El despertador sonó a las seis de la mañana.
Valeria Montemayor abrió los ojos de inmediato. No era de las personas que posponían la alarma. En menos de una hora ya estaba lista, con un traje azul marino impecable, una carpeta llena de documentos y un café en la mano.
Ese lunes era importante.
La empresa Nova Ideas, una de las agencias de marketing más reconocidas de la ciudad, recibiría al nuevo director creativo. Todos hablaban de él desde hacía semanas, aunque nadie lo conocía realmente.
—Espero que sea puntual —murmuró Valeria mientras acomodaba las carpetas sobre la mesa de juntas.
Camila Ríos, su mejor amiga y compañera de trabajo, soltó una pequeña risa.
—Lo primero que dices de alguien es si llega temprano o no. Definitivamente necesitas vacaciones.
—Necesito que el proyecto salga perfecto.
—Y un novio.
Valeria le lanzó una mirada seria.
—Con el trabajo tengo suficiente.
Antes de que Camila respondiera, la directora general entró a la sala.
—Buenos días a todos. En unos minutos conocerán a su nuevo compañero.
Los empleados tomaron asiento.
Pasaron dos minutos.
Cinco.
Diez.
Valeria miró el reloj con evidente molestia.
—¿Siempre empiezan tarde las reuniones? —preguntó en voz baja.
Justo cuando iba a decir algo más, la puerta se abrió.
Un joven alto, de cabello oscuro ligeramente despeinado y una sonrisa despreocupada apareció en la entrada.
—Perdón por el retraso... El elevador decidió hacerme una prueba de paciencia.
Algunos rieron.
Valeria no.
—Buenos días. Soy Nicolás Duarte.
Se acercó a saludar uno por uno.
Cuando llegó frente a Valeria, ella apenas levantó la vista de sus papeles.
—Valeria Montemayor.
—Mucho gusto.
—Igualmente.
La diferencia entre ambos era evidente desde el primer instante.
Mientras Nicolás hablaba con naturalidad y hacía bromas con todos, Valeria anotaba cada detalle de la reunión sin apartarse del orden establecido.
Al finalizar la presentación, la directora anunció:
—El primer proyecto importante de la temporada estará a cargo de Valeria… y Nicolás trabajará con ella como codirector.
Valeria levantó la cabeza de inmediato.
—¿Perdón?
—Necesitamos combinar organización y creatividad. Estoy segura de que harán un gran equipo.
Nicolás sonrió.
—Parece que seremos compañeros.
Valeria respondió con una sonrisa tan breve que casi pasó desapercibida.
—Eso parece.
Mientras todos salían de la sala, Camila se acercó discretamente.
—No me mires así, pero creo que ese chico va a cambiar tu vida.
Valeria negó con la cabeza.
—Lo único que va a cambiar es mi agenda.
Sin embargo, al otro lado del pasillo, Nicolás la observó por un instante antes de seguir caminando.
Sin saberlo, ambos acababan de iniciar una historia que convertiría las tensas juntas de los lunes en los momentos más esperados de la semana.