En un laboratorio secreto, unos científicos se encuentran mirando varias capsulas de distinto color.
Son distintos sueros de tonos oscuros.
Los científicos hacen anotaciones mientras usan maquinas especiales.
Un político militar se acerca al jefe del laboratorio.
El militar extiende su mano y menciona.
-Buen día, soy el ministro de seguridad, Daniel Reiner.
El jefe lo saluda.
-Soy Albert Johns, es un gusto conocerlo.
Miraron al centro del laboratorio.
El militar pregunta.
-¿Como va el proyecto?
Albert responde.
-No tenemos éxito con los sueros del soldado perfecto. Las criaturas muestran más fuerza, velocidad, resistencia e inteligencia. Además, no se cansan.
Pregunta el militar.
-¿Cuál es el problema?
El científico menciona.
-Entran en un estado mucho más salvaje.
-Es entendible... son animales.
Responde el científico.
-Un estado salvaje que los hace comer carne desesperadamente. Los que sobreviven terminan infectados.
Caminan hasta otra habitación.
Ven perros y ratas con la piel de distintos colores. Estaban en un estado salvaje, encerrados en habitaciones hechas de acero grueso.
Parecían tener distintas habilidades.
El primero tenía la piel blanca como la nieve, con las venas marcadas.
Era el más común.
Los verdes mostraban mutaciones de tentáculos y hiervas, como si fueran parte de un bosque.
El militar pregunta.
-¿Por qué esta así?
Le responden.
-Se camuflan con el entorno.
El ser toma el color de la pared de metal y se pega a ella.
Los amarillos liberaban un gas toxico y corrosivo.
Pregunta Daniel.
-¿Que es ese gas?
Responden.
-Es algo que daña las células y el tejido. Es parecido a la radiación.
Hizo una pausa.
-Varios de nuestros hombres murieron luego de detenerlo.
El rojo lanza fuego por los orificios de su cuerpo
El morado almacena una cantidad enorme de energía, como si fuera a explotar.
Los azules necesitan estar en el agua para sobrevivir. El ser estaba agonizando.
El animal de color negro se convirtió en un perro del tamaño de un elefante. Lo metieron en una capsula del tamaño de cinco habitaciones.
El militar cae del susto al verlo a través del cristal blindado.
-¿Que es esa mierda?
Albert responde.
-Es el infectado de color negro, lo apodamos como el tanque.
El científico ayuda al militar a levantarse.
-Esto es una maravilla genética. Un arma biológica mortal que acabaría con el mundo.
Es increíble...
El ministro de defensa responde.
-Si estas cosas escapan... será el fin...
Mientras tanto, yo salgo de mi casa para ir a trabajar.
Vivo en una gran ciudad en Argentina.
Siento el frio de la mañana sobre mi rostro.
Todo parece tranquilo por ahora.
Camino por las calles con mi delantal blanco y rosa.
La gente me choca o no me da espacio para pasar. Todos estamos amontonados.
Mis lentes casi se caen al suelo, pero logro agarrarlos en el aire.
-Casi se me rompen...
Suspiro un momento y me vuelvo a poner mis lentes.
Sigo caminando.
No tienen consideración con una chica de estatura baja.
Me encontré de frente con una compañera de trabajo, Adriana.
Me mira sorprendida.
-Hola, Julieta... ¿vas a la escuela?
La miro como si fuera mi salvadora.
-Si, pero no estoy pudiendo pasar entre tanta gente. Debi venir en taxi.
Fui detrás de ella. Adriana era más alta que yo.
Ella pregunta sin mirarme.
-¿Como vas con los niños?
Respondo.
-Los de tercer grado son muy caóticos y a veces no me hacen caso. Los de sexto son un poco más tranquilos.
Hago una pausa mientras esquivo a más gente.
-Me gusta enseñarles a los niños, pero a veces pienso que sería mejor poder hablar con gente más madura, que le guste mi personalidad.
Adriana se ríe.
-¿Quieres ser una streamer o youtuber?
Respondo.
-Siempre me gusto verlos. Yo podría ser una.
-Es demasiado difícil conseguir un público, Julieta.
Sonrío.
-Pero no es imposible, además las chicas bonitas conseguimos más seguidores.
-La gente te amaría, Juliju.
Me detengo al frente de una tienda y me quedo mirando.
Toco los juguetes para niños y las bolsas de papas como si fuera una niña.
Alejandra pregunta.
-¿Qué haces?, vamos a llegar tarde.
Me acerco a la chica que atendía el lugar. Una chica de cabello marrón largo, y ojos claros.
Señalo unos caramelos de goma.
-Dame una bolsa de esos dulces.
La mujer que atendía la mira fijo.
-Te conozco, eres la profesora de mi hijo.
Me sonrojo.
-Ay...¿quién es tu hijo?
Responde.
-Pablo Álvarez.
-Lo conozco, es inquieto y travieso, pero se porta bien. Le daba clases cuando daba suplencias.
-Siempre fue así.
Adriana me hace señas.
-Tenemos que irnos o vamos a llegar tarde.
Saludo a la vendedora.
-Bueno, nos vemos...
Adriana pregunta.
-¿Vos le diste clases a Pablito?
Respondo.
-Cuando hacia suplencias.
Seguimos hablando de cosas de nuestro dia a dia. Ella era una buena compañia.
Adriana pregunta.
-¿No tienes algún pretendiente?
Respondo mirando a otro lado.
-Ehh... no me va muy bien en eso.
Ella me menciona.
-En la secundaria debiste tener muchos pretendientes.
No digo nada y miro para otro lado.
Llegamos a la escuela. Una institucion religiosa de paredes blancas y rojas.
Al entrar, vimos la estatua pequeña de una virgen al costado.
Nos persignamos y entramos directamente.
Los niños de primaria corrían para todos lados. Eran caóticos.
Uno de los niños me abrazo. Era Pablito.
-Seño, ¿cuándo va a volver a darme clases?
Respondí.
Editado: 05.08.2026