La llamada de Camila dejó a Valeria y Nicolás llenos de curiosidad.
Durante los siguientes días, intentaron descubrir qué podía ser tan importante como para pedirles que regresaran a México.
Pero Camila no quiso decir nada más.
—Solo les puedo decir que se preparen para una sorpresa —les comentó por mensaje.
Valeria miró el teléfono con una sonrisa.
—Camila sigue siendo igual de misteriosa.
Nicolás rió.
—Eso significa que definitivamente es algo importante.
El día del viaje llegó.
Después de varias horas, Valeria y Nicolás volvieron a la ciudad donde todo había comenzado.
Al llegar a las oficinas de Nova Ideas, sintieron una mezcla de emoción y nostalgia.
El lugar seguía igual.
La misma recepción.
Los mismos pasillos.
La misma sala de juntas donde se conocieron.
—Es extraño volver —dijo Valeria.
Nicolás sonrió.
—Parece que fue hace mucho tiempo.
—Y a la vez parece que fue ayer.
Cuando entraron a la sala de reuniones, encontraron a todo el equipo reunido.
Camila fue la primera en acercarse.
—¡Bienvenidos!
Valeria la abrazó.
—Me alegra verte.
—A mí también. Pero todavía falta la sorpresa.
La directora general se levantó de su asiento.
—Gracias por venir. Queríamos que recibieran esta noticia personalmente.
Sobre la mesa había una caja elegante.
Valeria la abrió con curiosidad.
Dentro había una placa con sus nombres.
Nicolás la tomó y leyó:
"Reconocimiento especial por liderazgo y crecimiento internacional."
Ambos se quedaron sorprendidos.
—La empresa quiere reconocer todo lo que han logrado —explicó la directora—. Por eso hemos tomado una decisión.
Todos guardaron silencio.
—A partir del próximo año, ustedes dirigirán una nueva área internacional de la compañía.
Valeria abrió los ojos.
—¿Una nueva área?
—Sí. Creada gracias al éxito de sus proyectos.
Todos comenzaron a felicitarlos.
Camila los abrazó emocionada.
—Sabía que llegarían lejos.
Incluso Bruno se acercó con una sonrisa sincera.
—Me alegra ver todo lo que han conseguido.
Valeria le agradeció.
—También has sido parte de nuestro equipo.
Bruno asintió.
Las diferencias del pasado habían quedado atrás.
Esa tarde, Valeria y Nicolás caminaron por los pasillos de la empresa una vez más.
Al llegar a la sala de juntas, se detuvieron.
—Aquí empezó todo —dijo Nicolás.
Valeria miró la mesa.
—Recuerdo que pensé que eras imposible de soportar.
—Y yo pensé que nunca lograría hacerte sonreír.
Ella sonrió.
—Al final los dos estábamos equivocados.
Nicolás tomó su mano.
—Me alegra que aquella junta de lunes haya ocurrido.
Valeria apoyó su cabeza en su hombro.
—A mí también.
Pero antes de regresar a su nueva vida en el extranjero, una nueva noticia llegó.
La empresa tenía un proyecto aún más grande.
Uno que requeriría que Valeria y Nicolás tomaran una decisión sobre su futuro.
Porque a veces alcanzar un sueño abre la puerta a otro desafío.