Julieta quiso quedarse

Omega

  La bestia avanzaba lento. Quería que sus pisadas fueran imperceptibles a cualquier oído humano, y por supuesto a los sensores. Porque sabía que los habían puesto allí. Los había por todos lados.

  Olió el aire. Nada. Lo que sea que hubiese percibido antes había sido una equivocación. Dudaba, pero era una equivocación. No podía ser otro modo. A él no se le escaparía. Años de entrenamiento, de dolor avalaban su capacidad de ser letal frente al enemigo.

  El Alfa había sido claro. Tendrían que terminar con ellos, o ellos lo harían con las manadas. Esa había sido la declaración de guerra. El principio del fin.

  Rodeó la casa. En el living aún tenían la luz. Ahí estaba ella. La nueva. No sabía todavía porque no la había matado. Su presencia le golpeó los sentidos la madrugada en que asesino a Sofía. Había estado a punto de matarla, pero algo lo había detenido a último momento.

   Se agazapó aún más. En casa de los Klein había movimiento de policías y fiscales. Más le convenía que no lo vieran. Había tenido suerte de dar con la maldita perra tan fácil. Por más joven que fuera, la rubia les había hecho mover el culo a unos cuantos. Gracias a ella, las manadas se habían reunido. Después de tantos años.

   Las guerras entre manadas existían desde el origen de las cosas. Y ahora les gustaran o no, iban a tener que unirse. Por el bien de todos. O eso, o todo se iría a la mierda. Si Sofía hubiese sabido aquello, quizás se hubiese cuidado más. La decisión de matarla había sido unánime. Pero el trabajo sucio solo lo hacia uno. La bestia se acercó aun más, el olor de ella se filtraba por la ventana. Hablaba con alguien, más bien discutían. No entendía que rayos la había hecho quedarse allí. No sabia si informarlo o no. Parecía inofensiva o quizás muy inteligente.  Como fuera, algo de ella le había gustado a la bestia, y por eso, solo por eso la había dejado vivir. Claro no había pensado que quizás ella decidiera quedarse, porque nadie más lo haría. Así que ahora que ella salía en periódicos y revistas, y en la tele de los alrededores, tendría que dar explicaciones a la manada de el por qué de dejarla vivir. Tendría que convencerlos. Algo se le ocurriría.

   Olió el aire de nuevo. Percibió el olor que lo había llevado hasta allí. Pero era tarde se acercaba a la casa e iba acompañado. Tendría que esperar.

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