La mañana siguiente comenzó con una agenda llena de reuniones.
Valeria y Nicolás presentaron nuevas ideas a los clientes durante varias horas. La propuesta fue bien recibida y, al finalizar la última reunión, ambos respiraron aliviados.
—Lo logramos —dijo Nicolás mientras guardaba su computadora.
—Aún faltan algunos detalles, pero sí… fue un buen día.
—Eso, viniendo de ti, significa que fue excelente.
Valeria soltó una pequeña risa.
—Tal vez.
Al caer la noche, el hotel organizó una cena para todos los participantes del proyecto.
El ambiente era relajado, con música suave y conversaciones entre los asistentes.
Valeria se encontraba hablando con algunos clientes cuando Nicolás se acercó.
—¿Puedo robarte unos minutos?
—Claro.
Salieron a la terraza del hotel, donde una brisa fresca hacía más agradable la noche.
Desde allí se veía gran parte de la ciudad iluminada.
—Es una vista increíble —comentó Valeria.
—Sí, pero creo que hoy tuvimos una mejor.
Ella lo miró confundida.
—¿Cuál?
—Verte sonreír durante la presentación. Ya no parecías tan nerviosa.
Valeria bajó la mirada.
—Supongo que fue porque sabía que estabas ahí.
Nicolás sonrió con sinceridad.
—Y yo estaba tranquilo porque confiaba en ti.
Las palabras quedaron suspendidas entre los dos.
Era la primera vez que hablaban con tanta honestidad.
Después de unos minutos de silencio, Nicolás preguntó:
—¿Puedo hacerte una pregunta personal?
Valeria asintió.
—Nunca hablas de tu vida fuera del trabajo. ¿Por qué?
Ella apoyó los brazos sobre el barandal de la terraza.
—Porque durante mucho tiempo pensé que mi carrera debía ser lo más importante. Dejé pasar muchas oportunidades para conocer gente o simplemente disfrutar de mi tiempo.
—¿Y te arrepientes?
Valeria reflexionó unos segundos.
—Un poco.
Nicolás sonrió.
—Nunca es tarde para cambiar eso.
Ella lo observó.
—¿Y tú?
—Yo aprendí que las mejores cosas llegan cuando no las planeas.
Valeria sintió que esa frase tenía un significado especial.
Cuando regresaban al interior del hotel, comenzó a llover.
Ambos corrieron hasta la entrada, riendo mientras intentaban no mojarse demasiado.
Al llegar bajo el techo, se miraron y comenzaron a reír aún más.
—Creo que perdimos la batalla contra la lluvia —dijo Nicolás.
—Definitivamente.
Por un instante, el mundo pareció detenerse.
Sus miradas se encontraron y ninguno de los dos dijo una sola palabra.
Sin embargo, antes de que ese momento pudiera convertirse en algo más, el teléfono de Valeria sonó.
Era un mensaje de la directora general.
"Necesito hablar con ustedes mañana a primera hora. Hay cambios importantes en el proyecto."
Valeria guardó el teléfono.
—Parece que el trabajo nos encontró otra vez.
Nicolás sonrió con un toque de resignación.
—Entonces mañana será otro día.
Se despidieron con una sonrisa, sin imaginar que esa llamada marcaría el inicio de un nuevo desafío para ambos.