Julieta, la chica suicida.

Capítulo 38

No era él chico que conocí aquella vez en mi casa. Veía en sus ojos que nunca fue bueno en realidad, éste chico me transmitía miedo, el cuál hacía que mi piel se herizara y que todo mi cuerpo se paralizara.

¿Quién en realidad era la persona que tenía al frente de mí?

—¿Que hago aquí?— Pregunté.

—En realidad deberías de preguntarte ¿Que no haremos aquí?

Tragué saliva.

—No te imaginas las ganas que tenía de volver a ver esos ojos que... me gustan.

Trató de acariciar mi mejilla pero inmediatamente me alejé.

—No quiero que me toques.

—¿Porque? ¿No te gusto?

—Ni muerta.—-Gruñi.

Esbozo una sonrisa.

—Julieta en estos momentos no estás para exigir nada ¿lo entiendes?

—¡Yo sólo quiero salir de aquí!

—Entonces dime lo que quiero y podrás salir de acá.

Frunci el ceño.

—Yo no sé en que podré ayudarte. Estas totalmente confundido. —Respondí.

—Eso veremos.

Se levantó del colchón y caminó hacía a mi. Tomó mi brazo arrastrandome fuera de ésa habitación. Cuándo llegamos afuera estaba el hombre que me había apuntado antes a la cabeza.

—Amarrala. —Jaxon le ordenó. El hombre me sentó en una silla amarrando mis muñecas de ella.

—¿Que demonios estás haciendo? ¡Sacame de aquí! —Empecé a moverme con desesperación, pero el nudo que me habían echo estaba muy fuerte.

—¿Dónde está el collar, Julieta? —Preguntó Jaxon.

—¿De que collar estás hablando? ¡Yo no sé nada!

El hombre que estaba a su lado golpeó mi mejilla, haciendo que mi rostro se girara.

—Nuevamente. ¿Dónde está el collar?

—¡Qué no sé nada! —Grité.

El hombre volvió a golpear mi mejilla. Dolía, dolía mucho.

—Haces que pierda mi paciencia.—Masajeo su frente.—Debes de saberlo, el imbécil de tú tio nos lo robó.

Él sabía de Elio.

—¿Cómo sabés de mi tio?

—Sé mucho.

—¿Ustedes fueron los responsables de lo que pasó verdad? ¿Ustedes lo mataron? —Mi voz tembló al decir lo último. Porque tal vez tenía al frente de los responsables de la muerte de Elio.

No hubo ningún gesto en su rostro.

—No soy yo el que te responderá eso...aún. —Respondió.

Mi respiración se aceleró.

—Dejame ir, por favor.

—¿No me dirás nada? —Insistió una vez más.

Estaba cansada de negarle algo que ni yo misma sabía de su existencia. Así que una vez más lo negué.

El asintió.

—Desatala. —Le ordenó a su compañero.

Caminó hacía mí desamarrando el nudo en mis manos.

Jaxon me levantó bruscamente.

—Tú aroma es exquisita. —Pasó su nariz por mi cuello.

Dejó dos besos en mi cuello y rápidamente lo alejé de mi.

—¡Aléjate de mi! —Le grité.

—Salvaje, eso me gusta y me excita aún más. —Sonrió de lado.

Dejó de sonreí tomando de golpe mi cuello. Me arrinconó a la pared ahorcandome.

Trataba de alejarlo empujando su mano de mi cuello, pero era imposible porque era más fuerte que yo. Sentí que cada vez más mi respiración faltaba.

De momento a otro dejó de ahorcarme para luego lanzarme al suelo, haciendo que del impacto golpeara mi frente, rompiendola.

—No me dejaste otra forma, Juelita. —Jaxon pateó dos veces mi estómago.

El dolor que sentí antes no se comparó con las patadas que acaba de darme. Mis lagrimas salieron haciéndome chillar.

Mi frente sangraba, mi boca estaba rota de las cachetadas que antes me había dado y mi estómago dolía.

—¡Basta por favor! —Comencé a rogarle en el suelo, pero no prestó atención y siguió pateandome, esta vez en mis costillas.

Cerraba mis ojos cada vez que el me pateaba, como si eso evitaría que no lo hiciera más. Traté varias veces cubrirme con mis manos y aún así el siguió golpeandome, podría jurar que uno de mis dedos se quebró.

No sé hasta cuándo dejó de patearme ya que mis ojos se cerraron del dolor que sentía.

*********

Desperté cuándo sentí nuevamente el dolor en mi cuerpo, traté de moverme, pero cuándo quise intentarlo me dolía aún más.

No sabía cuánto tiempo había estado desmayada, si era de día o de noche, no sabía absolutamente nada. Sólo que una vez más estaba en el cuarto dónde encontré a Jazon por primera vez.

Deseaba que Aidan me encontrara, quería ver esos ojos azules de Kevin que tanta paz me daban, quería escuchar la risa chillona de Michell, quería ver a Mathias y abrazar a mamá.

Lloré al pensar que jamás iba a volver a verlos.

Lloraba al sentir el dolor en todo mi cuerpo, porqué sí dolía mucho.

¿Y si nadie me encontrará?

La puerta se abrió entrando Jaxon.

—Buenos días, Julieta.—Me sonrió.

—¿Que más quieres de mí? —Pregunté despacio.

Me alejé lo que más pude de su tacto.

—Quiero que le digas a Aidan que fuiste mía.

Mis alertas se encendieron.

—¿Qué—que harás?

—Prometo que te gustará.

Lo vi quitarse su camisa y mi corazón empezó a palpitar con rapidez.

—¡No no no!

Traté de levantarme pero era en vano, mi cuerpo no era capaz de hacerlo.

—Espero que cada vez que él se te acerque, recuerde que yo me disfruté a su pequeña mocosa. —Jaxon se acostó sobre mi. Colocó mis brazos detrás de mi cabeza.

—¡Por favor no lo hagas! —Sabía lo qe venía luego. Jaxon iba a violarme.

Empezó a romper mi camisa, dejando a su vista mi sostén, me besó con voracidad cada vez más.

—¡Por favor! —Rogué en medio del llanto.

Sentí su miembro en la entrada de mí vagina y allí sentí el mayor temor. Le grité, rogué, lloré y traté de defenderme pero fue en vano porque Jaxon me penetraba sin piedad. Una tras otra, lastimandome por dentro cómo por fuera. Besaba asquerosamente mi boca, mis senos y mi cuerpo.

Cada vez que lloraba el me golpeaba aún más. Así que al final me resigne ya sin fuerza. Jaxon se complacía sexualmente con mi cuerpo cómo si yo fuera una muñeca. Y así lo hizo hasta que dejé de calcular el tiempo.

Jaxon me había ensuciado.




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