Jugando a ser papá

I. Corazón roto

Observo la hora en mi celular, maldiciendo el minuto que pasa igual que el anterior sin saber nada de ella. Es lunes y en teoría debería de encontrarla en la universidad ya que el fin de semana no hablamos y no sabría decir si Ann se encuentra bien.

La espero en la entrada del campus, antes de entrar a mi facultad. Anel estudia nutrición, mientras que yo me encuentro en mi segundo año de Ingeniería en Desarrollo de Videojuegos. Ambos asistimos a la misma universidad, por lo que podemos vernos al entrar o salir de clases.

Anel ha sido mi amiga desde que cursábamos la secundaria y desde entonces hemos permanecido juntos contra el mundo. Decidimos salir de nuestra pequeña ciudad y venir a la capital, donde podríamos estudiar las carreras que elegimos sin separarnos demasiado, y aquí estamos, cumpliendo nuestros sueños, juntos.

—Conozco esa mirada —presume Dylan, mi amigo y compañero de habitación, sacándome de mis pensamientos mientras observo el móvil sin prestar verdadera atención—. Ya dile lo que sientes, hombre. Esa chica te tiene dando vueltas la cabeza.

—No sé de qué estás hablando, amigo. Solo estoy esperando un correo importante.

—¿De ella? —cuestiona enarcando una ceja.

—¿De quién? —Me hago el desentendido—. Ya deja de molestar, Ann no es el centro de mi mun…

«¡Carajo!».

—¡Ajá!, ahí está. —Me señala con su dedo índice, estirando una enorme sonrisa burlona en su rostro—. Que conste que yo no he dicho nada, has sido tú.

Me maldigo mentalmente por haber cometido tal imprudencia, pues, si antes ya se burlaba de mí, ahora le he dado las armas suficientes para molestarme el resto del año con sus suposiciones sobre Ann y yo. Aunque, no es que esté tan equivocado. En realidad, sí estaba pensando en ella; hace dos días que no sé nada suyo y eso es raro, no suele desaparecer de ese modo.

«¿Le habrá pasado algo?», me pregunto con los nervios crispados de solo imaginarlo.

—Estoy preocupado por ella —confieso al fin—. No la he visto en días, es mi amiga, es normal —me excuso.

—¿Hasta cuándo vas a admitir que estás enamorado de Anel, bro?

—No vuelvas a decir eso —exijo con molestia—. Ann es mi mejor amiga y solo eso, además, ella tiene novio.

Gruño la última parte sin ser consiente.

—¿Ese pedazo de…?

—¡Ey! —lo corto antes de que termine la oración—. Sé lo que es, pero ella está con él y no soy quién para oponerme.

—Pues pienso que te estás equivocando —refuta—, y cuando quieras hacer algo para recuperarla, puede que ya sea demasiado tarde para ustedes. Esa chica te adora, hermano, ¡date cuenta!

—Hola.

Como si la hubiéramos invocado, Ann aparece frente a mí con esa carita tierna y su voz inocente que me provoca protegerla del mundo entero, empezando por el caradura de su novio.

—Hola, Ann —me apresuro a saludarla. La siento estremecerse cuando la envuelvo en un abrazo y no sé si su reacción debería de preocuparme—. ¿Dónde has estado?, estaba preocupado por ti.

Acaricio su mejilla con mis nudillos sin importarme la mirada indiscreta de mi amigo.

—Yo… he estado algo ocupada, perdón por no llamarte —espeta bajando la mirada.

«Algo anda mal», intuyo. La conozco lo suficiente para saberlo con solo verla a los ojos, pero no me gusta presionarla; ya me lo dirá cuando se sienta lista.

—¿Estás bien? —cuestiono, solo para estar seguro.

—Sí. ¿Podemos hablar más tarde? —Le lanza una mirada tímida a Dylan, haciéndome saber que, sea lo que sea que le pase, no me lo dirá frente a él.

—Claro. Paso a tu departamento al terminar las clases.

—¡No! —Se apresura a decir, y creo conocer la razón—. Yo te busco, ¿está bien?

—Hum… sí, está bien —digo rascando mi nuca con nerviosismo.

Quisiera no sentirme tan avergonzado como ahora que Dylan presta toda su atención entre Ann y yo, pero me es inevitable después de… lo que pasó.

—Nos vemos entonces.

—Espera, ¿no vas a clases? —pregunto, apenas dándome cuenta de que no lleva el uniforme y que avanza en dirección opuesta a las aulas.

—Mm… no, tengo que ver al director.

—Pero…

—Más tarde te digo, Noah ¿sí? —La súplica en su voz me hace detenerme y decido esperar a verla después.

Le doy un asentimiento de cabeza y la veo perderse por los pasillos, obligándome a avanzar en dirección contraria hacia mi facultad.

El resto del día lo paso distraído, solo pensando en mi amiga y en la conversación que ha quedado pendiente, mientras que mi mente formula innumerables teorías sobre lo que podría tratarse. Las horas parecen ir en reversa hasta que llega la tarde por fin y la espero dando vueltas en el interior de mi pequeño cuarto de la fraternidad.

—Vas a hacer un hoyo en el piso. —Dylan se jacta soltando una carcajada.




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