El resto de la semana transcurrió con normalidad.
La nueva campaña avanzaba mejor de lo esperado y el equipo trabajaba con entusiasmo.
Valeria y Nicolás pasaban cada vez más tiempo juntos. Ya no solo compartían reuniones y proyectos, sino también cafés por la mañana, almuerzos improvisados y conversaciones al final del día.
Camila, por supuesto, no dejaba pasar ningún detalle.
—No entiendo cómo todavía no son novios.
Valeria casi se atragantó con su café.
—¡Camila!
—¿Qué? Es una observación.
Nicolás soltó una risa desde su escritorio.
—Empiezo a pensar que ella tiene razón.
Valeria lo miró con sorpresa.
—¿Tú también?
—Solo digo que nos llevamos bastante bien.
Ella intentó responder, pero las palabras no salieron.
Camila sonrió satisfecha.
—Los dejaré trabajar... antes de que alguno se desmaye de los nervios.
El viernes por la tarde terminaron de entregar una importante propuesta.
La directora estaba tan satisfecha con el resultado que decidió darles el resto de la tarde libre.
—Se lo han ganado. Disfruten el fin de semana.
Los empleados celebraron la noticia.
Nicolás se acercó a Valeria.
—¿Te gustaría caminar un rato por el parque antes de ir a casa?
Ella sonrió.
—Sí, me gustaría.
El parque estaba tranquilo.
Los árboles se movían con la brisa y varias familias disfrutaban de la tarde.
Valeria y Nicolás caminaron sin prisa.
Hablaron de sus películas favoritas, de los viajes que soñaban hacer y de las cosas que aún querían aprender.
Cuando llegaron a un pequeño puente sobre un lago, Nicolás se detuvo.
—Valeria...
Ella lo miró.
—¿Sí?
Él respiró profundamente.
—Hay algo que quiero decirte desde hace tiempo.
El corazón de Valeria comenzó a latir con fuerza.
—Yo...
Antes de que pudiera terminar la frase, el teléfono de Nicolás empezó a sonar.
Los dos dieron un pequeño salto por la sorpresa.
Él miró la pantalla.
Era su madre.
—Lo siento... tengo que contestar.
Valeria sonrió con comprensión.
—No te preocupes.
Nicolás respondió la llamada y se alejó unos metros.
La conversación duró varios minutos.
Cuando regresó, tenía una expresión de alivio.
—Perdón por la interrupción.
—¿Todo está bien?
—Sí. Solo era un asunto familiar que ya se resolvió.
Valeria asintió.
—Me alegra.
Los dos retomaron el camino, pero ninguno volvió a mencionar lo que Nicolás estaba a punto de decir.
Sin embargo, ambos sabían que ese momento no había desaparecido.
Solo había quedado pendiente.
Mientras tanto, desde la cafetería frente al parque, Bruno observó a la pareja por casualidad.
Al verlos sonriendo juntos, comprendió que cada día era más difícil interponerse entre ellos.
Y decidió que, si quería lograrlo, tendría que actuar pronto.