Julieta quiso quedarse

Aubrey

   Aubrey era un personaje digno de ver. En cuanto la falsa Emma le había propuesto el plan, aceptó sin miramientos. En ningún momento desde su despertar se mostró sorprendida o asustada. Amara estaba notablemente perturbada. Fue en ese momento que comprendió lo peligrosos que eran los hechiceros. No pertenecían a ningún bando en especial, sino que sucumbían a sus deseos todo el tiempo. Aubrey tenía hermanos y padres, pero nada de eso le importó, bastó que Emma le prometiera su antigua vida en libertad para que la chica aceptara ayudarla en todo. 

-La verdadera Emma no va volver –había empezado la primer legítima –pero yo voy a ocupar su lugar de ahora en más, y vos vas a ayudarme. A cambió te devuelvo tu antigua vida, tu novio, tu amigos. –Los ojos de la hechicera resplandecieron. Madre siempre había tenido la habilidad de averiguar los más íntimos deseos – ¿Es un precio justo?

-¿Qué me garantiza que vaya a sobrevivir? –respondió mirándola directamente a los ojos. Esa chica era peor de lo que Amara pensaba.

-Nada te lo garantiza –Emma se acercó a la chica –vos decidí que preferís.

La hechicera no mostraba signos de alteración. Sopesó sus posibilidades tranquilamente. Al cabo de dos minutos habló.

-¡Está bien! ¿Cuál es el plan?

   Emma sonrió. Siempre lo conseguía, pero no porque fuera un ser persuasivo, sino porque sabía elegir con maestría a los que estarían dispuestos a ayudarla a cambio de algo entrañable o necesario. Lo primero siempre era más viable.

-Bien, sabía que eras una chica inteligente –Aubrey sonrió. No era tonta, pero si se fiaba de los halagos de Emma se llevaría más de una sorpresa. –Quiero ingresar en el predio de la Convención, y para eso no solo necesito la documentación real de la bruja Emma, sino alguien que me ayude a establecerme y a evadir trucos de protección que de seguro han colocado en el sector de ingreso.

-Está bien –dijo Aubrey –vas a tener que ingresar de noche.

    Amara le había dicho lo mismo, y también cada truco, escondite secreto, cámaras de documentos, animas hider secretas, grimorios fundamentales, entre otras cosas. Pero Roderica, quería saber si realmente podía confiar en Aubrey. Ella ya tenía todo el plan armado y estudiado, pero aun así necesitaba de la ayuda de la hechicera para algo más particular. Nada era del todo inmune a su poder. Lo brujos estaban preparados para casi todo, menos para enfrentarla a ella.

-¿Por qué? –preguntó Roderica fingiendo no saber de qué iba la cosa.

-De día hay cámaras especiales, unas que diseño Roth –la miró significativamente. Aubrey no necesitaba pruebas, ya sabía quién había matado a los brujos. –esas cámaras puede decodificar el anima hider. Ven a la persona real.

-¿De noche no lo hacen? –rodeó a la hechicera sin quitarle los ojos de encima.

-No, solo son detectables a plena luz del día. Por las noches el predio está cerrado, pero te van a dejar pasar si llevas la documentación de ella.  ¿La tenés no? –en ese momento sus ojos denotaron una pizca de miedo.

- Sí, la original.

- Hace unos meses renovaron el sistema. Por lo general la documentación falsa es descubierta.

   Roderica no respondió. Siguió caminando alrededor de Aubrey. Parecía abstraída. La hechicera se acomodó mejor donde estaba sentada y miró en derredor. El único ser visible era Blaz, que la miraba sin parpadear. Amara permanecía oculta.

-De seguro están sospechando de alguien Aubrey –musitó Roderica –¿Quizás sospechan de que pueda estar viva?

La hechicera se tomó unos segundos para responder.

-No, eso todavía no. Al principio de todo esto pensaban que Amara era la culpable de todo, y por supuesto Blaz. Pero en cuanto requisaron la sala de –dudó un instante –los hechizos o como sea que la llamaba Senta, comprobaron que solo faltaban la donaciones de cuatro personas. Y nada más.

-Osea… -Roderica estaba impaciente –

-Osea que piensan que los cuatro fueron secuestrados en distinto orden. –miró a la bruja –creen que no se fueron juntos porque entre ellos no había una buena relación, exceptuando a Enzo al que no se lo puede vincular a nada –le devolvió la mirada a Blaz. Este hizo lo mismo con deprecio.

-Bien. Es cierto. –Roderica sirvió tres copas de vino espeso y las repartió. Luego comprobó las cerraduras de las ventanas. 




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