Auch.
Qué dolor de cabeza más insoportable.
Me muevo incómoda en la cama al sentir un fuerte pinchazo en la cabeza y procuro girarme hacia el otro lado para no sentir los rayos de sol a través de mis parpados cerrados.
Espera, ¿rayos de sol? ¿Cómo que rayos de sol?
Abro los ojos lentamente y observo a mi alrededor, desorientada. Esta habitación no es mía, carece de cualquier tipo de personalidad y parece más bien una habitación para invitados debido a su reducido espacio y escasa decoración.
¿Cómo he acabado durmiendo aquí?
Hago un esfuerzo por recordar los sucesos de la noche anterior en la fiesta pero no consigo nada más que secuencias borrosas de conversaciones con desconocidos. Recuerdo el sentimiento de diversión y libertad pero no el porqué de estar pasándomelo tan bien con toda esa gente.
La puerta de la habitación se abre y Charles entra con una bandeja blanca entre sus manos. Mis ojos se abren en sorpresa. Viste la misma ropa que anoche, los ojos se le ven levemente achinados (supongo que por el sol que entra por la ventana directamente a sus ojos o porqué está recién despertado al igual que yo) y tiene el pelo despeinado hacia el lado derecho en una manera terriblemente irresistible para una pobre alma inocente como la mía. Mis ojos se dirigen a la bandeja entre sus manos y observo que trae un recipiente de cereales con leche junto con un Nesquick ya batido.
—Te he traído el desayuno, supuse que tendrías hambre. —pronuncia él dejando la bandeja entre mis piernas. ¿Está siendo amable conmigo sin aparente motivo alguno? ¿Qué hice anoche para que esto esté pasando?—. Que mal despertar tienes, te ves como si te acabaras de enterar que se ha muerto tu mapache.
Le miro con horror y acusación en mis ojos, queriendo matarlo —en sentido literal— con mi mirada. Aquí está el Charles Brown que yo tanto amo y adoro, atentos a mi ironía.
Era demasiado maravilloso para ser real.
Hago ademan de levantarme de la cama —y de hecho ya tengo un pie fuera de esta— cuando me doy cuenta de que estoy completamente expuesta de cadera para arriba. Y con expuesta me refiero a que estoy en sujetador, con una de mis tetas casi fuera de la copa por mis constantes movimientos en la cama.
¡Ay Dios mío! ¡Ay Dios mío!
Mi cara debe reflejar el horror que estoy sintiendo en estos momentos porqué el me dice: —Tuvimos una muy buena noche, ¿no recuerdas?
Niego con la cabeza repetidas veces aún más aterrada que hace tan solo unos segundos.
Él prosigue: —Ay Charles, dale ahí, continua, ¡ah, ah! —imita mi voz poniendo una voz excesivamente aguda y mis ojos se abren como platos.
¿He...? ¿Hemos...?
Ay dios santo, ¿porqué bebí tanto anoche? ¿Porqué me permití tal descontrol? Yo, una chica pura (o bueno, casi pura).
—Tengo las marcas de tus uñas en mi espalda aún de lo mucho que te clavaste a ella. Parecía que tenías miedo de caerte de la cama, aunque no te culpo.
Siento mi presión arterial bajar hasta puntos inimaginables y mi mundo entero derrumbarse bajo mis pies. No me puedo creer lo que está diciendo, me niego a creerlo. Ni siquiera borracha caería ante su juego. ¿Verdad?
—¿Tú y yo...? Imposible. —respondo yo, más para convencerme a mí que para hacérselo llegar a él.
—Nada es imposible, cariño. Seré un idiota insoportable, pero tengo unos genes condenadamente buenos. Tú misma lo admitiste: "Tienes un muy buen culo" —Vuelve a poner esa voz aguda y alarga la u de "muy", repitiendo una de las cosas que seguramente le dije anoche.
No lo recuerdo, así que no soy capaz de negar decir tal cosa. La verdad es que si lo dije tampoco es como que mintiera. Tiene un muy buen culo.
Estoy a punto de echarme a llorar por la situación. Esto no tenía que ser así, quería que fuera algo especial. Y si no era especial quería por lo menos recordarlo, porque aunque las primeras veces no sean las mejores siempre son las primeras. Y yo quería que mi primera vez fuera algo digno de conservar en mi mente por lo menos.
—Estarás contento, te llevaste a la virgen. ¡Todo un logro para el gran Charles Brown!
Ahora es su cara la que parece un poema. La sorpresa se tatúa en cada pequeña facción y su boca se abre en sorpresa. ¿Tampoco le dije que era virgen anoche antes de cometer mi grave error? ¿Pero qué pedo tenía en la cabeza?
Y entonces me doy cuenta: me está mintiendo. Está haciéndome una broma de muy mal gusto solo porque él es Charles Brown y le apetece hacerlo.
De repente me siento furiosa con él. ¿Por qué? No lo tengo claro. Alomejor es que me duele la cabeza y él me ha hecho llegar al límite de mis emociones asustándome para después enterarme de que todo es un engaño. No lo tengo claro, pero camino hacía donde él esta y le miro fijamente a los ojos tratando de intimidarle con mi mirada. Ni siquiera me importa estar solo en sujetador y que él pueda percatarse de ello si baja la mirada.