El lunes siguiente comenzó con mucho trabajo en Nova Ideas.
La nueva campaña nacional estaba entrando en una etapa decisiva y todos los departamentos trabajaban contra el reloj.
Valeria revisaba el calendario de entregas cuando Camila llegó apresurada.
—¿Ya viste a Bruno?
—No. ¿Qué pasó?
—Llegó muy temprano y se encerró en la sala de archivos. Se ve bastante nervioso.
Valeria frunció el ceño.
—Qué raro...
En ese momento, Nicolás se acercó con una carpeta.
—Buenos días.
—Buenos días —respondieron las dos.
Camila sonrió con picardía.
—Los dejo trabajar, tortolitos.
—¡Camila! —exclamó Valeria mientras ella se alejaba riendo.
Nicolás no pudo evitar sonreír.
Mientras tanto, Bruno estaba solo en la sala de archivos.
Sacó de un cajón una vieja fotografía.
En ella aparecía junto a un hombre de unos cincuenta años.
—No puedo fallar otra vez... —murmuró mientras guardaba la fotografía en su cartera.
Respiró hondo y regresó a su escritorio.
Al mediodía, la directora reunió a todo el equipo.
—Tenemos una excelente noticia. Si la campaña tiene éxito, nuestra empresa abrirá una nueva sucursal el próximo año.
Los empleados aplaudieron emocionados.
—Y varios de ustedes podrán ascender de puesto.
Bruno bajó la mirada.
Nicolás notó su reacción.
No parecía feliz.
Parecía preocupado.
Esa tarde, Valeria encontró accidentalmente la fotografía que Bruno había dejado caer en el pasillo.
La recogió y observó la imagen.
En la parte trasera había una dedicatoria escrita a mano.
"Para Bruno. Nunca dejes que una oportunidad se escape otra vez. Papá."
Valeria guardó la fotografía con cuidado.
Cuando encontró a Bruno en la cafetería de la empresa, se la devolvió.
—Creo que esto es tuyo.
Bruno abrió mucho los ojos.
—Gracias... pensé que la había perdido.
Por primera vez, su expresión dejó de ser fría.
—Era de mi padre.
Valeria sonrió con amabilidad.
—Se nota que significa mucho para ti.
Bruno asintió.
—Él siempre quiso que llegara muy lejos profesionalmente.
Antes de que pudiera decir algo más, sonó su teléfono y tuvo que marcharse.
Nicolás, que había visto la escena desde lejos, se acercó.
—¿Todo bien?
Valeria asintió.
—Sí. Solo le devolví una fotografía.
—¿La de su familia?
—Sí.
Nicolás guardó silencio unos segundos.
—Tal vez hay cosas de Bruno que todavía no conocemos.
Valeria miró hacia donde él se había ido.
Por primera vez, sintió que detrás de su actitud competitiva podía esconderse una historia mucho más complicada.
Quizá Bruno no era simplemente un rival.
Quizá también estaba luchando contra sus propios miedos.