Juntas de lunes, besos de viernes

Capítulo 8: Un viaje de trabajo

El anuncio del nuevo proyecto cambió el ambiente en la oficina.

Valeria y Nicolás tendrían que viajar durante una semana para reunirse con nuevos clientes y preparar la propuesta internacional.

Para todos era una gran oportunidad.

Para ellos… era algo completamente nuevo.

—Una semana trabajando juntos fuera de la oficina —dijo Nicolás mientras revisaba el itinerario—. Esto puede salir muy bien.

Valeria tomó la carpeta con los documentos.

—O puede ser complicado.

—Siempre buscas la parte difícil.

—Siempre encuentras la forma de hacer todo más complicado.

Nicolás sonrió.

—Y aun así seguimos trabajando juntos.

Valeria intentó no sonreír, pero no pudo evitarlo.

El día del viaje llegó.

En el aeropuerto, Nicolás apareció con una maleta pequeña y una expresión tranquila.

Valeria, en cambio, llevaba una carpeta llena de notas y un plan detallado.

—¿Tienes un horario hasta para caminar? —preguntó Nicolás.

—Me gusta estar preparada.

—Lo sé.

—¿Eso es una crítica?

—No. Es una de las cosas que admiro de ti.

Valeria se quedó en silencio por unos segundos.

No esperaba escuchar algo así.

Durante el vuelo, revisaron algunos detalles del proyecto.

Pero después de un rato, Nicolás cerró la computadora.

—Tenemos cinco horas de viaje. Puedes descansar.

—Estoy bien.

—Valeria.

Ella levantó la mirada.

—¿Qué?

—No tienes que demostrar todo el tiempo que puedes con todo.

Sus palabras la sorprendieron.

Porque, aunque no lo decía, muchas veces sentía que debía ser fuerte para todos.

—Quizás tienes razón.

Nicolás sonrió.

—Me gusta cuando admites eso.

—No te acostumbres.

Ambos rieron.

Al llegar a la ciudad donde presentarían el proyecto, comenzaron los preparativos.

La primera reunión fue intensa, pero lograron avanzar gracias a que se entendían cada vez mejor.

Valeria sabía cuándo dejar que Nicolás aportara una idea inesperada.

Nicolás sabía cuándo confiar en la organización de Valeria.

Por primera vez, ninguno intentaba cambiar al otro.

Simplemente funcionaban juntos.

Esa noche, después de terminar el trabajo, salieron a caminar cerca del hotel.

Las luces de la ciudad iluminaban las calles y por un momento olvidaron que estaban allí por negocios.

—¿Sabes algo? —dijo Nicolás.

—¿Qué?

—Cuando llegaste a la empresa pensé que nunca ibas a soportarme.

Valeria sonrió.

—Pensé lo mismo.

—¿Y ahora?

Ella miró hacia adelante.

—Ahora creo que eres menos desesperante de lo que imaginaba.

Nicolás soltó una carcajada.

—Eso es lo más bonito que me has dicho.

Valeria negó con la cabeza, pero sonrió.

Al regresar al hotel, ambos se despidieron frente a sus habitaciones.

—Buenas noches, Valeria.

—Buenas noches, Nicolás.

Ella entró a su habitación, pero antes de cerrar la puerta se quedó pensando.

Ese viaje apenas comenzaba.

Y por primera vez, estar cerca de Nicolás no le parecía una distracción.

Le parecía algo que quería conservar.




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