Juntas de lunes, besos de viernes

Capítulo 3: Una cena inesperada

El miércoles llegó más rápido de lo que Valeria esperaba.

Desde la mañana, la oficina estaba llena de movimiento. El equipo preparaba la presentación del nuevo proyecto y todos tenían una tarea asignada.

Valeria revisaba los últimos documentos cuando Nicolás apareció junto a su escritorio.

—Tenemos un problema.

Ella levantó la mirada preocupada.

—¿Qué pasó?

—El cliente cambió la fecha de la presentación. Será mañana.

Valeria abrió los ojos sorprendida.

—Eso es imposible. Nos faltan varios detalles.

—Lo sé.

Nicolás dejó una carpeta sobre su escritorio.

—Por eso pensé que podríamos terminarlo juntos.

Valeria miró el reloj.

—Será una noche larga.

—Entonces necesitaremos comida.

Ella lo miró confundida.

—¿Comida?

—Trabajar con hambre es una tragedia.

A pesar de intentar mantener la seriedad, Valeria no pudo evitar sonreír un poco.

—Está bien. Pero solo porque necesitamos terminar.

—Claro, solo por el proyecto.

Nicolás sonrió como si hubiera entendido algo que ella todavía no quería aceptar.

Esa tarde, ambos se quedaron en la oficina.

Entre documentos, ideas nuevas y pequeños desacuerdos, el ambiente comenzó a sentirse diferente.

Ya no eran dos compañeros obligados a trabajar juntos.

Empezaban a ser un equipo.

A las nueve de la noche, Nicolás cerró la computadora.

—Necesitamos descansar cinco minutos.

—No podemos perder tiempo.

—Valeria, llevas tres horas sin levantarte.

Ella miró su taza de café vacía y suspiró.

—Tal vez tienes razón.

—Eso es raro. ¿Acabas de admitir que tengo razón?

—No te acostumbres.

Nicolás soltó una risa.

—Ven. Te invito a cenar.

Valeria dudó.

—No es necesario.

—Es comida por trabajo.

Ella arqueó una ceja.

—¿Ahora todo es por trabajo?

—Por supuesto.

Aunque sabía que debía negarse, aceptó.

Fueron a un pequeño restaurante cerca de la oficina. Era un lugar tranquilo, lejos del estrés del día.

Por primera vez, hablaron de algo que no fuera un proyecto.

—¿Por qué elegiste trabajar en marketing? —preguntó Nicolás.

Valeria pensó unos segundos.

—Porque me gusta crear cosas que conecten con las personas.

—Nunca pensé que dirías eso.

—¿Por qué?

—Porque pareces alguien que solo piensa en números y horarios.

Ella sonrió ligeramente.

—La gente suele equivocarse conmigo.

Nicolás la observó con atención.

—Creo que eres diferente a lo que aparentas.

Valeria bajó la mirada, incómoda pero no molesta.

—¿Y tú? ¿Siempre eres así de despreocupado?

—No siempre.

Por un instante, su sonrisa desapareció.

—Solo aprendí que la vida no puede ser únicamente trabajo.

Esa respuesta sorprendió a Valeria.

Antes de que pudiera preguntar más, el mesero llegó con la cuenta.

Al salir del restaurante, una ligera lluvia comenzó a caer.

Nicolás abrió su paraguas y se acercó a ella.

—No querrás enfermarte antes de la presentación.

—Gracias.

Caminaron juntos en silencio.

Y aunque ninguno lo dijo, ambos sintieron que esa noche había cambiado algo entre ellos.

Al llegar a la entrada del edificio, Valeria se detuvo.

—Buenas noches, Nicolás.

—Buenas noches, Valeria.

Ella se alejó, pero esta vez no pudo evitar sonreír.

Porque por primera vez, esperaba con ganas que llegara el siguiente lunes.




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