Jugando a perder

Capítulo 1

No hay tiempo para gente toxica

Brandon

Ahí estaba yo, con la mirada fija en un punto y los pies plantados en el pavimento. Sujetaba los brazos de mi mochila con tanta fuerza que temí que se despegaran. Las personas pasaban como segundos en un cronómetro, pero yo seguía inmóvil.

Ahí estaba yo, pero sabía que ya no estarías tú.

El reloj parecía detenido, y mis hombros dolían de tantas veces que desconocidos chocaron contra ellos. Miro mi pantalón carmesí, tan distintos del caqui que usaba en mi antiguo instituto. Hace meses me prometí no comparar mi vida nueva con la pasada. Se supone que estoy en otro estatus, que debo relacionarme con personas diferentes. Y, aun así, lo único que quiero es volver a sentarme en ese pupitre desgastado, manchado de palabras obscenas, reírme mientras él vive su vida desde la primera fila, ignorando por completo mi existencia.

Un estruendo me saca de mis pensamientos. Giro la cabeza rápidamente y veo un bulto en el suelo. Ha vomitado cuadernos, cartucheras y hasta un botiquín de emergencia. Mi primer impulso es ayudar, pero mi costumbre de observar me detiene justo cuando alguien —no, ÉL— se acerca con esa sonrisa que compra el mundo y deja propina. Se agacha junto a la chica.

La maraña de cabello rojizo de ella brilla como rayos de sol, alza la cabeza y se encuentra con un rostro angelical (lo que imagino sería uno, si existieran los ángeles). Él le devuelve una sonrisa cálida, de esas que abrazan. En un abrir y cerrar de ojos, los cuadernos han desaparecido del pavimento. Él le ofrece la mano, ayudándola a levantarse. El mundo, que por un instante pareció detenerse, retoma su curso. Ella se marcha con las mejillas sonrojadas, mientras él ni siquiera la mira partir.

  • ¿Estabas ahí mirando todo? —pregunta una voz a mi lado. Frida, mi mejor amiga, está lo suficientemente cerca como para distinguir que ha usado su labial favorito —. No puedo creer que no me hayas ayudado.
  • Y bien que te las apañaste, ¿no?

Intenta ocultar su emoción, pero ambos sabemos que siempre ha soñado con vivir una escena de película cliché.

  • ¿No ha sido extraño? —pregunta mientras acomoda su cabello, que parece lava derretida—. Ni siquiera me saludó.
  • Intentaba ser un caballero de brillante armadura. Vamos, llegaremos tarde al aula el primer día.

Frida siempre ha sido el tipo de chica que parece destinada a protagonizar momentos así, nos conocemos desde el jardín de infancia. Cuando mis padres dijeron que nos mudaríamos a la ciudad y que asistiría a otro instituto, sentí que mi corazón se rompía, sabía que Frida no podría pagar la matrícula. Vamos, ni siquiera nosotros hubiéramos podido, de no ser por la lotería que ganó papá. Por suerte, Frida tenía las mejores calificaciones del politécnico y sus padres aceptaron dejarla dormir algunos días en mi casa si conseguía la beca. Así terminamos en un instituto privado donde no conocemos a nadie.

Recorrer los amplios y pulcros pasillos me resulta extraño, Frida parece no notar mi incomodidad; no ha dejado de hablar del chico que la ayudó.

No sé si les pasa a otros, pero yo me pregunto constantemente cuándo dejaré de ser espectador en mi propia vida. ¿Cuándo empezará mi historia?

  • Oh Dios, es él —dice Frida en un susurro ahogado. Su voz es la de un gatito curioso—. Está justo detrás de ti, pero no mi...

Antes de que termine la frase, giro bruscamente. Mi mirada se enfoca en un grupo de estudiantes que ríen al otro extremo del pasillo, es ÉL, pero, a diferencia de quienes lo acompañan, su expresión es seria. Al segundo vistazo, me doy cuenta de que las risas no son genuinas; solo buscan agradarle. Él arquea una ceja y revisa su Apple Watch de última generación.

  • Te dije que no miraras. ¡No mires tan descaradamente!
  • No terminaste la frase.
  • Te odio, Brandon.
  • ¿Podemos ir al aula? —pregunto, cansado del tumulto de estudiantes que parecen haberse reencontrado tras unas vacaciones perfectas.
  • No sabemos dónde está. Seguro que él puede ayudarnos, ¿no es un superhéroe? —expresa, mientras se adelanta. Sé que intenta parecer valiente, pero la conozco lo suficiente para saber que está aterrada.

Me veo obligado a seguir pisándole los talones. Las expresiones alegres en los rostros del grupito cambian drásticamente a una agria, y por alguna razón siento que nosotros dos no somos más que unos payasos de un circo barato que han entrado a comprar zapatos en GUCCI. Incluso el uniforme les queda mejor a esta gente; una chica lleva bastante maquillaje, mientras que los tres chicos lucen impecables, con las camisas planchadas y los pantalones a la altura de los tobillos. El "carita de ángel" observa a Frida de los pies a la cabeza y, por alguna razón, en su rostro no hay un ápice de la sonrisa que le vi dirigirle hace unos minutos. Todo en ellos parece ser desprecio, como si fuéramos cucarachas que se interponen en su camino, las cuales no matan para no manchar sus zapatos de diseñador.

  • La caridad es los viernes, ¿no? —unos labios teñidos de rojo apresuran las palabras antes de que se infecten dentro de su boca.
  • ¿Qué? No, no somos de la caridad —Frida se queda estupefacta, intenta que el pelirrubio le sostenga la mirada, pero ya ha pasa de nosotros y se observa las uñas con determinación—. Oye, ¿no me recuerdas? Nos hemos encontrado hace unos minutos en la entrada. Soy la chica de los cuadernos y tal.
  • Ju. Esta piba, todos llevan cuadernos, ¿no? —la misma muchacha vuelve a tomar la palabra.
  • Melody, tranquila —la mano en el hombro de la chica hace que de dos pasos atrás y se quede muda, observando a Frida con ojos cargados de ferocidad—. Nunca te he visto en mi vida, niña. No tengo la más mínima idea de lo que me hablas y, para ser sincero, estás dañando la vibra que tenemos aquí.
  • Yo…
  • No es necesario que le hables de esa forma —me veo obligado a intervenir cuando Frida está a punto de echarse a llorar delante de estos inútiles—. Mi amiga solo pensó...
  • ¿A quién le importa lo que piensa su amiga? —la pregunta parece ir dirigida a nadie, pero sus compañeros responden a coro que a nadie.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.