Después del beso del viernes, el fin de semana transcurrió entre mensajes y sonrisas.
Por primera vez, Valeria y Nicolás no hablaban únicamente de trabajo.
Compartían fotografías de los lugares que visitaban, recomendaban películas y hasta discutían cuál era la mejor cafetería de la ciudad.
La mañana del sábado, Nicolás envió un mensaje.
Nicolás: "¿Te gustaría salir esta tarde? Esta vez no será una reunión de trabajo."
Valeria sonrió al leerlo.
Valeria: "Acepto. Pero tú eliges el lugar."
Nicolás: "Prometo no decepcionarte."
A las cinco de la tarde, Nicolás llegó puntualmente al edificio donde vivía Valeria.
Vestía una camisa blanca, un saco azul oscuro y llevaba un pequeño ramo de margaritas.
Cuando Valeria abrió la puerta, se quedó sorprendida.
—¿Son para mí?
—Sí. Recordé que una vez dijiste que te gustaban las flores sencillas.
Valeria recibió el ramo con una sonrisa.
—Gracias, son preciosas.
—Tú también te ves muy bien.
Ella sintió que sus mejillas se sonrojaban.
—Gracias.
Nicolás la llevó a una cafetería con terraza desde donde se veía el centro de la ciudad.
Era un lugar tranquilo, con música suave y luces cálidas.
—Ahora entiendo por qué no quisiste decirme adónde veníamos —comentó Valeria mientras observaba el lugar.
—Quería sorprenderte.
—Lo lograste.
Durante la cena hablaron de muchas cosas.
Valeria contó anécdotas de su infancia, recordó cómo aprendió a tocar el piano y confesó que aún conservaba algunas partituras.
Nicolás habló de su pasión por el dibujo y le mostró algunos bocetos que llevaba en una libreta.
—¿Los hiciste tú? —preguntó Valeria.
—Sí.
Ella observó los dibujos con admiración.
—Eres muy talentoso.
—Solo dibujo cuando algo me inspira.
—¿Y qué te inspira ahora?
Nicolás la miró directamente a los ojos.
—Tú.
Valeria sonrió sin poder ocultar su felicidad.
Después de cenar, caminaron por una plaza iluminada.
Las calles estaban llenas de música y familias disfrutando del fin de semana.
Mientras caminaban, Nicolás volvió a tomar la mano de Valeria.
Esta vez ella lo hizo de forma natural.
Ya no había nervios.
Solo tranquilidad.
Cuando la noche terminó, Nicolás la acompañó hasta la entrada de su edificio.
—Gracias por esta cita —dijo Valeria.
—Gracias a ti por aceptar.
Ella dio un paso hacia él.
—Creo que fue la mejor cita que he tenido.
Nicolás sonrió.
—Espero que sea la primera de muchas.
Valeria asintió.
—Estoy segura de que sí.
Antes de despedirse, compartieron un beso corto y lleno de cariño.
Ninguno quería que la noche terminara.
Mientras tanto, desde la ventana de un café cercano, Camila los vio por casualidad.
Sacó su teléfono y sonrió.
—¡Por fin!
Decidió no interrumpirlos.
Simplemente se alegró de ver que, después de tantas reuniones de lunes y tantos viernes llenos de dudas, Valeria y Nicolás por fin estaban viviendo la historia que ambos habían esperado.