Julieta quiso quedarse

Julieta

 

     Enzo había por fin despertado. Sus heridas no estaban del todo curadas y cientos de cardenales tatuaban su cuerpo de punta a punta.  Por más que le había insistido, se negaba rotundamente a comer y a beber. Lo único que parecía preocuparle era el saber si lo odiaba o no. Quiso levantarse un par de veces, pero logré convencerlo de que descansara un poco más. Llevaba dos días en cama, un par de horas más no harían la diferencia.

  -Juli –su voz se oía rasposa y agrietada por el esfuerzo que hacia al hablar –Perdón por todo esto.

  - Shhh…

  - Julieta –Insistió –esto es mi culpa, ellos no querían que te dijese nada.

  -¿Quiénes son ellos? –Pregunté sin estar segura del todo de querer saber.

  - Mi padre, Amara, Emma y no sé quién más.

Estudié sus ojos. Matt estaba parado a unos metros y negó con la cabeza. Ya me había dicho que podía divagar.

  -Ya está Enzo, ya lo vamos a aclarar. No es momento.

  -¡Julieta no sos consciente del peligro en el que estás! –Se enderezó y acto seguido se sentó en la cama – ¡Tenés que tomar precauciones Juli, no podes hacer oído sordo a todo!

Matt ingresó en la habitación y se paró junto a mí.

  -Enzo la estamos cuidando. No van a poder contra todos nosotros.

Enzo se puso rojo.

  -¿Quiénes son todos Cazador? ¿Acaso los tuyos van a enfrentarse a lo que sea por una bruja? –gritó quebrando la poca voz que le quedaba.

  -Los lupis –Matt bajó la mirada. Enzo volvió sus ojos a mí. Algo se me escapaba pero no sabía que –Ellos van a cuidarla.

  -¿Desde cuándo vos sabes de los lupis? ¡Se supone que los cazás y matás!

   - Estoy del lado de Julieta.

Enzo lo estudió con fijeza. Su pecho subía y bajaba con violencia, estaba agitado y traspiraba increíblemente.

-¿Qué te prometió? –preguntó.

-¡Enzo, deberías calmarte!

-¿Qué fue lo que ella te prometió? –rugió.

Matt tembló junto a mí, como recorrido por un impulso eléctrico.  Tuve ganas de decir algo pero no me anime a hacerlo. .

-Regresar a mi madre.

-A Fátima –musitó Enzo –ella la tiene entonces.

Matt abrió enormemente los ojos, y por un instante no supo que hacer. 

-¿Cómo la conoces? –Matt era ahora quien se había puesto repentinamente violento.

-Como no conocer a la única cazadora altruista muerta en batalla. –Matt respiraba con dificultad y vi como sus ojos se llenaban de lágrimas –Tu madre trató de salvar a la mía y a mí en la Gran Batalla. No logró hacerlo, aun así lo intentó.

-No sabía eso –susurró.

-Ahora lo sabes. –Enzo comenzó a toser y escupir sangre repentinamente.

-Ya hay que acostarlo de nuevo –masculló Matt mientras lo ayudaba a recostarse –traé el remedio que dejó Emma, está en la cocina –ordenó.

-De acuerdo –corrí escaleras abajo e ingresé en la cocina como una estampida chocando casi con la figura de un hombre alto y muy rubio que instantáneamente supe que conocía. Un sentimiento helado se expandió por mi pecho.

-¿Buscabas esto? –en su mano sostenía el remedio de Enzo.

-Blaz –susurré. Era un nombre que no me sugería nada, pero que poco a poco parecía cavar en mi conciencia un pozo. Agujerear una pared que nunca había considerado pared… tampoco sabía de donde había sacado ese nombre, pero si sabía que le correspondía a ese hombre y no a otro.

-¡Hola Julieta! –dijo sonriendo – ¡por fin volvemos a vernos!

 

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