Juntas de lunes, besos de viernes

Capítulo 28: Un nuevo país, nuevos desafíos

Después de varias horas de vuelo, el avión aterrizó en su nuevo destino.

Al bajar, Valeria respiró profundamente mientras observaba la ciudad que sería su hogar durante el siguiente año.

—Es más grande de lo que imaginaba —comentó.

Nicolás sonrió mientras tomaba una de las maletas.

—Y ahora tendremos que aprender a movernos por aquí.

Ella rió.

—Espero que no seas tú quien nos guíe. Todavía recuerdo el día que llegaste tarde por perderte.

—Eso fue una sola vez.

—Fue suficiente para que nunca lo olvidara.

Los dos rieron mientras salían del aeropuerto.

Un representante de la empresa los esperaba para llevarlos al edificio donde trabajarían.

Durante el trayecto les explicó cómo funcionaba la nueva sede y les entregó un calendario con las reuniones de la primera semana.

—El equipo está muy emocionado por conocerlos.

—Nosotros también —respondió Valeria.

Al llegar a la oficina, fueron recibidos con una cálida bienvenida.

Los nuevos compañeros los saludaron uno por uno y les mostraron las instalaciones.

La directora regional, Sofía Andrade, les dio la bienvenida.

—Es un gusto tenerlos aquí. Hemos escuchado mucho sobre el trabajo que hicieron en México.

—Esperamos estar a la altura de las expectativas —respondió Nicolás.

—Estoy segura de que lo estarán.

Durante el recorrido conocieron a varios integrantes del equipo:

  • Daniel Ortega, coordinador de proyectos, amable y muy organizado.
  • Paula Méndez, diseñadora gráfica, creativa y siempre optimista.
  • Héctor Salinas, especialista en publicidad digital, con un gran sentido del humor.

Todos los recibieron con entusiasmo.

Al terminar la jornada, Nicolás y Valeria llegaron al departamento que la empresa les había rentado.

Era un lugar amplio, con grandes ventanas y una hermosa vista de la ciudad.

—Es muy bonito —dijo Valeria mientras recorría la sala.

—Creo que nos sentiremos bien aquí.

Comenzaron a desempacar sus cosas y a acomodar cada habitación.

Cuando terminaron, se sentaron en el balcón con dos tazas de café.

—¿Tienes miedo? —preguntó Nicolás.

Valeria pensó unos segundos antes de responder.

—Un poco.

—Yo también.

Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Pero contigo todo parece más fácil.

Nicolás sonrió.

—Y contigo cualquier lugar puede sentirse como hogar.

Valeria levantó la mirada y le dio un beso.

—Gracias por estar aquí.

—Siempre.

Mientras las luces de la ciudad comenzaban a encenderse, ambos comprendieron que aquella aventura apenas comenzaba.

Les esperaba un nuevo equipo, nuevos proyectos y muchos desafíos.

Pero también nuevos recuerdos que construirían juntos.




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