Juntas de lunes, besos de viernes

Capítulo 33: Una visita inesperada

El lunes por la mañana, Valeria y Nicolás regresaron a la oficina internacional.

Todavía no habían tomado una decisión sobre su futuro.

La propuesta de quedarse de manera permanente seguía sobre la mesa, pero ambos querían pensarla con calma.

—¿Dormiste bien? —preguntó Nicolás mientras dejaba un café frente a Valeria.

—Más o menos.

—Yo tampoco.

Valeria sonrió.

—Entonces estamos igual.

Antes de que pudieran seguir hablando, Sofía entró en la oficina.

—Valeria, Nicolás, tienen una visita.

—¿Quién? —preguntó Valeria.

Sofía sonrió.

—Es una sorpresa.

Los dos se miraron confundidos.

Cuando llegaron a la recepción, Valeria se quedó completamente quieta.

—¿Mamá?

Su madre, Elena, estaba allí con una pequeña maleta.

—¡Sorpresa!

Valeria corrió a abrazarla.

—¿Qué haces aquí?

—Tenía ganas de conocer el lugar donde estás trabajando y, sobre todo, de conocer a la persona que ha conseguido que te quedes tan lejos de casa.

Elena miró a Nicolás.

Él sonrió nerviosamente.

—Mucho gusto, señora.

—Así que tú eres Nicolás.

—Sí.

Elena lo observó durante unos segundos.

Después sonrió.

—Ya había escuchado bastante sobre ti.

Valeria se puso roja.

—Mamá...

Nicolás soltó una pequeña risa.

—Espero que todo haya sido bueno.

—Por ahora —respondió Elena, divertida.

Durante el almuerzo, Elena quiso conocer cada detalle de la nueva vida de su hija.

Valeria le mostró fotografías de la oficina, del departamento y de los lugares que habían visitado.

—Parece que te has adaptado muy bien —dijo Elena.

—Sí. Al principio fue difícil, pero ahora me gusta estar aquí.

Elena miró a Nicolás.

—¿Y tú?

—También me gusta. Aunque debo admitir que extraño algunas cosas de México.

—Es normal.

Después de unos segundos, Elena preguntó:

—¿Ya decidieron si van a quedarse?

Valeria y Nicolás se miraron.

—Todavía no —respondió Valeria.

Elena asintió.

—No tienen que decidirlo por presión. Solo recuerden que una buena oportunidad profesional no debería hacerlos olvidar qué quieren para su vida.

Las palabras quedaron en silencio entre los tres.

Por la tarde, Elena caminó con Valeria por la ciudad.

—¿Eres feliz? —preguntó de repente.

Valeria la miró sorprendida.

—Sí.

—¿De verdad?

Ella sonrió.

—Sí, mamá. Mucho.

Elena tomó su mano.

—Entonces eso es lo que importa.

Valeria respiró profundamente.

—Creo que ya sé qué quiero hacer.

—¿Qué?

—Quiero regresar a México después de terminar este proyecto.

Elena sonrió.

—¿Y Nicolás?

—Él también quiere volver. Solo que ninguno se atrevía a decirlo primero.

Esa noche, Valeria regresó al departamento.

Nicolás estaba preparando la cena.

—Tenemos que hablar.

Él dejó lo que estaba haciendo.

—Yo también quería decirte algo.

Valeria sonrió.

—¿Primero tú?

—No. Primero tú.

Ella se acercó.

—Creo que quiero volver a México cuando terminemos el proyecto.

Nicolás sonrió inmediatamente.

—Yo también.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Entonces estuvimos preocupados durante semanas por nada.

—Parece que sí.

Nicolás tomó su mano.

—Pero no me arrepiento de este año.

—Yo tampoco.

Habían llegado al extranjero pensando que solo sería una etapa profesional.

Sin embargo, habían encontrado nuevas amistades, nuevos desafíos y, sobre todo, habían descubierto qué tipo de vida querían construir.

Y ahora tenían un nuevo objetivo:

volver a casa juntos.




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