El ambiente en la oficina cambió después del malentendido.
Aunque Valeria y Nicolás habían aclarado lo ocurrido, ninguno podía dejar de pensar en la actitud de Bruno.
Aquella mañana, Camila llegó con dos cafés y los dejó sobre la mesa donde trabajaban.
—Los noto muy pensativos.
Valeria levantó la vista.
—Solo estamos intentando entender lo que pasó el viernes.
Camila cruzó los brazos.
—Pues yo sí tengo una teoría.
Nicolás la miró con curiosidad.
—¿Cuál?
—Que Bruno lo hizo a propósito.
Los tres guardaron silencio.
Era exactamente lo que Valeria y Nicolás estaban empezando a creer.
Horas más tarde, la directora convocó una reunión para anunciar oficialmente la nueva campaña nacional.
Todo el equipo estaba presente.
—Quiero felicitar nuevamente a Valeria y Nicolás por su excelente trabajo en el proyecto internacional —dijo la directora—. A partir de hoy, ambos serán los responsables de dirigir nuestra campaña más importante del año.
Los aplausos llenaron la sala.
Todos parecían contentos... excepto Bruno.
Él apretó la mandíbula mientras observaba a sus compañeros recibir el reconocimiento.
Al terminar la reunión, Bruno salió rápidamente de la sala.
Sin darse cuenta, dejó una carpeta sobre la mesa.
Camila la recogió.
—¡Bruno! ¡Olvidaste esto!
Pero él ya había doblado el pasillo.
—Se la llevo después —dijo Camila.
Cuando levantó la carpeta para acomodarla, una hoja cayó al suelo.
Nicolás la recogió.
Era una lista con anotaciones del proyecto... y, al margen, una frase escrita a mano.
"Si ellos dejan de trabajar juntos, tendré una oportunidad."
Nicolás frunció el ceño.
Valeria leyó la frase y quedó en silencio.
No era una prueba definitiva, pero dejaba claro que Bruno había estado pensando en separarlos.
En ese momento, Camila suspiró.
—Creo que ya sabemos quién provocó el malentendido.
Esa misma tarde, Bruno regresó por la carpeta.
Al verla sobre el escritorio, notó que estaba abierta.
Su expresión cambió por un instante.
—¿La revisaron?
Valeria respondió con calma.
—Se cayó una hoja.
Bruno mantuvo la compostura.
—Entiendo.
Nicolás lo observó fijamente.
—¿Hay algo que quieras explicarnos?
Bruno sonrió con aparente tranquilidad.
—No sé de qué hablan.
Tomó la carpeta y salió del lugar.
Al terminar la jornada, Valeria y Nicolás caminaron juntos hacia el estacionamiento.
—¿Crees que él realmente hizo todo eso? —preguntó ella.
—No lo sé.
—Pero esa nota...
—Nos hace pensar muchas cosas.
Valeria suspiró.
—No quiero trabajar en un ambiente donde haya desconfianza.
Nicolás la miró con una sonrisa tranquila.
—Entonces hagamos una promesa.
—¿Cuál?
—Pase lo que pase, hablaremos entre nosotros antes de creer cualquier rumor.
Valeria sonrió.
—Trato hecho.
Los dos estrecharon sus manos.
Sin saberlo, esa sencilla promesa fortalecería aún más la confianza que estaba naciendo entre ellos.
Mientras tanto, desde la ventana de la oficina, Bruno los observaba en silencio.
Y comprendió que separarlos sería mucho más difícil de lo que había imaginado.