara.
Sí, es mi mejor amiga, y sí, la adoro con toda mi alma, pero eso no quita el hecho de que su voz sea insoportable cuando grita y se emociona.
—Necesito detalles, Raquel. Solo así conseguirás mantenerme callada.
Todo sea por qué te calles.
—Fue en el armario. Básicamente le dije que jamás estaría con alguien como él. Él se ofendió y me dijo que cómo podía estar tan segura. Así surgió la apuesta.
—¿Y se puede saber por qué demonios tú, Raquel "no busco problemas" Cabello aceptó su juego?
—Estaba borracha, así que no pensaba en su plenitud. Y de verdad creo que tengo posibilidades de vencer en este juego.
La verdad es que le había estado dando vueltas al asunto y no era tan imposible.
Charles era un hombre frío y arrogante de cara al mundo, pero yo le conozco de toda la vida. Sé cómo es en la intimidad y conozco otras caras de él que se esfuerza por ocultar, lo cual me da una leve ventaja respecto al resto de personas que ya han tratado de enamorarlo antes.
Además, los hombres siempre caen antes que las mujeres en el juego del amor. Está comprobado científicamente.
—Bueno, entonces nos tendremos que asegurar de que ganes. —comentó ella completamente convencida.
Y por esta clase de cosas es que Caroline era, sin lugar a dudas, mi mejor amiga.
—Deberás pactar unas reglas básicas contigo misma para procurar no perder de vista el objetivo en ningún momento.
—¿Cómo cuáles?
—Mantener las distancias dentro del juego, abrirte a él solo lo necesario. No empatizar con él demasiado o caerás en su juego. Ah, y no follar con él. Dicen que hay una especie de enganche emocional después del sexo o no sé qué mierdas.
Mis mejillas se pusieron rojas y Caroline se disculpó con unos "Lo siento, lo siento" que sabía que no sentía par nada.
No tienes de que preocuparte, querida amiga, eso de ahí abajo esta virginal.
—Si consigues enamorar a Charles Brown será épico, nunca nadie lo ha conseguido.
Lo sé, y precisamente por eso sé que de alguna manera estoy jugando con un fuego demasiado peligroso y temo quemarme.
***
Caminé por el pasillo. Mis clases habían terminado pero Caroline, sin embargo, tenía refuerzo de Matemáticas, por lo cual tendría que volver a casa completamente sola hoy.
Es lo malo de no tener una vida social lo suficientemente amplia como para poder unirme a otros grupos de gente o irme con algún otro amigo. No es que sea una chica tímida en sí, simplemente no me gusta meterme en los grupos de los demás cuando apenas los conozco. Esa es la mayor diferencia entre Caroline y yo: ella es extrovertida, habla con todo el mundo y se mete en todo, la llamen o no. Por eso encajamos tan bien.
Un claxon resonó por todo la entrada y desvié mi atención hacía el coche del que provenía el sonido para fulminarlo con la mirada.
—Cabello. —Pronunció él con una sonrisa ladeada y perfecta.
Me gustaría decir que no era un chico tan atractivo, que era sencillamente uno más del montón sobrevalorado por un montón de adolescentes hormonales. Pero es que, en realidad, el chico estaba buenísimo de los pies a la cabeza.
Había visto su evolución desde que era un niño y los años lo único que habían hecho era engrandecer su ya natural belleza. Su pelo castaño siempre lo llevaba despeinado hacía un lado, su cara no tiene ni una sola imperfección a la vista de los ojos humanos, su sonrisa es blanca como la de los anuncios de Colgate y ni hablar de sus músculos definidos.
Un ángel.
Literalmente un ángel.
Una pena que hasta los ángeles más hermosos se unan al equipo de Satanás.
—Brown.
—¿Te llevo?
—Preferiría que no, gracias.
—Tenemos una conversación pendiente.
Gracias por el apunte, estaba tratando de olvidarlo.
—Tengo mucha tarea.
—Veo que aún sigues poniendo la excusa de los estudios cuando algo te pone nerviosa o quieres evitar una conversación.
Abrí mi boca indignada. ¿Cómo osaba...? Yo no usaba excusas. Por lo menos no tanto como antes.