Jugando a ser papá

VI. Inútil

Recuesto a Alex en su cuna después de despedir a Noah. La cena no ha ido tan mal después de todo, aunque admito que por un momento pensé que todo se saldría de control después de la pregunta de Gael; no puedo negar que Noah se comportó como todo un caballero al guardar nuestro secreto. Ese secreto que me atormentará hasta mi último día, pues, de haber tenido más valor… tal vez mi vida sería diferente ahora.

«No pienses así, Anel —me reprendo—. Alex no estaría aquí si las cosas hubieran sido diferentes».

—Descansa, mi amor.

Acaricio la cabecita de mi bebé y suspiro como una boba enamorada antes de salir de la recámara. Regreso a la cocina con la intención de recoger los platos de la cena y ordenar un poco; Gael se encuentra hurgando en el refrigerador y un tonto impulso me lleva a abrazarlo por la espalda.

—Anel, me asustaste —gruñe con molestia, haciéndome retroceder.

—Lo siento —balbuceo, apenada—. No era mi intención.

—Ya… no importa, me voy a la cama.

—Está bien… solo voy a ordenar un poco la cocina y te alcanzo. No me tardaré —prometo con la esperanza de mejorar su humor, pero la respuesta que recibo a cambio me oprime el corazón, me hace sentir avergonzada y poca cosa:

—No te apures, estoy cansado —masculla con indiferencia—. Cuando regreses a la cama trata de no despertarme ¿quieres? Ya es muy tarde y mañana tengo trabajo. Este tipo de desvelos no me hacen bien, Anel, lo sabes.

—Perdón por hacerte desvelar, Gael, pero no podía pedirle a Noah que se fuera, ha venido desde lejos para felicitarme.

—Por favor… Como si no hablaran todos los benditos días por teléfono —escupe con desdén—. No sé qué más pueden tener para decirse.

Sigue refunfuñando mientras se dirige a la habitación y, a pesar de la humillación que siento, solo puedo pedirle a Dios que no vaya a despertar a Alex con sus reproches.

«Se suponía que era una ocasión especial —me digo con tristeza—. Es mi cumpleaños, después de todo, pero eso a él no le importa».

Decido ignorar su falta de sensibilidad y durante la media hora siguiente me dedico a lavar platos, limpiar la estufa y trapear el piso. A Gael no le gusta el desorden y desde luego que me lo hace saber. Dice que cada uno tenemos nuestro rol dentro de la relación y, así como es su responsabilidad procurar que no nos haga falta nada; mi rol conlleva ocuparme de la casa y de nuestro hijo. Supongo que tiene razón.

Una vez que he terminado de asear, voy de camino hacia la habitación, pero de pronto recuerdo el regalo de Noah y la nota que pidió con tanto secretismo que leyera a solas.

Aprovecho que Gael se ha quedado dormido, tomo la cajita de donde la había dejado guardada en mi cajón y entro al baño para tener un poco de privacidad.

Primero saco la pulsera y la observo con detenimiento: es tan preciosa que me da miedo llegar a estropearla. La guardo de nuevo y voy directo a la nota:

Hola de nuevo, mi querida Ann.

Hice esta pulsera especialmente para ti; para que me recuerdes cada vez que la veas, pero también la hice para que sepas cuánto te extraño y te pienso todos los días. Tal vez durante la noche tuve la necesidad de decir que no era importante, y puede que haya hecho algún comentario sobre haberla comprado en el aeropuerto, pero confío en que me conoces lo suficiente para saber que solo lo dije para no ocasionarte problemas.

Como verás, no es una prenda cualquiera; tiene un mecanismo de vibración que se activa cuando presionas el centro. Yo tengo otra igual y, cuando presiones la tuya, sabré que estás pensando en mí. Úsala siempre, y si quieres darle un uso más creativo… Okey, solo bromeo.

Te amo, Ann. Nunca lo olvides.

Sonrío como una tonta observando la hoja y siento cómo mi corazón se llena de toda clase de emociones al pensar en todo el tiempo que Noah debió invertir para crear algo tan hermoso, especialmente para mí.

Decido colocármela y probar su función: como dice la nota, oprimo el centro, pero no siento nada. Lo hago una vez más y en cuestión de segundos siento una leve vibración en mi muñeca que me sobresalta.

«¡Guao! Funciona», pienso al ver cómo se ilumina la luna de plata de mi pulsera, al mismo tiempo que tiembla sutilmente sobre mi piel.

Escucho que llega un mensaje a mi celular, me apresuro a revisarlo para que el sonido no despierte a nadie y me alegro al ver que se trata de Noah.

Supongo que leíste mi nota.

1:09 a.m.

Es increíble, Noah. ¡Me encanta!

1:09 a.m.

¿En dónde estás? ¿puedo llamarte?

1:10 a.m.

Estoy en el baño. Gael y Alex están dormidos, no quiero despertarlos.

1:10 a.m.

En el baño ¿eh? Ya veo que decidiste ser creativa después de todo




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